SI NO TE CONVENCÉS, TODO LO QUE HICIMOS NO SIRVE PARA NADA

LUCIO STORTONI RUIZ

Apenas Argentina perdió la final de la Copa América Centenario, unas palabras se me vinieron inmediatamente a mi mente: “Si no te convencés, todo lo que hicimos no sirve para nada”

Cuenta la historia que éstas fueron dichas por Fernando Signorini -preparador físico personal de Maradona desde 1983- al 10 argentino en medio del Mundial de México. Ocurrió durante una discusión en la que el “Profe” pretendía motivar a Diego para que saque lo mejor de sí mismo en esa competencia. Y vaya si lo logró.

Y aunque haya transcurrido una semana desde la final perdida, esas palabras aún siguen resonando en mi mente, porque, si bien no sé si es algo que me sucede únicamente a mí o es un común denominador entre los que nos gusta el fútbol, la realidad es que cada vez que hay una competencia internacional en la que participa Argentina, mi calendario se centra en no perderme ningún partido del torneo. No importa su relevancia. Estoy atrapado por la necesidad de no perderme ningún detalle de la competencia y por este motivo, cuando termina, siento un vacío que dura semanas.

Y estas son las palabras que encuentro para empezar a darla por finalizada en mi mente, aunque ya terminó oficialmente hace siete días:

Argentina ha vuelto a perder una final, tres en tres años. O Argentina ha vuelto a llegar a una final, tres en tres años. Cada uno lo ve como quiere, yo lo veo como un conjunto de ambas. Si bien Argentina llega a finales, siempre se vio derrotada y no fue por casualidad en ninguno de los tres casos, sino que sucedió por un motivo: se traiciona a sí misma en la instancia culmine.

En este caso me centraré en la última final, pero es algo aplicable a, sobre todo, la ocurrida en Chile el año pasado. La de Brasil 2014 es un caso aparte: Argentina ya se venía traicionando desde el comienzo de la competición, pero estaba ganando, y aquí, cuando se gana, no se analiza nada.

En esta Copa América, se notó la falta de convicción por parte del equipo argentino. En su momento, lo único que pedí a Martino era que, si eventualmente se llegaba a otra final, el equipo juegue a ganar y no a no perder. Quizás una parte de mí sentía que esto podía volver a ocurrir, o quizás fue simplemente una casualidad. La realidad es que en el primer tiempo argentino, vi atisbos de buen fútbol. Algunas jugadas elaboradas que hacían notar, a priori, un cambio con respecto a la final concertada en Santiago un año antes. Pero finalmente, fue sólo un espejismo.

Los partidos en la fase de grupo tuvieron sus particularidades: Contra Chile se intentó provocar el error contrario, y así fue como se ganó, pero ya aquí –y probablemente esto fue lo que me hizo pensar que podía ocurrir nuevamente en una posible final– se notó una traición al estilo. Fueron todos ataques vertiginosos y se careció de juego posicional.

Ante Panamá, el partido fue muy malo, y sólo lo hizo interesante la entrada de Messi, que dejó tres goles y muy buenas sensaciones. Ya ante el seleccionado boliviano (con Kranevitter de mediocentro, y Agüero e Higuain en la delantera), se jugó muy bien los primeros 45 minutos, pero en el segundo tiempo se reguló y lo único positivo fue, de nuevo, la entrada de Lionel, que le dio diversión al encuentro, y desesperó a la defensa boliviana.

Y aquí, llegaron los cuartos de final: el encuentro fue ante Venezuela, y si bien hubo 30 minutos muy flojos, donde el seleccionado vinotinto se mereció hacer algún gol, el resto del partido fue dominado por el conjunto albiceleste.

Argentina ganó, y pasó a semifinales, donde se jugó contra Estados Unidos. Este partido fue claramente el mejor del seleccionado argentino en el torneo. Se vieron rasgos distintivos de un equipo de Martino: presión asfixiante, superioridad en mitad de cancha, salida prolija desde el fondo, y un paciente y eficaz juego posicional. Argentina atacaba con mucha gente y se sentía cómoda, pero cuando comenzaron las lesiones, se eligió sacar el pie del acelerador y frenar el partido.

