MOURINHO Y GUARDIOLA: LA COMPARACIÓN MÁS CRUEL

LUCIO STORTONI RUIZ

“Mucha gente se hizo entrenador porque jugó al fútbol, Guardiola se hizo entrenador porque se preparó como ningún otro”

César Luis Menotti

Siempre pensé que la persona encargada de dirigir los entrenamientos y partidos podía verse diferenciada en tres niveles: técnico, entrenador y maestro. Déjenme explicar: técnico es aquel que sólo deja resultados, pero a la hora de hacer una revisión acerca de qué dejó su estadía en un determinado club, no se puede destacar nada exceptuando en ocasiones, algún título en la vitrina. Esto es debido a que ese equipo careció de identidad y sus jugadores no se vieron mejorados en el camino.
El entrenador es el que mejora al juego colectivo y le brinda una identidad al conjunto. Tiene un estilo determinado y reconocible, pero requiere de una sinergia que se puede dar o no dependiendo de la billetera y el contexto que rodea a la institución a la cual dirige. Cuando esto se da le imprime un sello al equipo y sus jugadores rinden bien, pero al irse todo se difumina rápidamente.
Mientras tanto, el maestro se encarga de lo dicho previamente pero le suma el incalculable valor de formar al jugador. Hecho que se dice con una facilidad que se encuentra a una distancia infinita respecto a la dificultad que contiene. Porque educar al futbolista no consiste en conseguir que juegue bien, consiste en lograr que sea mejor. Obtener que domine nuevos conceptos del juego, y a raíz de esto ampliarle el abanico de posibilidades brindándole nuevas herramientas para toda su carrera. El objetivo del maestro no es que responda acertadamente al multiple choice, sino que elabore correctamente una respuesta desarrollada. Son muy pocos los que entran en esta categoría. Esa es la razón por la cual en esta escala está el técnico, el entrenador, el maestro… y luego está Guardiola. Pep dio un paso superador: además de ser un maestro, consiguió avanzar casilleros en la historia del fútbol, entrenar sin estar entrenando y jugar sin que sean sus equipos quienes lo estén haciendo. Su legado es universal porque una incalculable cantidad de personas a lo largo y ancho del mundo usan su metodología de entrenamiento y sus conceptos de juego para llevar a cabo la tarea de convencer a sus dirigidos. Quizás algún día dimensionemos que el catalán consiguió que hasta en Italia comiencen a cambiar la idea, y hoy, si uno ve fútbol de cualquier país del mundo, nadie queda exento de la búsqueda del juego asociado a ras del piso. Guardiola reivindicó el pase. En palabras de Juan Manuel Lillo “El mayor mérito de Guardiola es el pase como vehículo intencional. No es lo mismo jugar a tenerla, que tenerla para jugar. Hay mucha gente que juega a tenerla, pero ese no es el objetivo del juego. Los equipos de Pep la tienen para jugar. La finalidad es jugar y ganar”. Por eso entrena sin entrenar y juega sin jugar, porque consiguió ser un profesor a larga distancia alrededor de todo el mundo. Fue un inspirador de multitudes y nadie fue ajeno a su trabajo.

La comparación con Mourinho es mediática, y aunque es innegable la herencia que deja el portugués, es cruel compararlo con Pep. No pasa por resultados ni estadísticas —todas favorables al de Santpedor. En mi opinión los números no son relevantes, ya que éstos son efímeros, mientras que los sentimientos generados por los equipos de Guardiola quedarán en la memoria colectiva. Me remonto a aquella frase de Sacchi “La victoria podrá quedar en los libros, pero la forma de conseguirla queda en la cabeza de la gente”.

El luso es uno de los grandes entrenadores del siglo XXI, su labor ha sido estupenda y su vitrina es más laureada que la historia entera de muchos clubes. Su capacidad de convencimiento no está en tela de juicio y su don de liderazgo es fantástico. Ganar tanto no puede estar aparentado ni con la casualidad ni con la suerte: sus equipos tienen una identidad —que ha ido cambiando a lo largo del tiempo— y están convencidos de lo que hacen. Mourinho entiende a la perfección el ABC del entrenador, que es saber diferenciar al jugador bueno del no tan bueno. Sus equipos no prescinden del talento, y reducir el trabajo del portugués a algunos partidos contra el Barcelona es muy oportunista. Pero ignorar estos encuentros es faltarle a la verdad. Estos son los partidos donde hay que demostrar convicción y carácter, y en esos dos puntos perdió el duelo contra Pep por goleada. En las confrontaciones entre catalanes y madrileños, el Barcelona no modificó ni traicionó sus principios, mientras que el Real Madrid sí lo hizo. Ese es un síntoma de miedo. El catalán es el técnico más valiente con el que ha contado la historia de este deporte, por eso es cruel compararlos, porque no se puede parangonar lo extraordinario con lo irrepetible. Si Mourinho enseñaba letras; Guardiola las inventaba. O mejor dicho, las reinventaba. Fue un evolucionador que llegó a un fútbol que se había olvidado del ABC, y en lugar de únicamente rememorarlo, él creó la A2, la B2, y la C2. Modificó al fútbol por y para siempre, y equiparar a cualquier entrenador terrenal, por más magnífico que sea, con un hecho sin precedentes como éste es imposible.

