SER Y PARECER

LUCIO STORTONI RUIZ

“Mi título más importante es que mis jugadores mejoren”

Josep Guardiola

“No perdonaré al que no entregue su cuerpo y su alma al club”
Diego Simeone

En el fútbol y en la vida, los seres humanos solemos caer en el error de evaluar a quién le pasa, en lugar de qué pasa. No reaccionamos igual ante el mismo hecho si lo hace un amigo o una persona con la que no tenemos afinidad. Hay dos ejemplos actuales que lo evidencian con suma claridad: el Independiente de Milito y el San Lorenzo de Aguirre. ¿Por qué digo esto? Por un sencillo motivo, ¿Qué pensarían de cada equipo si estuviesen los entrenadores invertidos? Imaginen un segundo que Milito es el que dirige al Ciclón… ¿No es mucho más placentera la imagen?

Cuando llegó Aguirre a San Lorenzo la sensación que había en los medios era que “Volvió el estilo Bauza”, y enseguida la mayoría —y me incluyo— caímos en el error de prejuzgar y presuponer que el club de Boedo iba a tener un juego más mezquino, alejado de la figura que dejó Guede en sus primeros partidos donde se jugó verdaderamente bien aunque los resultados no hayan acompañado al proceso. Al mismo tiempo, cuando Gabriel Milito asumió el cargo en Independiente se generó la expectativa del “Nuevo Menotti”. Su afinidad con la corriente guardiolista impuso la expectativa de que El Rojo iba a volver a la época de Bochini, desempeñando un fútbol audaz donde la tenencia de balón fuese el medio del buen juego, pero resulta que los papeles se invirtieron: San Lorenzo está jugando muy bien —curioso, cuando un equipo juega bien nadie se pregunta “¿qué es jugar bien?”— e Independiente es un equipo apático, que tiene una idea pero no sabe como implementarla. Con estas palabras no quiero decir que Independiente es el peor equipo del país y que el entrenador se debe ir, lo que trato de exponer es que si el técnico no fuese Milito, sino Pellegrino, le lloverían críticas por todos lados. Porque si bien sentirse parte de una minoría siempre genera el orgullo de la autenticidad, la realidad es que si el espectador promedio se divide en dos grandes bandos, ninguno de los dos es minoría ante el otro, o al menos no hay demasiada diferencia, sólo que la voz opositora siempre suena más fuerte. También quiero remarcar que la opinión generalizada sobre Huracán y Caruso Lombardi sería mucho más cruel y crítica si el entrenador fuese Ángel Cappa, ya que se daría a entender que es un equipo ingenuo, violinista, o algún calificativo de ese calibre para explicar los malos resultados. Por eso es llamativo pensar que ambas corrientes comparten el mismo defecto: dejarse influenciar por las etiquetas, es decir, juzgar de quién viene sin ver lo que ocurre en el césped o en los números, dependiendo de cada filosofía.

Las etiquetas afectan a tal punto que estoy convencido que si Guardiola cayera en el lugar común de que “hay que ganar como sea”, tendría muchos más adeptos y nadie cuestionaría luego de cada derrota su supuesta ineficacia. Ya que vale aclarar que luego de la caída ante el Barcelona, el propio Bauza cuestionó el estilo empleado por el técnico catalán, hecho que me sorprende porque nunca lo escuché dar su opinión luego de que Simeone pierda por goleada —suceso que ocurrió en varias ocasiones— ante el club blaugrana. El ejemplo opuesto es el de San Lorenzo y Aguirre, que está jugando verdaderamente bien y no se gana el plebiscito unánime debido a que el entrenador uruguayo no suele congeniar con las ideas “menottistas” —vale aclarar que el uso de este término está sustentado en la fácil identificación— a la hora de dar sus opiniones.

No estoy seguro de si es por los medios de comunicación que bombardean con el mensaje del apuro por el apuro mismo, o si es por la absurda cantidad de partidos que uno dispone de ver cada fin de semana, que lejos de significar una propulsión para ver más fútbol se termina traduciendo en lo contrario, ya que tanta oferta consigue cansar al espectador promedio y se ve menos fútbol que antes; pero nos solemos quedar con lo superficial: valoramos los discursos, y no el juego. Dividimos al fútbol entre ganadores y perdedores o entre líricos y cínicos, pero no por lo que sucede en el césped sino por lo que sucede en los micrófonos. No recuerdo quién dijo que los entrenadores habían adquirido mucha importancia porque hablaban cada tres días, pero lo que importaba en realidad son los jugadores. Con las etiquetas ocurre lo mismo ya que se valoran palabras y no pases. Se comete el error de quedarse con lo superficial en lugar de lo esencial, y esto conduce a errores de interpretación. Un ejemplo claro es que se asocia al Estudiantes del 82 que dirigía Bilardo con un equipo batallador y combativo que ponía al juego en un segundo plano, y la realidad marca que jugaba con tres enganches: Sabella, Ponce y Trobbiani, y además, en internet hay material fílmico donde se puede observar un gran juego combinativo para llegar al gol. Igual ocurrió con el Inter de Helenio Herrera, y con la Argentina de Menotti en el año 1978, porque quien vio ese Mundial se dará cuenta que muchas veces el combinado nacional ganó con más lucha que fútbol.

Saber de fútbol es saber del juego y las conclusiones se deben hacer sobre este valor. No ignoro que hay mensajes que le hacen un profundo daño al fútbol y otros que lo enaltecen, pero creo que lo primero que hay que corregir para subsanar los análisis es volverle a prestar atención a lo que ocurre en el campo y recién luego escuchar lo que se dice a través de un micrófono. Ya que cuando la pelota y el césped hablen y digan la verdad, dejaremos de vivir en un mundo de mentiras e hipocresías.

El error de etiquetar y encasillar entre buenos y malos, aliados y enemigos, también lleva a seleccionar las frases según convenga, hecho que deriva en el resultado de ignorar valiosas palabras sólo por quién las está diciendo. Si tienen dudas de mis palabras, los invito a releer las dos primeras frases con una modificación: cambien de lugar los nombres.

Ahora, ¿qué opinan?… Porque así fue como ocurrió en realidad.

“Mi título más importante es que mis jugadores mejoren”
Diego Simeone

“No perdonaré al que no entregue su cuerpo y su alma al club”
Josep Guardiola

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