FALACIAS, MIEDOS Y DECISIONES

Estimado lector, antes de leer el presente artículo tenga muy en cuenta que estas opiniones son esbozadas antes del duelo por cuartos de final entre Argentina y Venezuela encuadrados en la Copa América Centenario 2016. Sin más, gracias por su lectura.

En el momento en el que Martino se hizo cargo de la selección, me puse contento. Vislumbré un futuro próspero, pero hoy, más allá de los buenos resultados en esta Copa América Centenario, soy más escéptico que nunca.

Desde que Maradona asumió como entrenador, Argentina perdió completamente la identidad. Simplemente se agrupaban jugadores sin ningún marco que los respalde. Según Menotti el fútbol es “Orden y aventura. Si sos todo orden sos un aburrido, y si sos todo aventura sos un caos.” Con Maradona, Argentina era un caos.

Luego se fracasó con Batista -en un paso tan fugaz que me genera pudor analizarlo-, y después, llegó Sabella.

Con Sabella hubo momentos de buen fútbol en las eliminatorias, Argentina tenía minutos en los que se partía y en esos lapsos era muy vistoso ver a Messi, Agüero, Higuain y Di María juntos, con campo libre haciendo un fútbol alegre y armónico que divertía tanto a la gente como a los jugadores.

Pero en el Mundial se olvidó de todo, y Argentina fue todo orden. Se jugó pésimo, y sólo nos sacó del aburrimiento los momentos de rebeldía de Messi, que con su maravillosa gambeta, desparramó a rivales en el piso casa vez que podía. Incluso contra Holanda, en ese partido donde no pasó nada, pasó él. Gambetea a Vlaar, luego a Kuyt, después de nuevo a Vlaar y centro con derecha al pie de Maxi Rodríguez, que no pudo aprovechar la situación.

Pero obviamente, no fue suficiente. Contra Alemania Messi no tenía apoyos, Argentina careció de juego posicional, y encima, nunca le devolvían la pelota. Era él contra todos. Y así y todo, fue el mejor partido del seleccionado en el Mundial.

Pero eso nunca se le valoró. Sólo se le criticaba sin parar por argumentos tales como: “No corre”, “No tiene huevos”, “No es como el Diego” o “No siente la camiseta de la Selección”. En lugar de argumentarlo desde lo futbolístico, se hacían referencias de esta índole. El proceso de desculturización que viene desde hace más de 30 años se vio aplicado en esta situación puntual que, tranquilamente, pudo conseguir que Messi se canse y deje la selección. Cosa que nos enterraría a todos en el pozo sin fondo del imposible. Porque créanme: sin Messi es imposible que Argentina salga de la mediocridad a la que está atada, desde los dirigentes y medios de comunicación hasta gran parte de sus hinchas.

Pero no pasó. Messi siguió, y Martino asumió. Y en ese momento, sentí que Argentina podía llegar a jugar verdaderamente bien. Esta confianza estaba sustentada en el paso del Tata por Newell’s y los primeros meses suyos en el Barcelona.

En el comienzo de la Copa América 2015, me inspiró esperanza. El primer partido contra Paraguay, me alegré al ver a Banega y Pastore juntos. Argentina jugó bien, pero Martino leyó mal el partido, lo superó el fenómeno Tévez e hizo cambios muy desacertados, como el del propio Tévez por Pastore. Paraguay lo empató en dos jugadas puntuales, y el futuro se vio hipotecado al error de no entender que Argentina venía jugando muy bien hasta el primer gol de Paraguay, momento en el cual estaban Banega y Pastore, y no, ¡Argentina no estaba desequilibrada! Es más, dominaba como quería. Pero así es el fútbol, un error puntual y un análisis fallido, supeditó el futuro argentino en toda la Copa América.

Desde el siguiente partido, siempre se mantuvo Biglia de titular y Banega en el banco. La teoría del falso equilibrio. Biglia no le aporta equilibrio, le aporta contención. Es muy difícil que erre un pase, es verdad, pero es más difícil que elija bien el pase y que genere peligro con este. En la salida se nota claro, con él, Messi debe retrasar mucho su posición para que le llegue la pelota, mientras que las pocas veces que jugó Banega, no lo tuvo que hacer. Biglia nunca va a jugar menos de 6 puntos, pero tampoco jugará mas de 7.
Aparte es importante comprender que Banega y Biglia hacen la misma función con pelota, que es colaborar en la salida para que el balón llegue limpio. Banega es diferente a Pastore que puede inventar algo en los últimos metros, ya que Banega, en Argentina, juega “de Biglia”.