Sus dichos fuera del campo forman parte del personaje, pero también hacen a la persona: mientras Guardiola decía “tengo en claro que no soy el mejor entrenador del mundo”, Mourinho se autoproclamaba como “The Special One”, y al mismo tiempo que el portugués sobre estimaba al resultado, el catalán ponía enfoque en cómo se conseguían los mismos. El propio Pep dijo el día de la victoria 5-0 frente al Real Madrid que “sólo hemos ganado tres puntos, pero el cómo quedará para siempre”. Los dichos de uno y otra denotan una filosofía distinta, pero no hay que caer en el error de pensar que son opuestos: Mourinho y Guardiola tienen muchos más puntos en común de lo que la imagen mediática de uno y otro nos hacen pensar. La verdad es que los equipos de Mou han tenido momentos de muy buen fútbol; su Real Madrid en la famosa temporada de los “100 puntos” jugaba muy bien, atacaba incesantemente, la presión era asfixiante y el fútbol desarrollado fue excelente. En el primer semestre de su segunda etapa en el Chelsea practicó un estilo de posesión y control. Hoy en el Manchester United cuenta con Pogba, Martial, Rooney, Mata, Ibrahimovic y Mkhitaryan, entre otros, por lo que dispone de una plantilla de muchísimo talento. Lo mismo en su ciclo en el Inter de Milán, cuando tenía en sus filas a jugadores como Stanković, Pandev, Cambiasso, Maicon, Zanetti, Eto´o y Milito. Por eso asociar a Mourinho con la imagen de un entrenador que antepone constantemente la destrucción por sobre la construcción, es erróneo, y una de las frases que dijo en Manchester es alentadora para el porvenir “Quiero ganar, jugar bien, marcar más goles que los rivales y encajar menos. Lo quiero todo. Esa es mi filosofía”

“Guardiola quiere mejorar al fútbol”

Johan Cruyff

Una vez dejada en clara esta ridícula antinomia estilística que ha creado la prensa, quiero terminar de afirmar mis dichos: si bien el luso es un entrenador fantástico que dejó su huella en la historia de este deporte, no se lo puede comparar con el catalán, que consiguió evolucionarlo. Mourinho hizo las cosas muy bien, Guardiola las mejoró, logro no conseguido por nadie desde Rinus Milchels en los ´70. Pep le dio un salto de calidad desde lo conceptual, lo táctico y lo filosófico: algo que nunca había pasado en la historia del deporte. Por eso me remito a mis palabras y pido que no comparemos más. Los que se quieran quedar con los fríos números y las vacías estadísticas —que si bien no mienten, nunca dicen la verdad— podrán hacerlo, y aunque ganará casi siempre el catalán, la diferencia asociada al legado y a la influencia que deja uno y otro jamás se podrá ver reflejada en ningún número, ni se podrá leer en ningún artículo: La distancia entre lo conseguido por Mourinho, y lo hecho por Guardiola, se ve cada vez que un entrenador le pide a sus niños que quieran el balón, que lo toquen, que lo acaricien, que se comprometan por jugar. La ascendencia de Guardiola se ve cada vez que estos chicos de todas partes del mundo hacen un pase en corto hacia un compañero. Y se refleja en cada oportunidad que éste se la da a otro, y éste a otro, y éste a otro en una larga cadena que desembocará en un abrazo grupal y en el balón traspasando cualquier objeto, ya sean mochilas, ropa, o árboles, que estén cumpliendo la función de arco. Porque la diferencia entre Guardiola y Mourinho no pasará por el resultado de un partido ni por los títulos obtenidos, la diferencia es que Mourinho fue el mejor, y Guardiola es eterno.

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