BAYERN MUNICH, O CÓMO PERDER FINALES INSÓLITAS

Aunque usted no sea un gran admirador de este deporte tan apasionante y lleno de inverosímiles finales, seguramente conocerá al Bayern de Munich, el cual desde su establecimiento en 1900 fue un equipo ambicioso y ganador que no se caracteriza precisamente por noches como las que vamos a recordar en el presente texto. Aquello que resulta sumamente llamativo como para escribir sobre el tema no es sólo que una institución sumamente victoriosa caiga derrotada de tan insólita manera, sino también su reincidencia.

La primera de sus dos derrotas olvidables para los fanáticos alemanes —aunque inolvidables para el resto—, data del año 1999. Camp Nou, el escenario. Manchester United, el rival. Minuto noventa, uno a cero el marcador. Tres minutos de adición. Minuto noventa y uno, tiro de esquina para el United: hasta Peter Schmeichel en el área rival para intentar la proeza. Tras algunos rebotes, Ryan Giggs dispara defectuosamente al arco desde la medialuna del área y corrige Sheringham: hay gol de los Red Devils. “El mono” Kahn, sentado en la línea de su arco no puede creer la pésima suerte que él y su equipo estaban corriendo. El gran Oliver no tenía pensado lo que iba a ocurrir un par de minutos más tarde.

Noventa y tres minutos, todos los caminos conducían al tiempo suplementario, pero… Otro tiro de esquina para el United desde el mismo lugar que minutos antes supo aprovechar; un joven Beckham lanza un magnifico centro, Teddy Sheringham cabecea el balón al área chica y cuando todo parecía terminar, asoma la pierna del noruego Ole Gunnar Solskjær para darle el gol del campeonato al Manchester United. El equipo de Sir Alex Ferguson conquistaba la Orejona emulando las mejores historias épicas que la literatura supo contar. Para los alemanes, sólo decepción. (Aquí los goles de aquella final)

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La segunda final fue en este nuevo milenio, trece años después de aquella noche en Barcelona. Los ingredientes que hacen a la final infrecuente son varios: En primer lugar ya no había estadio neutral, el último encuentro de la Champions se disputaría en el Allianz Arena, casa del Bayern Munich. La fortuna había jugado del lado de los bávaros y definirían su suerte en estadio propio, contra un rival que si bien no era accesible, no tenia la talla del Barcelona o del Real Madrid (ambos eliminados en semi-finales). El claro favorito en las apuestas era el Bayern, pero si bien en el campo de juego era más que su rival, recién a los ochenta y dos minutos pudo prevalecer en el marcador. Thomas Müller y un testazo de pique al suelo pudieron vencer a Peter Cech. Todo parecía dar cuenta de que en Alemania había un nuevo campeón. Con Chelsea desanimado, los bávaros refrescados por el aliento de su gente, quedaban a minutos de un nuevo título. Pero —y siempre un pero en esta crónica— un tiro de esquina en contra —también, siempre en está crónica. Esta vez, desde el lado derecho y el lanzador es Juan Mata. Como en el año 1999, el disparo va al primer palo, donde anticipa al marcador Didier Drogba, especialista en marcar goles en finales. A falta de un par de minutos el partido vuelve a foja cero y al Bayern se le escapa, al menos por el momento, la oportunidad de ser campeón.

 De todo lo malo sale algo bueno, dicen por ahí. Puede ser, puesto que recién comenzado el tiempo suplementario, Didier Drogba realiza una falta dentro del área a Ribey: penal. Robben, la figura del Bayern, se prepara para disparar y ensaya un zurdazo al palo derecho de un magnánimo Peter Cech que ataja,aunque dejando un codiciado rebote corto que él mismo se encarga de capturar. “Zurdo que cruza erra”, dice la reconocida frase futbolera. Esta vez se cumplió.

El encuentro finaliza con empate en uno; lo que a priori era un tramite accesible se complicó demasiado. Ahora quedaban los disparos desde el punto de penal. Todo comenzaba de buena manera: gol de Lahm y parada de Neuer a Mata. En las siguientes dos rondas ambos equipos marcaron, pero en la cuarta, cuando se empezaba a decidir el marcador a favor del Bayern, Olic falla increíblemente. Un disparo muy débil y previsible a media altura. El croata hizo todo lo que los libros de fútbol dicen que no hay que hacer. Ashley Cole acierta su penal y el marcador se emparda en tres. El emblema de este Bayern, Bastian Schweinsteiger es quien debe lanzar el último penal: con un amago previo dispara hacia la derecha, abajo, Cech roza el balón que rebota en el palo y sale. El Chelsea queda a un penal de hacer historia. Obviamente el encargado no puede ser otro que Didier Drogba: mano a mano con Manuel Neuer, doce pasos los separa, Didier toma sólo dos de carrera, tras un leve amago dispara y…¡GOOOOL! Chelsea campeón por primera vez en su historia de la Champions League. El Bayern deja escapar de manera increíble otro trofeo europeo. (Aquí, el compacto de la final arriba contada.)

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En este texto pudimos hablar del gran equipo de Sir Alex Ferguson y su épica gesta, también de Didier Drogba y un partido en donde fue el protagonista excluyente, con su Chelsea que se estrenaba en Europa… pero no. Aquí intentamos relatar dos finales con un denominador común: una institución poderosa y victoriosa cayendo de manera sorpresiva e insólita. Un cincuenta por ciento de las probabilidades en las finales de este deporte no están de tu lado, y perder es una clara opción.
No obstante estas dos finales, debemos decir que el Bayern Munich tiene entre sus palmares cinco copas de Europa y otras tres finales perdidas. Pero las últimas dos serán recordadas por la manera agónica en que fueron definidas.


gon

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