DEFENSA Y JUSTICIA – RIVER PLATE: “EL MAYOR RIESGO ES NO ARRIESGAR”

LUCIO STORTONI RUIZ

“Yo no concibo el fútbol sin protagonismo. Tengo una atracción exagerada por la victoria, y el protagonismo es el mejor camino para acercarse a ella.”

Marcelo Bielsa

El fútbol es un deporte que cuenta con la particularidad de poder conducirte hacia diferentes emociones: un partido puede aburrir cual ecuación matemática, divertir como un juego en la niñez, emocionar como las palabras de un ser querido, y sensibilizar como la canción más profunda. Pero hay algo que es seguro: el fútbol no se creó para aburrir.

El partido que se vivió entre el equipo de Holan y el de Gallardo fue, parafraseando a Guardiola, un canto al fútbol. El encuentro dejó al descubierto todas las razones por la cual este deporte es tan apasionante y nos lleva a elegirlo diariamente por sobre otras actividades: divirtió, emocionó, sensibilizó y conmovió. Tuvo todo. Alguna persona dirá que ambos equipos defendieron mal, yo prefiero quedarme con que ambos equipos jugaron muy bien. Para el técnico del club de Varela “si hubo errores defensivos de parte de los dos equipos, se debió a que fueron forzados por los ataques”, desde mi humilde posición me suscribo a este pensamiento. La valentía con la cual contaron ambos equipos fue realmente admirable, ambos conjuntos fueron honestos con ellos mismos: jugaron para ganar, pero no a cualquier precio. Nadie se hace jugador de fútbol soñando con dar una patada a un rival o meter un pelotazo a la tribuna, el sueño de todo niño con aspiraciones a futbolista es hacer una gambeta que levante al público de sus asientos, una asistencia que sea sinónimo de belleza, un gol que consiga emocionar a su gente, robar un balón que recupere el alma al cuerpo de los hinchas o hacer un milagro bajo los tres palos. En este encuentro los veintidós jugadores se comportaron como el niño que supieron ser, y como todo niño jugaron de forma seria, porque los chicos también quieren ganar.

“Construir en terreno de imponderables demanda una complejidad mayor a la de destruir, por el simple proceso que conlleva. Dos pasos son necesarios para demoler una obra, detectar los puntos débiles a explotar y llevar a cabo dicha ejecución. Crear algo, en cambio, requiere de diseñar la idea, modelar la metodología para llevarla a cabo, planificar planes de contingencia ante las incertidumbres que alterarán el camino, y finalmente ejecutar dicha idea. El proceso de construcción adquiere un grado de dificultad más cuando todo el avance logrado durante seis meses se desvanece por la fuerte brisa de transferencias que sacude al equipo de Florencio Varela al finalizar cada torneo. Las bases que sustentan toda la obra deben partir, la obra colapsa, y el rearmado comienza de nuevo. Parece una tarea en vano al saber que arduos meses de trabajo y de riesgos afrontados, no tendrán continuidad. Pero es que Holan es como aquel niño que va a la playa a construir su castillo de arena. Sabe que todo el esfuerzo y las horas dedicadas a ello se esfumarán delante de sus ojos cuando la marea suba, un viento arrase, o un simple despistado camine sobre ella. Pero es que el niño disfruta del proceso y de la fugacidad de ese momento en que su castillo toma forma y se siente propio (aunque nunca lo considere terminado). Lamentablemente la marea del mercado de pases llegará una vez más, pero estos equipos de Defensa y Justicia han trascendido las fronteras de lo racional, adentrándose en lo más profundo de la esfera emocional, consiguiendo el título más importante de todos: romper con un paradigma.”

Martín Albiñana – @ptdfa_ok (Pizarra Táctica)

El partido fue parejo, pero claramente si ponemos en una balanza la emotividad que produjo esa paridad entre uno y otro Defensa y Justicia gana por un amplio margen. La lucha semestral de Holan para reconstruir su equipo, sumado al infinito poder de convencimiento que emanan los mismos cada día deja indiferente a menos gente. Lo hecho por el entrenador del Halcón de Varela me genera sensaciones que nunca había sentido antes en el fútbol argentino. Disculpen el personalismo, pero quien les escribe había perdido la fe en este fútbol desde hacía bastante tiempo, ya no veía un partido con la expectativa de poder llegar a ver algo único o irrepetible, pero cuando apareció Holan, apareció mi ilusión. Derribó mitos instaurados en el país, como aquel que afirmaba que el buen fútbol era de uso exclusivo de los más poderosos y aquellos clubes que no contaban con una amplia billetera debían encomendarse en la tarea de sacar puntos de “cualquier manera”, pero el flamante técnico de Defensa y Justicia —para nuestro regocijo— se negó a elegir una meta sin saber cómo llegar a ella: marcó un camino, un modo, un estilo. Este último está emparentado directamente con el trabajo que menciona Martín —a quien aprovecho para agradecer por las invaluables palabras que tuvo el gesto de concedernos— en la cita anterior: es decir, el trabajo vinculado a la creación. Porque en este fútbol “moderno”, la gran evolución está en comprender que la elaboración no sólo se sustenta en la inspiración, sino que también se basa en el trabajo diario y la consolidación de una idea. Por eso Holan no es un técnico cualquiera, Holan es un maestro que mejora a sus jugadores hasta niveles que parecen previamente inalcanzables. Desenmascaró la mentira.

