EL TRINCHE: MITO ROSARINO

“Parecía que la pelota lo llevaba a Carlovich, una pelota inteligente que disfruta de hacer las cosas artísticas y arrastra atrás a un futbolista” César Luis Menotti

Los grandes mitos en el fútbol poco a poco han dejado de producirse gracias a los avances tecnológicos que ayudan a documentar y tener registro de cualquier jugador en todo el planeta, pero en Rosario se encuentra uno de los últimos bastiones del romanticismo que destilaba el amateurismo de los años setenta. Su nombre es Tomás Carlovich pero todos lo conocen como “El Trinche”.

Dueño de una zurda prodigiosa y una altura que lo distinguía del resto, tenía el corazón del potrero argentino. Carecía de rapidez física, pero la tenía toda en su cerebro, y entendía el juego como pocos: «Medio segundo antes de recibir ya sabía el destino que le iba a dar a la pelota», decía. Más elegante que Fernando Redondo y con ribetes de Juan Román Riquelme, dotan de gran interés a este mito viviente. «Como futbolista tenía lo mismo que tienen los grandes jugadores», afirma Menotti quién una vez lo citó para una preselección en Argentina, pero Carlovich le dio una excusa poco convincente para no ir. Esa no fue la primera vez que desplantó a un entrenador, en sus inicios y con Griguol a la cabeza, estaba el plantel de Rosario Central arriba del micro dispuesto a viajar a Buenos Aires, pero pidió bajar a buscar un bolso que se había olvidado y no volvió más.

Oficialmente sólo jugó dos encuentro en Primera División, fueron con la institución que debutó, Rosario Central. Ignomirello, amante de la disciplina y la “revolución física”, era el director técnico en aquel entonces y decidió dejarlo libre. Según Menotti esto era un disparate, un sacrilegio. Pero a la historia del mito le vino perfecto, pues recaló en Central Cordoba, también de Rosario pero en la Segunda División. El primer partido fue un amistoso contra Sarmiento de Junín, esa noche El Trinche metió dos goles y una asistencia dejando maravillado a todos. Desde ahí en adelante el amor fue eterno: con ese equipo consiguió dos ascensos, y lo más importante, quedar en la memoria colectiva de la ciudad.

Tenía algunas jugadas registradas como el “doble caño” —hacía un caño, esperaba al rival y volvía a realizar la faena—  o acompañar al balón con su taco. Según sus dichos, la pelota es como una mujer, si se la trata bien te llevas bien con ella, de lo contrario, no.

“Esta noche juega El Trinche”, se escuchaba en las calles y bares los sábados. Una frase que se convirtió bandera, pero antes en pregunta: «¿Esta noche juega El Trinche?», decían en la puerta del estadio, si la respuesta era negativa muchos se iban a sus casas. El fanatismo llevado al extremo estaba normalizado, pues una vez en una acción de juego termina expulsado, pero fue tal la reacción de los aficionados que el referí lo readmitió en el partido. Otra anécdota que ilustra a la perfección el furor: en esa época los jugadores debían llevar su Documento de Identidad a cada partido para firmar una planilla, y un buen día Carlovich lo olvidó, el encuentro era de visita y no podría jugar, pero la comisión rival lo dejó jugar pues querían comprobar con sus propios ojos al mito viviente del que todos hablaban maravillas.

El mismísimo Marcelo Bielsa lo fue a ver durante cuatro años de manera casi ininterrumpida. Otra personalidad importante del deporte argentino que tenía admiración por él era José Pekerman, que siendo jugador de Argentinos Juniors se hacía el tiempo para ir a verlo: «Yo pensaba que el fútbol también se podía jugar de esa manera, decir jugamos para ganar, pero es más importante el que juega mejor y admirábamos al talentoso y queríamos imitar al que jugaba bien». Tan arraigado está en la cultura popular rosarina que cuando Diego Armando Maradona se presentó como jugador de Newell’s, un periodista supo decirle que era el mejor jugador del mundo, a lo que el 10 respondió que el mejor del mundo estaba en rosario y se llamaba Carlovich.

Tal y como un rapsoda recitaba poesías épicas en la Grecia Antigua y se iban deformando con el boca a boca, en Rosario, siglos más tarde, pasó algo similar: mucho se sabe del Trinche, pero no todo suele ser verídico. Le adjudican pasión por la noche y la bebida que, según él, no es verdad. Algunos le dicen vago. También lo han convertido en un gran pescador, y él sostiene que no sabe pescar.

