EL RESULTADISMO DEL BUEN JUEGO

LUCIO STORTONI RUIZ

Valdano decía algo así como que hay partidos que no nos despegamos de la pantalla, otros que los vemos mientras hacemos otra actividad, y otros que casi no les prestamos atención. En mi caso el encuentro que se dio en tierras peruanas pertenece a la segunda categoría: el partido estaba de fondo en un segundo plano que sólo se convertía en primero de a ratos, especialmente cuando el relator me hacía saber con sus gritos de euforia que una situación se estaba gestando: en ese momento giraba el cuello, y mantenía la vista sobre la pantalla de la televisión. Una vez que la oportunidad se disipaba, mi mente se enfocaba en otra cuestión. Por eso vale aclarar que el partido en sí no es el eje del artículo, pero lo que sucedió luego del mismo sí: a lo que me estoy refiriendo es a la inusitada cantidad de comentarios en contra de Bauza. Críticas de un perfil destructivo, haciendo referencia al mal juego mostrado por la Selección Argentina. Vale aclarar que aún sin ver los noventa minutos, no fue difícil reconocer que esto era cierto, realmente Argentina jugó mal. Pero ese no es el punto: el punto es que se está gestando —o ya se gestó— una corriente tan detestable como el resultadismo: el “buenjueguismo”. Esto es básicamente una interpretación acotada y burda de lo ocurrido en el terreno de juego que concluye en dos posibles resultados: Jugó bien, o jugó mal. Sin contextualizar por qué jugó bien o por qué jugó mal. Esto también es resultadismo, porque evaluar sin analizar no es evaluar, es reducir. Omitir factores que tienen una alta importancia y constituyen lo apasionante del juego es un acto de simplificación erróneo, que sólo puede desembocar en reflexiones aún más equivocadas. En este caso no se puede ignorar que a la Selección Argentina le faltaba Messi, y que apenas tiene dos o tres días de entrenamiento. No ignoro que ante la falta de tiempo se requiere de una mejor interpretación, y que hoy el trabajo del seleccionador debe ser brindarle al equipo una matriz conceptual clara y elegir con eficacia a los intérpretes que mejor puedan dar vida a esta idea, y tampoco desconozco que con cuatro delanteros y dos volantes de contención no complementarios, poco se puede pedir en cuanto al juego, y fue un error del entrenador elegir a estos futbolistas para desempeñar la tarea. Pero esto lo sabe cualquier persona que tenga mínimos conocimientos respecto al tema del cual estamos hablando, y creo que Bauza —y cualquier entrenador de fútbol— sabe esto y mucho más.

Por eso el meollo del asunto es: ¿Por qué Bauza eligió poner a cuatro delanteros y dos volantes de contención? La respuesta sólo la puede dar él, pero es evidente que no se trató de un planteamiento defensivo. Al menos desde el vamos, un equipo con Agüero, Higuain, Dybala y Di María, no busca resguardarse en su campo y esperar un milagro. Nos cansamos de decir que el fútbol es de los jugadores y en este caso los elegidos fueron futbolistas de buen pie.

Desde el humilde análisis previo que puedo llegar a dar, mi opinión es que probablemente el técnico de la Selección Argentina pensó un partido de mayor dinámica, más ida y vuelta, y un juego donde haya más espacios para atacar. En un contexto así es lógico pensar en estos intérpretes, puesto que en el famoso “golpe por golpe”, lo natural es que el talento se anteponga a la táctica, ya que en los últimos metros del campo un regate rompe con cualquier sistema defensivo, y tanto Agüero como Dybala y Di María son perfectamente capaces de ejecutar una gambeta si cuentan con el espacio suficiente, y lo normal es que la misma cause peligro en la defensa rival. Ojo, esto es simplemente una teoría, ya que no hablé con Bauza como para saberlo, pero se deja intuir que la idea era esa. La otra variable es depositar toda su confianza en duelos individuales entre los cuatro atacantes argentinos contra la defensa peruana, y esto tampoco es descabellado.

Sea lo que sea, es evidente que no salió: Bauza se equivocó como cualquier ser humano lo puede hacer. El problema aquí es que su nombre es Bauza, y cuenta con un currículum que lo hace ver como un técnico “resultadista”. Si podemos diferenciar el mundo futbolístico entre “Bilardistas” y “Menottistas” (detesto estas divisiones), se podría decir que el actual técnico del seleccionado argentino está vinculado al primer grupo, y eso genera que la crítica se acentúe. Si el entrenador fuese “del otro bando”, los cuestionamientos estarían vinculados con un “mal resultado” —que quizás hoy para algunos sea bueno, porque justamente el entrenador pertenece a “su bando”. Y yo me pregunto: ¿Qué diferencia hay entre criticar a Bauza —descontextualizando las dificultades de ser seleccionador en un conjunto donde todos los jugadores viven en ecosistemas distintos— por no conseguir de inmediato un buen juego, y criticar a Holan —descontextualizando las dificultades de rearmar un plantel cada seis meses— por no ganar todos los partidos?

Mientras el debate siga siendo tan vacío como blanco o negro, jamás encontraremos una conclusión que nos haga dar un paso hacia adelante en búsqueda de una identidad. Despojarse de prejuicios es el primer paso. El segundo es dejar de ver el fútbol como una ecuación matemática cuyas incógnitas son: Ganó o perdió / Jugó bien o jugó mal. Al menos a mí me genera una gran desazón ver que estamos cada día más lejos de conclusiones integrales que tengan en cuenta los cinco interrogantes: ¿Cómo (queremos jugar)?, ¿Quiénes (son los jugadores)?, ¿Qué (modelo se adapta mejor a este mix)? ¿Por qué (elegimos este plan por sobre otros)?, y ¿Para qué (hacemos esto)?

La respuesta al último interrogante será: Para jugar bien y ganar. Porque ambos son resultados. Tanto el marcador como el buen juego son la culminación de una serie de razones y motivos que jamás deben ser ignorados, porque si se le da la espalda a un análisis profundo, se le da la espalda al fútbol. Y si seguimos dándole la espalda al fútbol, todo intento de formación de identidad se verá frustrado en poco tiempo, puesto que los resultados son efímeros y transitorios, mientras que los procesos se pueden mantener en el tiempo otorgando un aprendizaje que sirva como instrumento de evolución.

2 comentarios sobre “EL RESULTADISMO DEL BUEN JUEGO

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