Los técnicos toman decisiones todo el tiempo, y esta decisión es la que me desencantó de Martino. Pensé que él sí sería un técnico valiente, y no como Sabella, que en el momento más importante, atenuó la importancia del elemento en el que más calidad tiene Argentina, que es el ofensivo, y le dio una importancia desmedida a los intérpretes defensivos. Como si el fútbol estuviese seccionado, como si la defensa no fuese parte del ataque y viceversa. Pero en Argentina se piensa así, se los toma como objetos ajenos, cuando en realidad son aspectos que están infinitamente involucrados uno con el otro. Se ataca mejor si se defiende bien, y se defiende mejor si se ataca bien.
Pero Martino tomó esa decisión, y Argentina dependió de los destellos de Messi. A partir de ahí se jugó mal contra Uruguay, se jugó bien ante una pobre versión del seleccionado colombiano, en un partido en el cual a Argentina le faltó animarse un poco más. Y se jugó bien contra Paraguay. Pero en todos estos partidos, se dependió de Messi, en los baches en los que el 10 no tenía demasiada participación, en el partido no pasaba nada.

Y contra Chile, no pasaba nada. El conjunto de Sampaoli cortó completamente los circuitos por los cuales Argentina podía llegar a Messi. Lo más lógico hubiese sido tratar de potenciar a La Pulga, propiciando el ingreso de Banega para generar juego y sacar a Biglia, ya que lo que justamente faltaba era juego. Pero no, Martino sacó a Pastore.

Y en ese momento, dejé de creer en él. Ese era el momento de demostrar grandeza y valentía. Ese era el momento de decir: “Ganamos o perdemos, pero va a ser con la mía.”

Martino se traicionó y Argentina perdió, y en esta Copa América, sigue la obsesión por el “equilibrio” que proporciona Biglia. Sin ser consciente en la enorme diferencia que es para Messi pasar de tener 5 o 6 apoyos ofensivos en Barcelona a tener 3 o 4 en la selección, ya que aquí los laterales, si bien están arriba, no sorprenden. Simplemente se estacionan en una supuesta posición ofensiva pero sin dañar, ya que no tienen las cualidades para hacerlo (cosa entendible, ya que son centrales). Y Biglia casi nunca es un componente que lastime al rival (a excepción del partido por Eliminatorias ante Colombia). Todo esto sumado a que Mascherano tiene nula participación ofensiva.

En esta Copa América ante Chile, Argentina no generó juego, y los dos goles fueron de contragolpe originados por una provocación del error contrario. Pero tenemos que sincerarnos: si Chile hubiese sido el del año pasado, era imposible que esto ocurra. Argentina tuvo el mérito de ver cómo estaba Chile, y entender dónde había que apretar para ganar, pero esa no es la forma de mantener una idea a lo largo del tiempo. Uno puede cambiar matices dependiendo del rival, pero no puede cambiar la idea. Está comprobado que, a largo plazo, eso no sirve.

Contra Panamá hubo infinidades de problemas a la hora de crear circuitos de juego hasta la entrada de Messi. Lo mejor del equipo se vio contra Bolivia, en los primeros 45 minutos, con Kranevitter, Banega y Lamela. Pero, por alguna razón, Martino va a seguir traicionando la idea que, en teoría, vino a implementar.

Martino, como dijo Diego Latorre, se queda con la forma y no con el fondo.

Mascherano siempre hace de tercer central para salir, y cuando Argentina tiene el balón se queda o bien allí metido entre los centrales o unos metros más adelante, mientras que, cuando tiene que jugar 20 metros más cerca al arco rival, tiene enormes dificultades (zona en la que Kranevitter no tiene problemas). Entonces pregunto: ¿Si no hay laterales que puedan proyectarse y sorprender, y contas con Agüero, Higuain, Dybala y Tévez, entre otros, como posibles opciones en la delantera, no es mejor mantener a Mascherano de tercer central, jugar con dos delanteros definidos, y Kranevitter de 5? ¿Por qué esta obsesión por el parado táctico?

El parado táctico debe ser simplemente el medio por el cual el equipo interpreta la idea del entrenador, y la forma se debe adaptar a los jugadores. Es menester distinguir el parado a la idea. Esta se mantiene, no así la forma que no sólo varía durante el partido, sino que debe variar en función a las características de los intérpretes disponibles, sino no sirve. Si el entrenador obliga a que un wing juegue de enganche va a durar 5 minutos y luego se va a volver a posicionar de wing, porque no siente otra cosa. O peor aún, se mantendrá de enganche y lo hará mal. Eso es lo que sucede con los laterales hoy.

Biglia, la obsesión por la forma y la errónea elección de los intérpretes en función a la idea, son factores que me producen una profunda desazón, ya que no veo que Argentina vaya a cambiar. Y si no se llega a ganar esta Copa América, probablemente, en lugar de reforzar la idea de Martino, se la va a cambiar y volveremos a empezar de cero, como ya venimos haciendo hace más de 30 años.

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