LA TRAGEDIA DE HILLSBOROUGH

GONZALO GARCÍA

Nadie olvidará la tarde del sábado 15 de abril de 1989. Por una de las semifinales de la FA Cup, Liverpool FC y Nottingham Forest se veían las caras en el estadio de Hillsborough, situado en la ciudad de Sheffield.

Los primeros problemas comenzaron en el viaje. Cabe destacar que no había autopista directa, entonces los seguidores de los rojos debían tomar la carretera, en dónde se estaban realizando obras e incluso habían ocurrido accidentes. Además, en varios puntos se estaban realizando inspecciones, para ver si los aficionados llevaban alcohol.

A la hinchada del Liverpool FC, la más numerosa, se le asignó el lugar con menor capacidad. Tan sólo 14.600 localidades en venta, cuando a su rival más de 21.000. Las gradas se asemejaban a jaulas, pues eran tradicionales pero separadas con vallas, lo que no dejaba a las personas acomodarse con facilidad.

A media hora de comenzar el encuentro, las afueras del estadio estaban abarrotadas de fanáticos. El problema era que adentro ya se encontraba colmado.

Los aficionados y policías localizados en los ingresos al estadio se veían impacientes y nerviosos. La masa debía desocupar las calles, y ahí es cuando se toma la decisión crítica en esta historia. Al estar perdiendo el control, la policía abrió la puerta principal. Los aficionados, con y sin entradas la atravesaron. Estos no sabían a dónde dirigirse, pues no había ningún efectivo policial para guiarlos. Entonces siguieron a la masa y se dirigieron en conjunto al túnel central, el cual conducía a la grada central, ya repleta.

El túnel, demasiado ceñido, era una trampa sin salida. Atestado por personas, era imposible moverse. Un sobreviviente declaró que tardó más de quince minutos en poder salir del mismo, aún cuando se encontraba muy cerca de la salida.

La policía impidió que los aficionados ingresen al campo para que se evacuen las gradas considerando que era un asunto de Holligans¹.

En cuanto a lo deportivo, increíblemente el partido se inició. Fue a los seis minutos de comenzado cuando los jugadores y el cuerpo arbitral dieron cuenta de la situación. De todas formas, nunca imaginaron la magnitud de la coyuntura.

Los jugadores del Liverpool FC sospechaban el derribo de una grada, muy común en esos años. Lamentablemente no estaban en lo cierto y lo confirmaron minutos más tarde, cuando un allegado le confesó a Kenny Dalglish, jugador símbolo de la institución: “Kenny, hay gente que ha muerto allí afuera”.

En las inmediaciones del estadio 46 ambulancias se encontraban listas para acudir a los heridos, sin embargo no se les permitió ingresar porque la policía aún imaginaba que el problema tenia como protagonista al holliganismo. Ante la inverosímil negativa de quienes estaban a cargo de la situación, los aficionados debieron socorrerse entre ellos. Impactantes imágenes quedarán en el recuerdo al ver como arrancaban las publicidades estáticas del campo para utilizarlas como camillas.

94 personas fallecieron aquel trágico día. 86 horas más tarde lo hizo Lee Nicol, un niño de catorce años.En 1993 fue el turno de Tony Bland, de veintidós años. El número final de fallecidos fue de 96.

En Inglaterra se presume que el ultra conservador gobierno de Margaret Tatcher ocultó pruebas vitales para así culpar a los aficionados y no a los policías.

Este fatal episodio fue el qué impulsó el Informe Taylor, en 1990. Allí se sentaron las bases del fútbol inglés actual: gradas repletas de asientos, no más vallas, exhaustivos controles de accesos y seguridad, también se instalaron cámaras de vídeo. Estas medidas ayudarían, según sus creadores, a reducir el vandalismo y aumentar la seguridad en los estadios. Para quién les escribe, fue una respuesta rápida a un mediocre accionar en la tragedia. Y, sobre todo, un intento más que efectivo de desprender a la clase obrera de los campos de fútbol. Pues, además de las medidas ya contadas, se priorizó la venta de bonos y se subieron los precios de las entradas.

Siguiendo con los sucesos del 89´, finalmente se determinó que fue impericia policial. No obstante, no hubo responsables directos ni indemnizaciones para las victimas. Increíblemente se ha habló de muertes accidentales por asfixia. Nadie ha sido procesado.

En el año 2012, el Tribunal Supremo londinendse anuló los veredictos de muerte accidental y accedió a una nueva investigación de los hechos. El 26 de abril de 2016 el jurado ha determinado que los fallecidos fueron victimas de homicidio, atribuible a la pésima actuacion policial antes y durante el encuentro. Como si fuera poco, se eximió a los aficionados de culpa y cargo: se concluyó que no causaron ni contribuyeron a la tragedia.

Finalmente hubo justicia para los 96, que ya no caminarán solos.

¹ Aficionados de equipos del fútbol inglés que se mueven en masa y de forma violenta.