GUARDIOLA: EN BUSCA DE LA VERDAD

LUCIO STORTONI RUIZ

Todo el mundo habla de que en esta liga ningún equipo gana cuatro o cinco partidos seguidos y dicen que sólo puedo imponer mi idea en un contexto favorable, yo digo «Ok, ¿Por qué no lo puedo hacer aquí también en esta liga tan física que tiene campos tan difíciles por la nieve y la lluvia? » Y por eso vine. Uno de nuestros mayores desafíos es ser constantes en el juego. Es un objetivo personal, mi ambición es probarme a mí mismo que lo puedo conseguir.”

Josep Guardiola.

El fútbol es un deporte que tiende a la paridad siempre y cuando haya veintidós jugadores, dos técnicos y ninguno de esos veinticuatro hombres se llamen Messi o Guardiola. En Europa hay cientos de entrenadores y miles de equipos, pero son muy pocos los que uno no tiene la menor duda de a quién pertenecen. Guardiola es una de esas raras excepciones, si a sus equipos les sacamos la camiseta no dudaríamos ni un segundo de que son suyos. Y eso no tiene que ver con los títulos ni las victorias, lo que caracteriza a los equipos de Pep es que siempre han sido imbatibles en el juego.

Cuando hablamos de Guardiola, hablamos de un entrenador que ya ha ganado todos los torneos posibles y la admiración del mundo entero. Podría elegir el equipo que quisiera, y se decantó por el millonario -pero no poderoso- Manchester City, pues sabe muy bien que el club ciudadano es aún un proyecto que carece de mentalidad ganadora y estilo definido. Esto se vio con claridad en la última semifinal de Champions League ante el Real Madrid, donde al conjunto inglés no se le vio ni un atisbo de rebeldía. Personalmente, nunca trato de calificar a un equipo por su actitud, pero esto fue exagerado, jamás vi a un equipo tan timorato como aquel vestido de verde fluorescente en el Santiago Bernabéu. Ese es uno de los mayores retos del técnico de Santpedor: conseguir cambiar la historia de un club que hasta ahora fue una insinuación constante más que una realidad sustentable. Éste reto no lo tuvo nunca, tanto el Bayern como el Barcelona son instituciones donde la mentalidad ganadora existía antes y después de Pep, aunque no hay que ignorar el carácter victimista que imperaba en el club catalán antes de su llegada y que consiguió cambiar, al menos, durante su periodo allí.

En cuanto al juego, ¿Qué podemos esperar de Guardiola en el Manchester City? Nadie mejor que él mismo para explicarlo:

“Cuando llegué al Bayern tenía una idea. Era la primera vez que me iba a dirigir a un equipo que no sea el Barcelona, un club donde yo me sentía completamente representado por su forma de jugar. Pero aprendí que me tengo que adaptar a la calidad de mis jugadores, y la calidad de los jugadores que dirigí en Múnich era completamente distinta a la de los jugadores del Barcelona, y obviamente la forma de jugar en Alemania también era diferente. Hasta ahora nunca jugué ningún partido en la Premier pero sé que seremos distintos a lo que fuimos en Alemania, y para eso vine, para ver cómo es. Por supuesto que tengo que adaptar mi plan a la calidad de los jugadores, pero ellos también se tienen que adaptar a mí. Yo no los puedo convencer de algo que no siento, por eso en ese mix nos tenemos que encontrar lo más rápido posible. Pero hay algunas cosas que nunca van a cambiar en mi carrera como entrenador, hay cosas que siempre serán iguales. Tengo algunas premisas irrefutables, la primera es que yo siempre quiero el balón. Después sí, los detalles dependerán de los jugadores”

Pocas declaraciones pueden ser tan contundentes: Pep quiere el balón. Pep necesita el balón.

Ese ha sido a lo largo de su carrera el sello que lo ha marcado como a nadie. Ya hubo otros técnicos que lo querían, pero nadie que lo necesitara. Guardiola es el único entrenador que quiere el balón para todo: para atacar, para defender, para descansar, para cansar, para divertir, para convencer, para jugar, para gustar y para ganar. La pelota como medio, la pelota como fin. Pero claro, el rival también juega, y como el adversario de turno sabía que el catalán siempre quería el esférico, se lo daba; retrasaba su posición en el campo y defendía el partido allí, con casi todo su equipo a no más de 30 metros de su propio arco. En el Barcelona cuando esto sucedía estaba Messi, que era capaz de resolver situaciones a priori imposibles. Pero en el Bayern, Pep se las tenía que rebuscar constantemente para batir a la defensa contraria, y cada partido era algo nuevo. No tengo dudas que Guardiola es mucho mejor entrenador hoy, después de su paso por Alemania, de lo que era antes. Sobre todo si tenemos en cuenta que, para conseguir ganar mediante su juego, tuvo que explicarle a sus jugadores un nuevo idioma: el juego de posición.

Ese estilo que consiste en enseñarle a un futbolista de talla mundial como Robben o Ribery que, aunque no iban a tocar la pelota por 5 o 6 minutos, estaban ayudando. Que estando lejos de la jugada, en la otra banda, estaban interviniendo para que el equipo encuentre espacios que sin ellos allí sería imposible tenerlos. Por supuesto que enseñar un nuevo idioma no es fácil. Y Pep lo supo, por eso también se adaptó con sus jugadores. Porque aquí está la clave: Guardiola se adaptó con sus jugadores, no a ellos. Y mientras tanto, sus jugadores se adaptaban con él.

Y esto buscará hacer en el Manchester City, ese es su gran desafío: conseguir una simbiosis que no será sencilla. La Premier ha sido la liga de las transiciones rápidas por excelencia: es muy difícil ver muchos encuentros donde un equipo monopolice la posesión de pelota, allí se juega golpe por golpe constantemente. Aunque es cierto que hoy ha evolucionado, y lo hace con más frecuencia a través del juego asociado a ras de piso, y no mediante balones largos como antes.

Para Guardiola es un desafío personal conseguir que el Manchester City sea el Manchester de Pep. Reto tan difícil como satisfactorio puede llegar a ser el resultado, ya que esta vez hay una diferencia sustancial con sus anteriores trabajos: no debe afianzar una idea como en el Barcelona, ni evolucionar otra como en el Bayern, en esta oportunidad, Pep debe revolucionar el fútbol inglés, enseñándoles a los creadores de este deporte un nuevo idioma. Y hay que prestarle atención a una de las frases que dijo al arribar a Manchester para reconocer que el desafío también es con él mismo:

“Me podría quedar con la comodidad de seguir en el Barcelona con el mejor jugador de la historia y un equipo adaptado a jugar a una forma de jugar, o podría continuar en Múnich donde tengo grandísimos jugadores. Pero este es una gran evaluación para mí carrera, siento que es el momento indicado para probarme a mí mismo si soy capaz de convencer a estos jugadores de la manera que queremos jugar y demostrar un buen nivel. Estoy aquí para demostrarme que soy capaz de conseguir que el Manchester City juegue con mi estilo”

Sus trabajos anteriores fueron contra el mundo: en Barcelona tenía que demostrar que su elección no fue casual y en Múnich debía probarle a todos que lo que sucedió en el Barça no fue sólo mérito de los jugadores. Esta ocasión es distinta, ahora Guardiola le debe demostrar al propio Guardiola -y mientras tanto, al mundo- que finalmente estamos ante el mejor entrenador de la historia de este deporte. Y esa demostración no estará basada en los títulos, sino en el juego: ese único valor que consigue desenmascarar la verdad.

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