¿POR QUÉ SE JUEGA?

LUCIO STORTONI RUIZ

¿Para qué se juega al fútbol? Para ganar. Por supuesto que es para ganar. Nadie duda de eso. La verdadera pregunta que nos deberíamos volver a hacer es ¿Por qué jugamos al fútbol?

Lo que sucedió hace un tiempo atrás, es que se cambió la pregunta. Hubo gente que, por una extraña razón, cambió los paradigmas y el significado del fútbol, y muchos lo aceptaron sin cuestionarlo. La pregunta ¿Por qué? se transformó en un frío ¿Para qué? Y en ese segundo interrogante reinó, obviamente, el “Para ganar”. Como dijo Pagani “Hicieron de una obviedad su bandera”.

Pero nadie juega al fútbol porque quiere ganar. Jugamos, y vemos fútbol, porque nos queremos divertir. Porque nos gusta, y mientras lo disfrutamos, buscamos ganar. El Mago Capria dice “No hay que preguntar más el objetivo, el objetivo es obvio, es ganar, la verdadera pregunta es el camino que queremos transitar para llegar a ese objetivo”. Si tenemos hambre, ¿con qué preferimos llenarnos? ¿Con un plato de comida de hace 3 días, o con una comida que nos guste?

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Si el fútbol no es diversión, ¿para qué sirve? Si la idea es sólo ganar: ¿Tiene sentido ser hincha de un club y no cambiarlo nunca? ¿Vale la pena ver partidos completos? ¿Sirve de algo ir a la cancha? ¿No sería más fácil quedarse en casa, descargar una aplicación en el celular que te avise el resultado del partido al terminar y ya está? ¿Por qué gastar dinero y tiempo viendo algo que no importa, ya que “sólo importa ganar”? Porque en realidad, no importa sólo ganar.

El fútbol en los últimos años, se llenó de burocracia y escándalos mediáticos: ¿Apelará el club al artículo cuatrocientos cuarenta que indica que, aunque hayan expulsado a Juan por protestarle al árbitro sobre la tarjeta que le sacó a Marcelo por sacarse la camiseta, puede jugar igual ya que Ignacio está jugando con la selección sub-17 un partido amistoso contra la selección japonesa? ¿El club deberá sancionar a Ramiro que fue encontrado caminando y tomando una cerveza con la ex novia del primo de Octavio, que es el mejor amigo de Guillermo, su compañero en la delantera? ¿Tendría Agustín que ir al psicólogo ya que fue amonestado en 6 de los últimos 14 partidos?

Un día Bielsa dijo: “Yo les voy a leer lo que para mí es el fútbol: Éramos todos muy amigos, nos gustaba jugar juntos, la pasábamos bien reunidos, intentábamos hacerlo lo mejor posible. Atacar mucho y luego recuperarla con la ilusión de volver a atacar, y esperábamos la compañía de la suerte. Eso es el fútbol muchachos.” Y suscribo al 100%. El problema, es que, como también decía Bielsa, “El fútbol cada vez se parece más a las empresas. Y en las empresas, se tienen que tornear X cantidad de piezas, y si alguien no lo hace, se lo echa. No importa si murió la mamá ayer, porque eso fue ayer, hoy tiene que volver a tornear X cantidad de piezas. Entonces se trata al hincha como si fuese un empleado, y un empleado trabaja, un aficionado siente.”

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Cuando el fútbol se empezó a parecer al mundo empresarial, los dueños del nuevo fútbol, se dieron cuenta que debería ser más rentable. Llegarle a más gente. Entonces hicieron algo: Lo pervirtieron. Empezaron a usarlo con fines empresariales. Los jugadores pasaron a ser estrellas de Instagram, los clubes comenzaron a ser financiados por fuentes de dinero dudosas y se comenzaron a manejar cifras descomunales. Y sobre todo, con la meta de llegarle a más gente, lo dramatizaron hasta el límite: Lo hicieron de vida o muerte. Aquí en Argentina, se ve bien que gente diga públicamente cosas como “Si mi equipo pierde, estoy de malhumor toda la semana”, “El domingo hay que ganar o morir”, y frases similares. Y claro, ¿Quién puede escaparse de algo tan importante, de algo que supuestamente, es de “vida o muerte”?
Recuerdo que un día Guardiola dijo “Ojalá todas las espinitas clavadas de mi vida sean partidos perdidos”, y ojalá todos los fracasos de nuestra vida estén vinculados al fútbol. Pero no, aunque el fútbol ocupe un rol central en la vida de muchos, creo que nadie diría que su mayor pérdida sea, por ejemplo, la derrota de Argentina en la final del Mundial.

Por todo esto: El drama, el negocio, la burocracia, los escándalos mediáticos, etc. Estoy convencido que se distorsionó el significado del fútbol. Nos olvidamos de que el fútbol es para divertirnos.

Por eso, cuando apareció el Barcelona con Guardiola, Messi, Xavi e Iniesta, nos sentimos tan identificados: Porque parecía que sólo querían jugar, que no importaba nada más que lo que pasaba en el campo. Sólo importaba lo que sucedían entre esos 22 hombres, en ese rectángulo verde. A Iniesta no le importaba si el lateral derecho rival tenía o no amarilla, él no iba a exagerar una falta para que lo echen. A Messi no le importaba si en tres días tenía que jugar un partido de Champions y el partido actual ya estaba liquidado, él iba a hacer todo lo posible por hacer otro gol. A Xavi no le importaba si convenía especular y jugar al contragolpe, él quería tener la pelota. Y esa sensación la transmitían los once jugadores del Barcelona. Por eso era único. Era el potrero: jugar al fútbol, tratar de ganar, y divertirse en el camino, pero en el fútbol de la máxima competencia.

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Cuenta la historia que en la Navidad de 1914, en plena Primer Guerra Mundial, los soldados de ambos bandos decidieron hacer una tregua. Se pusieron a cantar villancicos y abrir regalos. Y allí, apareció una pelota de fútbol, y se pusieron a jugar. Se dio un milagro. En plena Guerra Mundial, en pleno momento de crueldad y falta de humanidad, se pusieron a jugar al fútbol. Soldados que hasta hace poco tiempo estaban haciendo lo más inhumano que un ser humano puede hacer, al ver una pelota, de repente, volvieron a ser humanos. Volvieron a sentir. ¿Ustedes creen que a ellos les importaba quién ganaba? ¿Que les importaba si jugaban 4-4-2 o 4-3-3? ¿Que les importaba si la doble amarilla era roja? ¿Que les importaba si el compañero había salido con la novia de su mejor amigo? ¿Que tenían miedo de perder? No, ellos sólo querían jugar, divertirse y olvidarse de todo al menos un ratito. Porque sabían que, al día siguiente, ellos sí se jugaban la vida. Porque lo que ellos hacían, sí era matar o morir. Porque eso sí era la guerra. Y porque, aunque nos hagan creer lo contrario, el fútbol ni es una guerra, ni es de vida o muerte. El fútbol, es un juego, y se juega para ganar, pero se juega porque queremos sentir.


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