ATHLETIC CLUB BILBAO – F.C. BARCELONA: “SÓLO LOS MEDIOCRES NO ASPIRAN A LA BELLEZA”

LUCIO STORTONI RUIZ

Hasta el 6 de noviembre del 2011 el Fútbol Club Barcelona era un equipo cuya única incertidumbre antes de comenzar un encuentro era cómo iba a ser el resultado, porque sabía que el juego sería suyo. Sea de local o de visitante, día soleado o lluvioso, en el Santiago Bernabéu o El Sadar, Liga, Copa o Champions, equipo millonario o equipo humilde, todo era igual: cada vez que el conjunto catalán jugaba un partido, el rival se replegaba y esperaba un milagro. Se apelaba a la puntería ya sea desde la pelota parada o algún contragolpe, porque era impensada, insensata y hasta inocente la idea de salirle a jugar al Barcelona “de tú a tú”. Se consideraba ingenuo el concepto de no negociar los ideales contra los Culés, y era implícito cambiar el sistema y el estilo, ya que supuestamente ésa era la única forma de ganarle. Pero ese día de noviembre del 2011, todo cambió.

“Creo que ha sido un partidazo, hay que felicitar al entrenador y a los jugadores del Athletic por el partido que han hecho. Nunca en mi vida jugué contra un equipo tan intenso, tan agresivo y que nos cediera tan pocos espacios como éste. Lo más importante es que todo el mundo ha disfrutado de este maravilloso espectáculo que los jugadores han dado. Estoy satisfecho ¿cómo no voy a estarlo?, con el espectáculo que dieron estos futbolistas, con esa honestidad de correr unos para ganar y los otros para ganar… todos queremos salir victoriosos en cada partido, pero cuando uno se comporta así, pocas cosas más que decir. Hay que evaluar contra quién hemos jugado, es de los mejores partidos que me tocó dirigir. Cuando los dos equipos se dedican a ganar los partidos, el fútbol es hermoso. Cuando los dos van, los espectadores salen beneficiados, ha sido un canto al fútbol”

Josep Guardiola

La cita ocurrió un domingo en San Mamés, en un fin de semana donde el clima no dio tregua ni por un segundo. Como dijo Robinson —comentarista de Canal +— “el campo no tenía derecho de comportarse tan bien”. Ese día los libretos cambiaron, el compromiso con el juego fue el valor fundamental: ambos equipos quisieron ganar jugando, fue un partido entre nobles donde lo que estaba en disputa era el honor de ser el mejor, pero no a cualquier costo: el reconocimiento se lograría a raíz de un juego genuino, siéndole fiel al espectador y respetando al juego en sí mismo. Partidos como éste no sólo le dan sentido, sino que enaltecen al fútbol; el contenido táctico fue extraordinario y el esfuerzo de ambos equipos emocionó, pero, como decía Menotti “Una cosa es emocionar, y otra sensibilizar”, y lo que tocó las fibras más sensibles de todos los aficionados del fútbol fue el insuperable contenido estético que tuvo este encuentro.

Aquí se puede observar un campo intransitable, pero también un compromiso irrenunciable a jugar. Fue realmente admirable, y lo más destacable es que las acciones exhibidas no fueron hechos aislados: esto fue un patrón pronunciado a lo largo de los noventa minutos.

