LOCURA CHILENA

“Creo que tenéis el deber, como pueblo contemporáneo, de reconocerles a Marcelo Bielsa y a César Luis Menotti lo que han hecho no sólo por el fútbol argentino, sino por el fútbol mundial” Josep Guardiola, 2013. Conferencia en Buenos Aires.

“Quiero venirme a Chile. Es un país moderno, que no está en los extremos, como Argentina. Allá un triunfo o una derrota lo significan todo.” Esta frase fue pronunciada por Marcelo Bielsa en los comienzos de la década del 90, en una entrevista concedida al periodista chileno Aldo Schiappacasse. Un adelantado o un convencido, o tal vez ambas. Siempre con ideales y principios claros que son llevados como bandera contra viento y marea.

El 10 de agosto de 2007 cumple su viejo deseo y firma un contrato millonario con Chile. Alrededor de 1.5 millones de dólares, una cifra irrisoria fue la que pidió para él y sus ayudantes. No expondría este dato frívolo sino por lo que viene. El presidente, Harold Mayne-Nicholls, declaró en la presentación del director técnico que el dinero desembolsado era una inversión para realizar cambios estructurales en el fútbol chileno. Estas palabras denotan que dos caminos se cruzaron en el momento idóneo: el de Bielsa y sus ganar de comenzar un gran proyecto, y el de Chile, con su humildad para absorber los cambios propuestos.

La Selección chilena estaba en una dura crisis. El primer equipo, en la Copa América 2007, tuvo acciones sumamente reprochables. Y no fue una excepción, pues los malos comportamientos llevaban casi una década. Los fracasos no eran sólo futbolisticos, también -y sobretodo- fuera del campo de juego.

No exagero si digo que Chile, en cuanto a su seleccionado de fútbol, estaba acostumbrado a las duras derrotas y, además, se encontraba en los últimos lugares del ranking sudamericano. Todo parecía indicar que Marcelo Bielsa era la última oportunidad de La Roja para emerger en los primeros planos del fútbol mundial.

El primer objetivo era el de siempre, pero no por ello sencillo: clasificar al Mundial de Sudáfrica 2010. Chile no había logrado destacar en los primeros puestos de las eliminatorias durante largos años y consecuentemente se perdió las últimas dos citas mundialistas.

El primer año del entrenador, lo pasó solo y viviendo de un modo extremadamente austero -como en toda su estadía en el país trasandino. Cuando dirigió al combinado argentino, entre el fin de siglo y los primeros años del mismo, Bielsa residió en Ezeiza, lugar de entrenamiento de sus dirigidos. En Chile, el pedido no cambió. No obstante, Pinto Durán -el complejo de la Selección chilena- no tenía las condiciones dadas para alojar a un entrenador de élite y a jugadores que pretendían aspirar a más. Por ende, Bielsa se encargó de dar charlas recorriendo el país para sustentar las refacciones de lo que sería su nuevo hogar.

A dos meses de comenzar su ciclo, tuvo su primer encuentro oficial. Fue, nada más ni nada menos, que ante Argentina en el Monumental. El local lo superó con amplitud en una gloriosa tarde de Juan Román Riquelme, y se dejaba translucir que el incipiente D.T. aún no podía plasmar su idea. Como le sucedió en su último trabajo, comenzaron las criticas. Fracasado, ladrón o charlatán, son adjetivos que no tardaron en relucir. La vuelta en primera ronda con Argentina de Japón – Corea 2002 estaba más fresca que nunca, y todos hacían leña del árbol caído.

Soy un especialista en fracasos, se definía él. Los seres humanos habitualmente se desarrollan, combaten, se esfuerzan y ganan muy debes en cuando, dijo ante un auditorio que lo miraba asombrado.

El tiempo pasó, y se resguardó cada vez  más de la prensa. Intentó ser lo más hermético posible, tanto en lo individual como con su grupo de jugadores. Bielsa comenzaba a derramar su idea hacía sus dirigidos. En Chile no había ningún sobresaliente, los talentos rutilantes no estaban allí, por lo tanto creo un equipo. “Nos cambió la mentalidad, nos ayudó a crecer”, comentó Claudio Bravo, el arquero -hoy capitán y dos veces campeón- chileno.

