EL CAMPEÓN DEL SIGLO

Antes de comenzar con la historia del campeón uruguayo, es importante una consideración previa: desde aquí creemos que las comparaciones suelen ser poco felices y, a veces, un tanto injustas aunque es comprendible la tentación de trazar un paralelismo entre Leicester City  y Plaza Colonia, dos instituciones que en 2016 alcanzaron inesperadamente la gloria máxima. No obstante, la diferencia sustancial entre ambos es que la proeza del equipo uruguayo tiene mucho más de épica. A saber, Leicester tiene un gran mérito por ser campeón con un escaso presupuesto en una liga en la cual tres o cuatro equipos forman un oligopolio de campeones. Pero el plus de Plaza Colonia radica en su renacimiento. Emergió de la nada, tal y como cuentan sus protagonistas.

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Situémonos en Colonia, Uruguay, dieciocho meses atrás. Un equipo de fútbol llamado Deportivo Plaza Colonia se encontraba último en la Segunda División del fútbol uruguayo, jugando por el honor puesto que no cobraban todos los meses, y con las gradas desnudas. Ellos hacían de vendedores, llevando a su hogar entradas a mitad de precio para que sus familiares hagan las veces de aficionados. Un día llegaron a ser 28. Otro día eran 90, y se alegraron. Con este panorama no es raro que el club se encuentre en la disyuntiva de cerrar sus puertas o no, y mucho más cuando las innumerables reuniones con diversos inversores terminaban siempre sin un acuerdo firme. Un buen día, llegaron a la conclusión que debían cerrar, que no podían seguir costeando las responsabilidades que atañe la profesionalidad. Cuando ya estaban poniendo el candado, metafóricamente, llegaron dos hombres: Carlos Manta y Roberto García, ellos se harían cargo de mejorar al club.
Con el tiempo, los jugadores dejaron de alimentarse con comida nociva para un deportista -antes de los partidos, solían comer, por ejemplo, arroz con panchos. Además ascendieron a Primera División en 2015, y para esta temporada su objetivo era salvarse del descenso. Su director técnico, Eduardo Espinel, realizó una pintoresca promesa si el objetivo llegaba: comer pizza en el circulo central del mítico estadio Centenario. En mayo llegó la salvación y con ella la promesa; el queso caliente caía en el césped que sintió a los más grandes jugadores de América.

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Con el objetivo logrado, la pregunta ahora era ¿por qué iría el equipo? Con un plantel joven -promedio de 23 años, el menor de Uruguay-, y un director técnico inexperto, pues su único equipo dirigido antes de Plaza Colonia fue en cuarta división, la institución estaba siendo la sensación del país. Jugadores que meses atrás balanceaban sus vidas entre changas y fútbol, ahora estaban en las posiciones más altas del torneo. Incluso su director técnico sabía trabajar de carpintero cuando la necesidad llegaba. A pesar de estar puntero y dominar en largos tramos el campeonato, todos le auguraban una caída, sin tomar en cuenta el amor propio de estos hombres que no solo jugaban el campeonato de fútbol sino el de su vida. Un sueño podía hacerse realidad, y el corolario sería en el estadio de Peñarol. De acuerdo con datos oficiales, el valor actual de la plantilla del Plaza Colonia es casi tres veces menor que la del equipo Manya, quien llegaba a la ante última fecha a dos unidades del primero. Lo recibía en su nueva casa, “El campeón del siglo”, estrenada este mismo año, donde estaba invicto. Era una prueba de fuego, un cuento épico entre poderosos y humildes.

El encuentro comenzó, y a los dos minutos Plaza Colonia sacó rápida ventaja. En la segunda etapa, con un penal inventado, Peñarol lo igualó para mantener esperanzas, pero a quince minutos del final, se volvió a poner arriba en el marcador el conjunto que finalmente campeonaría: Deportivo Plaza Colonia, los “Patas Blancas”, en definitiva, el equipo de Uruguay.

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Una vez más el fútbol nos entrega una pequeña reivindicación de los más humildes ante tanto golpe de billetera. No solo salió campeón por primera vez en su historia, sino que fue el primero en lograrlo por fuera de Montevideo, y le sacó el invicto a Peñarol en su estadio “El campeón del siglo”, que lleva ese nombre en honor a los múltiples torneos logrados por el Carbonero -47 títulos uruguayos, 5 Copas Libertadores, etcetera-, pero el primero en dar la vuelta en ese lujoso y moderno estadio fue, nada más y nada menos, Plaza Colonia…¡El campeón del siglo!


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