Todo héroe mitológico necesita una batalla épica para mostrarse frente al pueblo y demostrar sus poderes: a Carlovich le llegaría el turno en 1974. La Selección Argentina, antes de irse al Mundial de Alemania, jugaría contra un combinado rosarino que se conformaría con cinco futbolistas provenientes de Rosario Central, cinco de Newell’s y el restante Tomás Carlovich. El seleccionador de Argentina, Cap, preguntó «¿Quién es ese?», pues no lo conocía; una hora más tarde tuvo que pedir el cambio de “ése”, pues estaba humillando a sus colegas rivales. Fue la figura estelar, sin importar que a su lado jugaron figuras de la talla de Mario Kempes u Obberti. Aquella gran noche demostró que no jugó en primera porque no quería…«Yo entré a la cancha, miré hacía los costados y ves 30.000 personas: te enloquecés, querés tener la pelota siempre vos, no se la querés dar a nadie», dice sobre su gran prueba de fuego.

Un hombre nacido para estar en un campo de juego, su lugar en el mundo, pero no para los esfuerzos que conlleva ser futbolista. «A Carlovich le gustaba más jugar al fútbol que ser profesional», reflexionó Menotti sobre nuestro mito, y Pekerman lo sintetiza perfectamente arguyendo que «Era un artista encerrado en una jaula». Un claro ejemplo es lo difícil que le fue acostumbrarse a jugar con botines; intentó todo, desde trapos con alcohol hasta rasparlos en el suelo. Incluso iba a hacer los mandados en botines. Terminó por mandarlos a cortar.

Hace más misterioso aún a este personaje que el único registro fílmico sea una finta en una película. En “Se acabó el curro” sale de espaldas en un encuentro ante Deportivo Merlo, donde haría un gol. Por ende se lo puede llamar “el jugador fantasma”, pues de él sólo sabremos mediante el boca a boca y los recuerdo de aquellos afortunados que pudieron verlo pisar el césped de las canchas del ascenso.

Otras instituciones que han tenido el privilegio de verlo con sus colores fueron Colón de Santa Fe e Independiente Rivadavia de Mendoza, en este último también tuvo la posibilidad de jugar para un combinado provincial. Esta vez contra A.C. Milán, y sin tanta relevancia periodística; fue 4:1 a favor de los argentinos y con baile. No hizo un gol, pero según él “se divirtió un poco”, y los italianos estaban muy enojados, incluso llegaron a querer lesionarlo. Este encuentro fue en 1975 o 1976, porque con El Trinche todo es así, estimativos apelando a la buena memoria de alguien o con suerte algún que otro recorte de diario salvado, como el siguiente: “….el excepcional espectáculo ofrecido por un jugador, un verdadero crack, que brindó una exhibición de jerarquía, con jugadas que arrancaban ovaciones. Tomas Felipe Carlovich, de él se trata…”lleno de fútbol la cancha”.

En las pocas entrevistas que le realizaron, cuando le preguntan por un ex jugador, antes de decir que era bueno futbolisticamente suelta un «gran persona que es lo mas importante», y nos da una certeza de la veracidad de su historia: Carlovich es un hombre sencillo, que no necesitó de las grandes luces ni los mejores estadios para brillar. Incluso algunas declaraciones suyas nos dejan mucho para reflexionar, por ejemplo cuando afirma que para él jugar en Central Córdoba fue como jugar en Real Madrid, también cuando dice que en el potrero o ante 40.000 personas jugaba con las mismas ganas.

Siempre ha considerado al fútbol como una expresión natural, artística. Dos frases nos pueden ilustrar lo dicho precedentemente: «Acá, en la actualidad, el que tira un caño es un atrevido, hasta un referí te protesta que no hagas eso. O haces un sombrero y te dicen “eh”, no entiendo más nada, si esto es un espectáculo», y «Yo soy un convencido de que al jugador le tenes que dar la pelota».

Tiene todos los componentes que lo erigen como un mito urbano, como un héroe épico, y él desea morir en su ley: «Si alguien me dice “jugás 45 minutos y te vas”, yo firmo ya». Si alguna vez firma su sentencia de muerte, ahí estaré con una bandera que diga “ESTA NOCHE JUEGA EL TRINCHE”.


gon

 

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