MIRAR HACIA ALEMANIA

Desde la muerte de Julio Humberto Grondona, la Asociación del Fútbol Argentino quedó acéfala y aún no ha podido terminar con las perversas negociaciones entre los presidentes de las instituciones. Ante esto, el fútbol ha tocado fondo. Se acaba de anunciar la aprobación de un nuevo formato, llamado SuperLiga, que tendrá como espejo al fútbol español y su formato de repartición de derechos. Como todos sabemos, no es precisamente un gran modelo a imitar, pues su inequidad es más que visible.

Parece ser que los hombres de traje que manejan el balón sentados desde un sillón no han tenido el tiempo para conocer el gran proyecto que ha armado Alemania para su Bundesliga. Por lo tanto, lo vamos a explicar…

Como está ocurriendo en Argentina, el fútbol teutón se desmoronaba hace doce años. La causa principal fue la caída del operador Kirck Media, que proporcionaba el  31% de los ingresos de las instituciones. En tal momento de zozobra hubo una voz cauta y entendida: Franz Beckenbauer, que vio una oportunidad en la crisis para adaptarse a la nueva realidad.

Con un proyecto, que se llevó a cabo con honestidad y mucho trabajo, Alemania puede recoger los frutos del árbol que supo sembrar. Hoy es la liga con mayor promedio de ocupación en los estadios -90 %- y asistencias de espectadores por partido -42.000. Detrás de la Premier, es la que más ingresos genera y, por ende, la gran mayoría de las instituciones tienen deuda cero.

Como dijimos, estos resultados no se deben a la actuación estelar de un mago sino de personas que entendieron que el diagnóstico no era bueno y se propusieron curar la enfermedad. Cuatro son las claves pensadas para mejorar el fútbol alemán:

El aficionado debe ser privilegiado: No es un animal, ni un ente, mucho menos un problema o un número; el aficionado es el centro del espectáculo. Así lo idearon y llevaron a cabo con una serie de medidas muy inteligentes. En primer lugar, las entradas a un precio asequible -rondan los 23 euros-, de ese modo las clases medias y bajas tienen la posibilidad de asistir a los estadios sin que esto le suscite una pena en su economía. Otro punto vital son los abonos, que no pueden representar más del 50% de la capacidad del estadio, pues debe haber lugar para aquellos que desean comprar entradas. Las políticas también son pensadas para con la afición visitante, que lejos de ser marginados, tienen facilidades con los horarios del encuentro y transportes. También hay descuentos para los niños, jubilados y discapacitados.

Cambio del paradigma cultural del fútbol: Pensando en ganar el Mundial 2006 que se hacía en su país, contrataron a Jurgen Klinsmann, y con él se intentó cambiar la tradición del juego y la mentalidad alemana; ese juego que priorizaba lo físico y la fuerza fue cambiado por priorizar la posesión del balón. Si bien no pudo alzar la Copa del Mundo, no se presentaron vacilaciones sobre las decisiones tomadas y hubo una continuación con Joachim Low, ayudante del último entrenador. Ya en los últimos años, ha ayudado la llegada de Josep Guardiola a FC Bayern para dejar en claro que el cambio ha llegado a Alemania para quedarse.

Además de lo expresado, es sustantivo decir que hubo una apuesta importante por los juveniles. Las categorías inferiores vieron una notable mutación, puesto que se remodeló la estructura, imponiendo el nuevo estilo de juego e inculcando a los niños el método y la filosofía afín a la nueva Alemania. Esta política se ha implementado también para los equipos que ascienden a la primera categoría, puesto que tienen el deber y compromiso de mantener estables las estructuras de las categorías juveniles, invirtiendo en ellas.

Entendieron, allá por 1999, que estaban fracasando sus equipos nacionales en las copas de Europa y decidieron cambiarlo. Para eso hicieron un gran plan para la formación y educación de los futuros futbolistas. En muchos casos, no han inventado sino copiado con éxito. Están utilizando medidas creadas por el Instituto Nacional de Fútbol de Clairefontaine (Francia) y la academia del Ajax de Holanda.

Economías saneadas: El control de la economía de las instituciones es exigente. Para conseguir una licencia, se necesita una auditoria externa para constatar que no hay perdidas. Por esto, el déficit institucional de cada equipo suele ser cero, y en muchos caso, hay superávit.

Con el objetivo de que ningún jeque o empresa pueda hegemonizar las decisiones de las instituciones, se creó la regla del “50 + 1”, la cual establece que el 51% de las acciones de un club deben ser de los socios. No obstante, hay una excepción: empresas que tengan un compromiso duradero con las instituciones, por ejemplo, Volkswagen Y Wolfsburgo.

En definitiva, entendieron que el fútbol es de la gente y no se lo deben quitar.

Derechos de TV igualitarios: El reparto se negocia conjuntamente y es sumamente parejo, la diferencia entre el que más dinero percibe y el que menos es ínfima. Sobre todo si trazamos una comparación con España y su modelo extremadamente desigual. Una redistribución ecuánime de las riquezas hace que el espectáculo sea mayor y la competitividad más importante.

Hay una frase muy utilizada que dice más o menos así: “El fútbol es un juego de once contra once en el que siempre ganan los alemanes”, y puede sonar risueña e incluso verídica. No obstante, no siempre fue así. Alemania ha creado con el tiempo una máquina, pero no son sus futbolistas, sino su sistema que piensa y trabaja acorde a las necesidades que se van creando conforme pasa el tiempo.

Un ejemplo a imitar.


gon

 

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