GANAR PARA COBRAR

Ser futbolista profesional en Argentina suele ser el sueño de muchos jóvenes que buscan, además de la gloria, un salvataje económico único, pero en la provincia de San Luis hay un equipo que ya no sabe qué hacer para cobrar el sueldo. Entonces se propusieron una meta: ganar un partido. 

El Club Sportivo Estudiantes de San Luis se encuentra en la segunda división del fútbol argentino, estadía casi desconocida por la institución ya que casi toda su vida jugó los torneos federales exceptuando los dos últimos años.  Se podría decir que es un grande de los torneos regionales, puesto que es conocido como “el club que nació campeón” al ganar las siete primeras ediciones de la liga puntana -es el más ganador con 35 títulos. 

En 2012, ascendió a la B Nacional con la gerencia de Carlos Ahumada Kurtz. Éste se jacta de ser un excelente administrador ya que tuvo la suerte de conseguir los éxitos, aunque debajo del tapete quedará su prontuario: denuncias de lavado de dinero y fluidos vínculos con el narcotráfico, detención en México durante tres años por estafas,  pésima administración del club Talleres de Córdoba. En fin, mejor seguir con lo nuestro. 

Al comenzar la segunda temporada en la B Nacional, las victorias no abundaban pero la actitud en el campo era innegable, como también su complejo problema: no cobrar durante cinco meses. Una situación difícil de sobrellevar. Todos aman el juego, pero también es su trabajo. Más de 150 días en los que no percibieron su salario.  

Estos jugadores lejos de los flashes de cámaras son obreros del fútbol, por ende siempre buscaron una solución. 

Como en toda situación límite, el plantel no entrenará hasta que obtenga una respuesta. El capitán del equipo expresó “Dimos y daremos todo por Estudiantes pero consideramos que estamos en desigualdad de condiciones con respecto a equipos que sí están al día con los sueldos. Hicimos y estamos haciendo un gran esfuerzo para concentrarnos en lo deportivo, pero hoy la realidad nos supera. 

Las protestas llevaron niveles más altos y notorios cuando enfrentaron al puntero Talleres, en Córdoba. Con el puntapié inicial, los jugadores del “verde” tiraron el balón fuera del campo y se abrazaron en el círculo central, ante el aplauso de los rivales todos. Como el encuentro fue televisado, salieron en los principales medios de comunicación: la propuesta había cumplido su misión. Pero ¿el dinero? Nada. No apareció ni un centavo. 

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Desmoralizados, los jugadores empezaban a bajar los brazos. Además, en pocos días debían disputan un encuentro por Copa Argentina ante Temperley, equipo de primera división. El panorama se avizoraba más oscuro cuando la comisión directiva anunció el pronto despido del Director Técnico. 

“¿Y si ganamos el partido?”, se preguntó un futbolista. “Creo que el ganador obtiene un premio en pesos”, contestó su compañero. 

El partido con Temperley fue justicia poética. Estudiantes se mantuvo durante 83 minutos perdiendo 1:0, pero el héroe de la jornada seria Roberto Moreira Aldana, al marcar dos goles en cuatro minutos y cambiar el resultado.

El pitazo final llegó para que los jugadores se fundan en un abrazo mucho más fuerte que aquel en Córdoba. Incluso había llantos y gritos de euforia. Aún más cuando vieron el cheque gigante, entregado simbólicamente, que tenía inscrito $459.000, lo que significaba el pan para sus familias. 

En la mañana siguiente, el dinero se utilizó para abonar el salario de febrero de todos los compañeros. Los jugadores, para garantizar que el dinero llegara a sus arcas, le pidieron al presidente que el cheque lo endose en el momento que lo cobre. 

La historia es emotiva, no obstante, la institución deberá enderezar el rumbo de la nave para no dejar a los futbolistas a la deriva. Al menos sirvió para la tranquilidad momentánea y destapar aquello que había guardado tan bien debajo del tapete el presidente Ahumada. 

Hay chicos que no tenían para comer y les prestamos plata”, No me voy del club porque me va a costar conseguir otro en esta situación que estoy”, fueron algunas de las declaraciones en los pasillos sanluiseños, mientras en simultáneo nos enteramos de que el gremio que debe proteger al futbolista tiene guardados dos millones de dólares 

En definitiva el amor por el fútbol existe, al igual que las ganas de ser profesional, pero a veces chocan contra los intereses de otros que poco entienden de fútbol, pasión y amor.

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