EL HOMBRE QUE PARÓ UNA TORMENTA

Se trataba de uno de los retos más difíciles que existen. Se trataba de no abandonar las ideas magnificas del equipo barcelonista y también, claramente, traducirlas en conquistas, porque tal estilo y tales jugadores por una razón lógica deberían llevar a eso.

La primera prueba, empezó siendo bastante alentadora: Tito Vilanova tomaría la posta de reemplazar al mejor DT de la historia del club. Y la prueba la salvó digamos, su equipo no abandonó las ideas heredadas, hizo el mejor comienzo que podía hacer un club en la historia de la Liga Española y terminó coronándose. En Copa del Rey y UEFA Champions League terminaría cayendo a manos de Real Madrid y Bayern Munich, respectivamente. No podríamos tildarla de fracaso, ya que el equipo supo jugar al fútbol de manera honrosa y sin dudas esperanzaba una continuación de lo que el propio Guardiola había dejado.

Vilanova muere a causa de cáncer y todo se derrumba. La posta seguía allí de nuevo, la tomó Martino una temporada y su equipo no fue competitivo ni agresivo. El argentino renuncia y admite no haber estado a la altura. La historia que todos sabemos. Luego de esto llega Luis Enrique, ex entrenador del Barcelona B y con un paso de poca gracia por Roma y Celta. Aun así, el Barcelona apuesta a él. Hasta el momento, el club sigue anhelando a Guardiola, el súper poderoso que hizo del Barcelona al mejor equipo de la historia para muchos críticos de este deporte y para quien escribe.

Dos temporadas después de lo relatado, Luis Enrique lo alcanzó todo, por segunda vez en la historia se hace del triplete para el Barcelona e iguala lo hecho por el mismo Guardiola, y en la segunda temporada logra todo menos la UEFA Champions League. Más allá de la grandeza que implica haber ganado tantos títulos, el mérito del actual DT del Barcelona es haber hecho un equipo duro de roer a la hora de jugar al fútbol, pero uso este término en el sentido más real de la expresión, fue duro de roer porque fue infalible en el juego. Luis Enrique no se apartó ni un punto ni una coma para lograr alcanzar lo que Guardiola sembró, logró hacer un once aplastante, que oprimió siempre a sus rivales con la tenencia del balón y vértigo ofensivo. Un equipo imbatible que logró hacer pedazos al Bayern Munich del mismo Pep Guardiola.

Seguramente y por una obvia razón, no se va a magnificar la tarea de Luis Enrique en ningún medio hegemónico, primero porque se cree que es normal con esos jugadores y segundo porque la victoria de un estilo así causa mucha rispidez admitirlo. A la hora de las declaraciones, ha sido muy consecuente a sus ideas, leámoslo: “Admiro mucho a Pep Guardiola por lo que ha hecho, es un referente para todos los entrenadores que amamos el fútbol ofensivo… Soy fan de Pep, gane o no gane la Champions.” Sin ser experto en la materia, diré que los Rolling Stones son una fantástica banda y van a deslumbrar cada día que toquen, pero los Beatles siempre serán lo más grande de la historia. Y así son el Barcelona de Luis Enrique y el de Guardiola, respectivamente.

Aplaudamos a Luis Enrique, porque él ha seguido el rumbo cierto, y algo más importante: él consiguió que los barcelonistas no vivan de Guardiola, sino que vivan del presente comiendo día a día lo que dejó Pep Guardiola.


elea

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