DEMOCRACIA CORINTHIANA: EL FÚTBOL SOCIAL

A comienzos de la década de 1980, Brasil vivía una dictadura cívico-militar, como gran parte del continente americano. La democracia, naturalmente, era una utopía y la pluralidad de voces inexistente.

El fútbol, un deporte de masas que despierta una incontrolable efervescencia en cada seguidor, fue un vehículo en el devenir histórico para comunicar o crear hábitos en las sociedades -al menos en aquellas en dónde este deporte tiene una llegada importante a los hogares. No obstante, puede ser utilizado o bien para mensajes nobles o bien para mensajes dañinos a la sociedad. Aquí es donde entra en escena el Sport Club Corinthians Paulista (de ahora en más Corinthians).

Corinthians fue el epicentro de un movimiento bisagra para la vida de Brasil, y para los futbolistas todos. Un claro mensaje para aquellos que consideran que un jugador es sólo un deportista y no debe sumergirse en las profundidades de las coyunturas sociales.

Bien se sabe que el vestuario de un equipo de fútbol es un ambiente patriarcal, en dónde el orden jerárquico es relevante y se practicas ritos de iniciación casi militares. Pero como en toda regla, siempre encontramos excepciones. En este caso, un grupo de jugadores se mantuvo a la vanguardia, planeando un sistema sumamente democrático: un hombre, un voto. Las decisiones no solo pasarían bajo el filtro de los jugadores, también sufragarían los masajistas, asistentes, doctores, entrenadores, etcétera. Y, como en toda democracia, la mayoría ganaba. Absolutamente todo era deliberado mediante votación: las formas de entrenamiento, la alimentación, los viajes, hasta cuando debían detener el bus para ir al baño. Esto fue denominado “Democracia Corinthiana”, un nombre que poniéndolo en el contexto indicado expresa mucho más. En plena dictadura, un grupo de futbolistas tenia el descaro de arrogarse el título de “demócratas”, aún cuando los militares de turno intentaban acallar todo acto de rebeldía.

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El equipo que encarnaba al movimiento Democracia Corinthiana lo integraban principalmente: Casagrande, el rebelde y más joven con tan solo 19 años. Wladimir, habilidoso y potente jugador negro, con cierta militancia política. Como presidente a cargo del fútbol de la institución se encontraba el joven e inexperto Adilson Monteiro Alves, sociólogo graduado de la Universidad de Sao Paulo. A la cabeza del movimiento se encontraba Sócrates, un futbolista con una calidad extraordinaria, doctorado en medicina en la Universidad de Sao Paulo, en 1977 e intelectual. Con inclinaciones socialistas, al “Doctor” le interesaba también la filosofía.

Los cambios en lo relacionado con el fútbol era sólo una faceta de interés en este grupo, también se interesaban en cambiar la realidad social. Apoyaban abierta y profundamente el movimiento “Directas ya”, que reivindicaba el derecho a elegir al presidente por voto directo.

Eran, por sobre todo, controversiales: para algunos causaban admiración, esperanza de lucha y demás sentimientos positivos, pero otros como la alta burguesía, los medios masivos de comunicación y aquellos que estaban en contra de la democracia veían con malos ojos a este grupo de jugadores que intentaban cambiar el orden establecido.

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A pesar de las duras críticas recibidas, el grupo persistió con su ánimo de lucha y cambio. Sus acciones tuvieron un momento que quedará estampado eternamente en Brasil. Y escribo ´estampado´ con cierta intención, pues sus mensajes fueron aún más masivos e impactantes cuando salieron al campo de juego con la frase “Democracia Corinthiana” en el dorsal de cada camiseta. El otro dorsal recordado por siempre y con un tinte mucho más político fue “Día 15 vote”. Este dorsal tiene como motor el 15 de enero del año 1985, día en que se celebraron las primeras elecciones luego de muchos años en Brasil. Las personas tenían temor porque entendían que el Ejercito, tal vez, no los deje votar. Con la sombra de los militares en cada lugar de Sao Paulo, el conjunto del Timao jugaba sus encuentros con ese mensaje tan potente en su remera para apoyar e incentivar la democracia en el pueblo.

“Ganar o perder, pero siempre en democracia”, fue la pancarta que alzaron al ingresar al campo de juego luego de qué se celebren las elecciones presidenciales. Fue otro de los momentos que harán de este equipo un conjunto inolvidable.

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Si bien en esta nota nos estamos enfocando en las acciones que suceden fuera del campo de juego, es sustantivo aclarar que dentro del verde césped eran un conjunto de grandes cualidades técnicas, por lo qué se hizo con el torneo paulista de 1982 y 1983, respectivamente. Esto le da aún más mérito y relevancia a lo sucedido, puesto que grandes y famosos jugadores no durmieron en los laureles de su éxito, si no, más bien lo contrario, utilizaron las oportunidades de expresarse que el fútbol les brindó para lograr emitir y hacer llegar un mensaje a la sociedad.

Como terminó la historia no es de gran importancia, pero sí el recorrido. Estos hombres marcaron el camino a seguir y el ejemplo a imitar. No sólo por los futbolistas, también por el resto de los seres humanos. Entendiendo como reflexión final que desde el lugar en dónde uno se encuentre puede aportar para que el resto viva en un mundo mejor, o al menos, más justo.


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