CÓMO MATAR A UN ENGANCHE

Recuerdo cuando mi abuelo me relataba las mágicas bondades técnicas de los jugadores que ha visto: la pegada de Babington, los milimétricos pases de Bochini, la capacidad goleadora de Alonso. También las charlas con mi padre, que tenían siempre la misma apertura “en el ´81 íbamos a ver a Maradona pero terminábamos viendo a Brindisi, ¡qué calidad tenía Miguel!”. El fútbol es arte, y como tal, los artistas más talentosos siempre se destacan, pero desde hace un tiempo ha pasado algo que atenta contra el espectáculo: los números diez están desapareciendo. ¿Qué sería del arte sin las pinceladas de Picasso, sin las locuras de Dalí; o la literatura sin la elegancia de Fitzgerald, sin la crudeza de Hemingway?

El creador en el fútbol contemporáneo está en peligro de extinción y si usted es director técnico, estos son los datos que debe tener en cuenta a la hora de intentar cometer uno de los crímenes futbolisticos más grandes y penosos de todos: matar al enganche.

En primer lugar, dígale que su función no es sólo jugar sino también marcar. De ese modo lo tendrá viéndole el dorsal a los rivales constantemente. Eso no es todo, enfatice que no sólo debe marcar, además realizar fuertes entradas y comportarse como un defensa. “El delantero es el primer defensa”, dijo alguien alguna vez. De ese modo, cuando tenga el balón en sus pies se encontrará demasiado cansado para idear una buena jugada de peligro y, por suerte para usted, lo tendrá persiguiendo a los rivales nuevamente en menos de lo que canta un gallo.

Dígale y hágale entender su posición dentro del equipo. No hay ya, “en este fútbol tan competitivo”, un jugador suelto por el campo. Todo depende de la táctica y de ella nos servimos para ser mejores. No es beneficioso un jugador que no marque ni corra, pues el balón en los pies un player lo tiene unos pocos minutos en todo el partido. Por eso, póngalo pegado a la línea de cal para que corra por la banda todo el partido: ida y vuelta, arriba y abajo…Eso es un jugador servicial, de eso se trata.

Recuerde reprocharle cada vez que realiza alguna fantasía. Hoy no hay lugar para los tacos y las gambetas improductivas, toda intervención  debe ser clara y específica. Usted ya sabe, la bendita “intensidad” del presente.

Si quiere ser el mejor, recuérdele que tiene que entrenarse tres veces al día. Cuánto más duro, mejor jugador será. Debe ir al gimnasio, tonificarse, levantar grandes cantidades de peso para ponerse fuerte y musculoso. Necesita resistencia. Con todas estas tareas físicas, lamentablemente el trabajo con la pelota pasará a un segundo plano. No es que lo quiera así, es que la competitividad nos lleva a eso.

Se puede resumir todo el texto en una simple idea, para matar a un enganche hay que privarlo de ser feliz dentro del campo de juego. Extirparle aquello que lo hace sobresalir entre tantos.

Pensándolo bien, a todas mis palabras las encuentro un poco anacrónicas. Hace años que los entrenadores se encargan de matar números diez, tanto es así que parecen estar en peligro de extinción.

No obstante, desde este humilde espacio seguiremos pidiendo que la pelota vaya siempre al diez.


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