Quizás algún día dimensionemos la importancia histórica que tuvo este suceso, porque hay que recalcar que ese Barcelona no era el de hoy: ese equipo blaugrana era insuperable en el juego y nadie se le animaba siquiera a plantarse. Emanaba un aire de superioridad que ningún rival se atribuía a discutirle, era la mujer inalcanzable a la cuál no hay hombre con la valentía suficiente para hablarle. Incluso un Real Madrid con Özil, Cristiano Ronaldo, Benzema, Di María y Xabi Alonso se dedicó a no-jugar, replegándose y disputando —no jugando, sino disputando— el encuentro con una agresividad que rozaba la deslealtad. Pero luego de que Bielsa le faltó el respeto, las cosas cambiaron: de repente algunos abrieron los ojos y se dieron cuenta que esa mujer no era imposible de conquistar. Por supuesto que esto no significó que todos los clubes del mundo le jueguen de igual a igual, pero sí tanto los más pudientes económicamente como los más convencidos ideológicamente se dieron cuenta que el Barcelona no estaba en su mejor momento, y se animaron a desafiar su supremacía aunque sea por unos minutos. Sólo basta recordar que unos meses después el mismo Real Madrid le jugó en la Copa del Rey un partido sin complejos, superando por momentos al equipo de Guardiola. El encuentro jugado entre el Athletic y el Barcelona, marcó un antes y un después.

Achicar espacios desde una presión alta y poblar el área rival de jugadores propios son dos atributos que un equipo que busca y desea el protagonismo debe tener. Y éstos son siempre valorables, pero toman una relevancia mayor cuando se ven esgrimidos ante el Barcelona. Bielsa no hizo lo que se hace usualmente, que es esperar el error contrario: el entrenador argentino eligió provocarlo, arriesgándose a tomar e incorporar los riesgos como parte de su juego, porque así debe ser. “El fútbol es una maravillosa excusa para ser feliz” y cada vez que uno escribe algo relacionado a este deporte es una maravillosa excusa para citar a Menotti, quién decía que “Los entrenadores no nos podemos arrogar el derecho de quitarle al espectáculo el sinónimo de fiesta a favor de un argumento filosófico sin sustentación, que es el de evitar riesgos. No hay ningún sistema que evite riesgos. Si fuese por evitar riesgos uno no se enamoraría por miedo a que lo traicionen ni tendría amigos por miedo a que lo defrauden. La única manera de evitar riesgos es no jugando”. Y el equipo de Bielsa le hizo honor a éstas palabras. Jugó con una valentía y un coraje digno de un grande, dando ejemplo de cómo se deben encarar estos partidos: jugando.

“Me lamento de no ganar por la cercanía con el final a la hora del gol rival, pero no hubiese sido justo ganar el partido, el empate se corresponde con lo sucedido. El partido fue parejo, pero los esfuerzos que a cada uno de los equipos le exigió esa paridad muestran al nuestro más conmovedor porque la entrega fue máxima. A mí me asombra que hay un hombre libre a 50 metros de quien tiene el balón, y uno dice ‘es imposible que llegue’ y de un sólo pase la hacen llegar. Recuperan la pelota, están rodeados y usted dice ‘Es imposible que salgan’ y milimétricamente la pelota filtra y sale. El campo está intransitable y juegan con pases dentro del área… son cosas que no son habituales, tienen que ver con la calidad de los futbolistas y con el desarrollo de una idea que es realmente asombrosa. No digo esto para agigantar nuestra producción, sino como un reconocimiento, porque uno está afuera mirando y de tanto observar fútbol ya tiene una intuición respecto del destino que tienen determinadas pelotas del equipo rival en un sector del campo viendo la escenografía de ese lugar: cuánta gente hay, si están presionados, si no están presionados… pero a ellos les da lo mismo”

Marcelo Bielsa

La expresión futbolística alcanzada por el Barcelona ese día fue fantástica: en estos partidos hay que demostrar grandeza y convicción, y vaya si el Barcelona lo hizo. Representó a su gente de una manera conmovedora. Valdano aseguraba que cuando uno perdía el estilo perdía todo, y el Barcelona no sólo que no lo perdió, sino que nunca se planteó perderlo. Su estilo y su identidad eran valores innegociables y aún genera cierta nostalgia el compromiso que tenía ese equipo consigo mismo. Porque esos once futbolistas jugaban para no decepcionarse a ellos mismos, y ésta afirmación se extrapola a los jugadores vascos: ese día se podía ganar o perder, pero no valía traicionarse para ello, porque, como también decía Valdano, “Ganar queremos todos, pero solo los mediocres no aspiran a la belleza.”

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