Si bien el comienzo no fue fácil por los motivos ya mencionados,—perdió a más de la mitad del equipo titular del torneo pasado— con el agregado del difícil fixture que le tocó, poco a poco se está viendo de forma más nítida la idea del entrenador y el reflejo se ve en el juego, que cada vez se parece más a lo que pretende Holan. Si bien tuvo un flojo comienzo ante Rosario Central, ya en su segundo partido contra San Lorenzo tuvo varias ocasiones de peligro que no supo concretar y en el siguiente encuentro jugó un gran segundo tiempo ante Racing. En medio de esta dinámica positiva le tocaba enfrentar a River Plate en un partido que podía significar algunos pasos hacia atrás o una enorme profundización ideológica. La historia dirá que jugó un partido de igual a igual, sin complejos y con una valentía inusitada. La búsqueda del arco contrario fue constante, y la primera parte se cerró con un justo 2-2, pero por un largo tramo del segundo tiempo se vio sometido ante el adversario —algo lógico teniendo en cuenta las diferencias económicas entre un club y el otro—, aunque pudo sacar a relucir toda su convicción en los últimos quince minutos del encuentro, donde mereció hacer uno y dos goles. Finalmente, la cifra goleadora del Halcón cerró en tres tantos.

Por el otro lado está River Plate, el equipo de Marcelo Gallardo: el Muñeco no consiguió dotar a sus dirigidos de una idea irrenunciable como supo hacer Holan, pero sí llevó al equipo millonario a ganar una gran cantidad de títulos, y si bien fue intermitente, tuvo partidos de muy buen fútbol. Su primer semestre está directamente empedernido con un juego estético y eficaz que contaba con una presión asfixiante y un audaz manejo del balón, alternando momentos de mayor y menor verticalidad, teniendo más preponderancia los primeros. Hasta que llegó la eliminatoria en la Copa Sudamericana ante Boca, el eterno rival: en esa contienda la institución riverplatense modificó el plan habitual y apeló a un estilo más físico centrado en la destrucción y no en la construcción. De esa manera eliminó a los xeneizes. Luego venció a Atlético Nacional en una correcta actuación global, donde si bien no brilló, no fue superado en ninguno de los dos partidos. La Copa Libertadores del año siguiente la ganaría con una tónica similar y un patrón muy claro: no deslumbró pero jamás se vio rebasado ni sometido por el rival. Luego de ese torneo en cual el equipo del Muñeco salió victorioso, tuvo un flojo año en el que las actuaciones destacadas se cuentan con los dedos de una mano.

“Se vio un buen espectáculo y eso es positivo para el fútbol argentino”

Marcelo Gallardo

Ya al comienzo de este semestre se esperaron grandes cosas del conjunto de Núñez, tanto por sus actuaciones en la Copa Argentina como por su goleada ante Banfield, y aunque de a poco se fue difuminando, sería injusto perder la ilusión ya que no se puede ignorar a quién enfrentó: primero fue un Talleres recién ascendido en Córdoba, en un contexto desfavorable para el visitante; luego a un San Martín de San Juan que ha jugado bien al fútbol demostrando ser cosa seria; y ahora le tocaba visitar a un Defensa y Justicia que venía in crescendo desde el comienzo del torneo. El primer tiempo ante el equipo de Holan estuvo definido por momentos: hubo ratos donde Defensa se mereció más, y en otros River hizo lo propio. Fue, como dijo el entrenador local “palo a palo”. No hubo un dominio claro para ninguno de los dos equipos, pero lo que sí fue claro es que ambos buscaban el gol y la victoria con honestidad y grandeza. Ya en el segundo tiempo el conjunto riverplatense fue superior, y esta superioridad se vio plasmada en los primeros treinta minutos, donde logró convertir un gol. Pero después de esa media hora fue todo del club de Varela, aunque hay que remarcar que River no se metió atrás, la expulsión del Pity Martínez impulsó al local —quien ansiaba la victoria como un grande—, y por ello el equipo de Gallardo se terminó refugiando en su campo. Un hecho que marca a las claras que el repliegue no fue voluntad propia, sino potestad ajena es que el técnico millonario le dijo a Lucas Alario luego del tercer gol “el próximo lo hacés vos”.

Ambos conjuntos derrocharon valentía, y cuando eso sucede el fútbol se eleva a su máxima expresión: es difícil encontrar mejores antecedentes futbolísticos que este encuentro. Nada garantiza el éxito porque el mismo es circunstancial: la victoria es una variable, pero la intención es una constante, y bajo ésta hay que comenzar a evaluar a los equipos: primero la intención, luego la ejecución, y por último el resultado. En esta oportunidad la intención y la ejecución de los dos fue sublime, por eso el marcador final no fue engañoso: el 3-3 representó con fidelidad lo ocurrido en Florencio Varela. La grandeza fue un valor innegociable y desde el juego se vio un espectáculo sin precedentes. Si hay una palabra que resuma lo ocurrido esa noche es nobleza: nobleza en la aspiración constante de la victoria, nobleza en los recursos utilizados para llegar a la misma, nobleza en la lealtad que emanó cada jugador con el niño que fue, nobleza en la honradez que tuvieron con el futbolista que son, nobleza que mantuvieron a la hora de conmover al espectador, y por sobre todas las cosas, nobleza a la hora de enaltecer al juego.

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