Hasta que llegó la final. Y en los primeros 30 minutos, como dije antes, se vieron momentos positivos, pero a partir del segundo tiempo (quizás debido a la expulsión de Rojo) todo cambió.

Podría escribir largas oraciones sobre la falta de apoyos que tenía Messi, o de los problemas en los que sucumbe el equipo argentino al tratarlo como un salvador, o esa alarmante falta de conocimientos que indican que para gambetear hacen falta cómplices –cómplices que incluso tuvo Maradona en el gol frente a los ingleses– y si no se provee al que tiene la pelota de éstos, es muy difícil que la jugada prospere.

Por esto, se me viene a la cabeza aquella frase de Signorini: “Si no te convencés, todo lo que hicimos no sirve para nada”. Y para mostrarlo gráficamente, lo haré a través de imágenes que, vale aclarar, serán tendenciosas, y favorables al punto de vista que quiero exponer, pero creo que estoy siendo fiel a la realidad, ya que esto fue lo que ocurrió.

En todas las imágenes, el que tendrá el balón, será Messi.

Meessi vs venezuela1.jpg
Vs. Venezuela

Messi vs venezuela2.jpg
Vs. Venezuela

messi vs usa1.jpg
Vs. Estados Unidos

messi vs usa2
Vs. Estados Unidos

 

 

 

Arg Chile 1
Vs. Chile (Primer Tiempo)

Aquí se ve que si bien Messi está bastante rodeado, posee opciones de pase que sirven para complementar a su gambeta.

Arg Chile 2.jpg
Vs. Chile (Primer Tiempo)

Hasta este momento se ve un patrón: Messi siempre tiene apoyos, y se ve rodeado de un buen número de compañeros argentinos que sirven para ser opción de pase o fijar marca, depende de la elección que finalmente elija el 10.

Pero a partir de este punto, todo cambia:

Messi vs Chile (Segundo Tiempo)

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Vs. Chile (Segundo Tiempo)

Apenas tiene opciones de pase, y se ve bien contenido por la defensa chilena. Como Argentina está jugando al contragolpe, tiene que recorrer muchos metros en inferioridad numérica (7 chilenos conteniendo, y apenas 3 argentinos mostrándose)

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Vs. Chile (Segundo Tiempo)

Algo similar a lo anterior, apenas tiene opciones de pase, y en este caso hay 4 futbolistas chilenos rodeándolo solamente a él.

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Vs. Chile (Segundo Tiempo)

Y esta es la que más impotencia me genera. Messi debe recibir el balón a más de 60 metros del arco rival. Una locura.

Creo que sobran las palabras. Estas imágenes son reflejo de la cobardía que demostró el entrenador una vez más. Porque esto ya pasó, y fue sólo hace un año.

Me resulta incomprensible haber vuelto a hacer lo mismo cuando, claramente, no sirvió. Si el entrenador sigue esperando que Messi sea un salvador y no un jugador, es imposible que Argentina llegue a ganar algo. Estos son los momentos donde se debe apelar a la valentía y al coraje. A derrochar convicción con el objetivo de ganar. Pero en cambio, el entrenador, demostró todos sus miedos, que es normal sentirlos, pero en estas situaciones, es menester no transmitirlos.

Porque es imposible que un grupo de jugadores gane por sí solo. La figura del entrenador debe permanecer firme a sus ideales y mostrar que ése es el camino a la victoria. Que aquello que venís haciendo en cada partido realmente tiene sentido. De nada sirve jugar de una manera –o a menos intentarlo– durante toda una competencia, si en el último partido, que es el decisivo, se va a hacer todo lo contrario. Porque, como dijo en su día Signorini, “Si no te convencés, todo lo que hicimos no sirve para nada”.

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