La actitud de jugadores y también aficionados tuvo un giro de 180 grados, y alcanzó el cenit en uno de los encuentros más importantes de la historia del fútbol chileno. Chile recibía a Argentina, y Bielsa, a su patria. Noventa y dos años -lo escribo en letras para que tomen dimensión- de historia y nunca habían podido vencer a Argentina oficialmente. No fue sólo la victoria, sino la forma. Alfio Basile, entrenador argentino, aceptando la derrota declaró que parecían jugar quince contra diez. Veía rojos por todos lados.

Aquella victoria fue un punto de inflexión en el romance Chile – Bielsa. El cambio de mentalidad fue notorio; Bielsa les hizo creer que no eran malos para el fútbol. Les hizo creer el cuento. Los trasandinos clasificaron segundos en las eliminatorias, escribiendo una nueva página en la historia.

Llegó el año 2010, y el evento deportivo más relevante tenía de nuevo a Chile entre sus treinta y dos elegidos. Marcelo Bielsa estaba considerado como uno de los cinco mejores entrenadores del mundo, pero su Selección cargaba con un estigma: desde 1962 no ganaba un partido en esa competición. Otra vez los miedos serían despejados, y ganaría dos de sus tres partidos en fase de grupo, además de hacer un gran encuentro ante España, posterior campeón. En octavos caería con Brasil, aquel que también le arrebató el primer puesto en las eliminatorias.

El fútbol desplegado por Chile en los años de Bielsa es incomparable con los siguientes ciclos que fueron, desde los resultados, más exitosos. Como dice Ángel Cappa, “se juega como se vive”, y así lo hicieron. Practicaban el deporte con la intensidad con la que vivía Bielsa, pero también con su capacidad e inteligencia. Chile nos deslumbró con su ofensiva rápida y punzante, más su medio campo que combinaba a la perfección. Era una ráfaga roja.

Su efectividad en el cargo fue de 60.1%; con 51 partidos jugadors, 28 ganados, 8 empatados, 15 derrotados. Tuvo récord de victorias en modo visitante con 61.9% de efectividad. El once ideal contaba con Claudio Bravo; Gary Medel, Waldo Ponce y Gonzalo Jara; Isla, Carmona y Arturo Vidal; Matías Fernandez; Alexis Sanchez, Jean Beausejour, y Humberto Suazo. En “números telefónicos” sería 3-3-1-3, caracterizado por su verticalidad y ofensiva. El encuentro en donde la idea que buscó el entrenador se vio plasmada a la perfección fue en la victoria por 4:0 ante el combinado colombiano.

Para realmente dimensionar la figura de Marcelo Bielsa en Chile, debemos destacar que no era sólo el director técnico de la selección. Luego de algunas asperezas con cierto sector en sus comienzos, se ganó a todo el amor y admiración del pueblo. El sentimiento fue mutuo, pues cuando ocurrió la tragedia del terremoto, salió de su habitual ostracismo para participar activamente en las campañas de ayuda. Con respecto a  lo mencionado dijo esto: “Cada espacio físico que veía, era imposible de asimilar y cada conversación que mantuve fue una bocanada de optimismo por el futuro de todos ustedes, porque esa gente va a reconstruir lo que perdió”.

Renunció a su cargo con la derrota de la fórmula presidencial que a él lo había contratado. En su despedida se lo notó decaído, y al decir las siguientes palabras se le quebró la voz: “Considero mis tres años y medio en Chile, un regalo de la vida. Yo aprendí a amar la vida también estando aquí. Estoy orgulloso y agradecido de poder haber vivido en este suelo. Sé positivamente que soy yo quien pierde al irse”

Marcelo Bielsa dejó en Chile algo más que un puñado de resultados deportivos. Para comenzar, le brindó un proyecto a largo plazo, el cual se continuó y tuvo sus frutos. Pero, el entrenador argentino, le dio a todo el pueblo chileno una lección de confianza, dignidad, positividad, amor, esperanza, fe, profesionalismo y decencia.

Le dicen loco, pero yo creo que, como escribió Ray Bradbury, la locura es relativa y depende de quién encierre a quién en la jaula.

Vos no sos el loco, sino el único cuerdo.


gon

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