DENLE PELOTA A LOS PIBES

GONZALO GARCÍA

Si en algo se caracterizó Argentina es en ser el ´semillero del mundo´ al tener los mejores talentos jóvenes, tal vez sólo comparados con los de nuestro eterno rival Brasil. Pero desde el año 2001, con la partida de José Néstor Pékerman, nuestro país ha abusado del talento innato que crece en sus tierras y no lo alimentó. Los jóvenes son pervertidos desde el ciclo iniciático con mensajes que carecen de conceptos formativos y se asemejan a las urgencias que conocerán en Primera.

Conforme transcurrió el tiempo, en nuestro país se ha ignorado y rebajado esta labor que es sustantiva para el progreso de todo jugador: si un tronco sale torcido es imposible que se enderece. Esto ocurre con los futbolistas, hay conceptos que necesariamente deben adquirir en las divisiones inferiores para poder evolucionar y, una vez en Primera, poder realizar tareas más complejas. Un hombre de veinticinco años no puede ir a la universidad si no pasó por la primaria y secundaria: lo mismo es en el fútbol.

Fernando Signorini, en el recomedable libro “Fútbol, llamado a la rebelión”, detalla como en las divisionales de los más importantes clubes de Argentina priorizan el resultado por sobre la enseñanza, así elegían para sus filas a jóvenes con un físico ventajoso para la práctica del deporte; de este modo campeonaban y eran felices con sus estadísticas. Claro, era pan para hoy y hambre para mañana, pues aquellos equipos que tenían jugadores aún no tan desarrollados progresaban en mayor medida, y cada vez más crecidos las diferencias corporales se achicaban, quedando expuestas las diferentes jerarquías. Otra voz más que importante como la de César Luis Menotti escribió en 1979 que los responsables de las divisiones inferiores deberían pensar menos en ganar campeonatos y más en darle fundamentos completos a los aspirantes a futbolistas.

Queda expuesto un claro problema como es el éxito instantáneo, aunque superficial y efímero, pues no es lo importante en la etapa formativa. Ser campeón es un detalle. Incluso muchos son los que tienen por idea que los niños deberían jugar sin tabla de posiciones, sin puntos y, naturalmente, sin campeón.

Pero no es el único inconveniente; hay uno muy particular y propio de nuestro país, aunque también de gran parte de Sudamérica, que es la pobre infraestructura para que los niños se desenvuelvan. En algunos casos es por la poca capacidad monetaria de las instituciones, pero en otros es por la mínima importancia concedida a las etapas formativas. Adolescentes practicando con elementos limitados, en campos de juego más que dañinos y sin la cantidad de profesionales adecuados que sigan sus progresos.

Mas no debemos dejar de mencionar un aspecto insoslayable, que es el de los entrenamientos; durante muchos años hubo una sobrecarga en la parte física de los jóvenes, así depreciaban su cuerpo. Mucho trabajo anaeróbico con maquinarias y peso, seguramente influenciados por la escuela italiana que era preponderante en la década del noventa y hasta los primeros años del nuevo siglo, dando suma preponderancia al físico y muy poca al fútbol. Con el boom español puede que el paradigma de los entrenamientos en los juveniles haya cambiado o, al menos, comenzado a cambiar, y se volvió a priorizar al balón, al juego y a los ejercicios aeróbicos. No obstante, debemos recordar que a nuestro país lo moderno suele llegar tarde y, sobre todo, mal. No es simplemente copiar y pegar las acciones del viejo continente sino también saber adaptarlas a nuestra idiosincrasia y economía.

En la actualidad desde la AFA mandaron un mensaje muy claro con la arbitraria —por no decir espuria— designación del cuerpo técnico de las juveniles. Nunca está demás recordar que se presentaron 44 proyectos, entre los que se incluían Menotti o Vivas, de los cuales se iba a elegir a un ganador: pero el nuevo entrenador no estaba en ningún proyecto. De esta manera nada puede cambiar, pues en esta conformación piramidal de poder debe haber un derrame de seriedad: si la punta, que es la AFA, no es seria y baja un mensaje esperanzador de credibilidad y trabajo no podemos esperar absolutamente nada del resto. La causa de los pésimos entrenamientos, de los mensajes malignos, del desconocimiento o del destrato a los jóvenes es culpa de una década y media de olvido: se olvidaron de los pibes, no les dan alas para volar, entonces se chocan rápido.

En 1974 César Luis Menotti revolucionó las juveniles de argentina, ése fue el gran cambio. El segundo apellido importante es Pékerman, quien estuvo desde 1995 hasta 2001, luego vino Tocalli pero no fue lo mismo. Con los años se deformó tanto que llegó a dirigir la prestigiosa juvenil argentina Humberto Grondona, el nefasto hijo de que nunca hizo méritos para ocupar el banquillo, y hoy seguimos dejando vacante un lugar tan sensible para la reconstrucción del fútbol argentino: si no se crea una buena estructura no se puede seguir edificando.

Por favor les pido: Denle pelota a los pibes.


gon

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