SERGIO AGUERO: EL JUGADOR DE CIUDAD

LUCIO STORTONI RUIZ

*Antes que nada, quiero agradecer a Germán Lagger por inspirar la idea del texto.


Argentina es un país repleto de singularidades que lo distinguen: una de ellas es creer que lo propio no sirve y lo ajeno es mejor. Mientras tanto, tenemos otra peculiaridad, pensar que nosotros somos los mejores sin discusión alguna. Sí, así de radicales somos. Frecuentamos los extremos e ignoramos los medios, simplificamos la vida en blanco y en negro, perdiéndonos una gama entera de grises. Esta característica se traslada al fútbol, donde antes de comenzar el Mundial no nos cansamos de colgar pósters de cada uno de los veintitrés seleccionados, pero cuando la competencia no termina con un jugador vestido de celeste y blanco levantando la copa, se elegirán a dos o tres de estos pósters para que carguen con el peso de la derrota. En estos años, los nombres propios fueron Messi, Agüero e Higuaín, aunque en el caso del primero provino de una minoría y la condena apenas duró unos días, más allá que desde los medios se haya vendido que fue un castigo popular constante. ¿Qué es lo peligroso de este acto?, que muy pocas veces —por no decir nunca— se evalúan los motivos. Se entienden las culpas como errores individuales en lugar de verse como falencias colectivas.

Le pido al lector se imagine a sí mismo, una persona acostumbrada a la ciudad con todas las reglamentaciones que eso conlleva: la primera, el idioma. Todos hablamos el mismo, hecho imprescindible en la comunicación. Luego tenemos ciertas pautas, normas, y leyes transmitidas en esa lengua. También contamos con costumbres a la hora de comer, semáforos, reglas, hábitos indumentarios… Ahora piense que lo llevan a una selva: un lugar sin idiomas, ni leyes, ni reglas, ni costumbres. Un mundo donde el mayor problema del momento dejó de ser conseguir WiFi o 3G para mandarle un mensaje a una persona que tiene a menos de 1000 metros. Ahora se encuentra en un ecosistema donde debe sobrevivir. ¿No es tan fácil, cierto?

Sergio Agüero es un jugador de ciudad que necesita orden, reglas y un ecosistema que lo contenga para exponer sus bastas cualidades. Él reúne todos los condimentos que un verdadero crack debe tener, pero en la selva es un jugador más. Si el entorno lo protege otorgándole ciertas libertades dentro de un marco que lo arrope, va a explotar, pero si el contexto lo lleva a tener que pelearse con dos centrales que son el doble que él físicamente, con el añadido de que se encuentra de espaldas en un espacio reducido, poco puede hacer.

Como caso contrapuesto, encontramos al jugador de selva. Jorge Valdano decía que Griezmann tenía una chance por partido y sabía muy bien que la debía aprovechar porque no habría otra, y esa es la razón por la cual, usualmente, la convertía. Como dice el refrán: “El hábito hace al monje”, por eso, aunque el sentido común nos indique que un jugador de selva en la ciudad anotaría más goles, no es así. El fútbol muchas veces no entiende de lógica, por eso encontramos a futbolistas que sienten la selva como su ecosistema natural: aman la lucha, la fricción, el roce y jugar lejos del arco; basta con ver a Diego Costa para constatarlo, ya que en su momento no paraba de convertir con el Atlético Madrid y el Chelsea, pero en la Selección Española nunca consiguió rendir a su nivel.

El futbolista es un ente individual que juega en un contexto grupal, por eso hay una retroalimentación constante entre ambos ejes. El equipo está integrado por jugadores y éstos juegan en equipos. Esa es la razón por la cual son indivisibles uno al otro: si se habla de un futbolista, se debe mencionar dónde juega, y si se habla de conjuntos, se debe hablar de quiénes lo integran. Sergio Agüero es el caso paradigmático que expone la teoría con mayor claridad, ya que su rendimiento en la Selección dista sustancialmente de ser el que tiene en el Manchester City. Las razones son múltiples, y las críticas deben apuntar al propio jugador, que se desempeña con una apatía demasiado pronunciada, y a los entrenadores que tuvo, ya que exceptuando el lapso en el que el equipo de Sabella fue el equipo de Messi, siempre se empecinaron en dejarlo en soledad.”El Tata me pide que quede de nueve, que no importa si no toco la pelota. Pero cuando me llega, que la meta.” Estas son palabras del Kun Agüero luego del partido contra Uruguay en la Copa América 2015, y marca a las claras la desprotección que sufrió el delantero durante estos años. Con Sabella en el período de los cuatro fantásticos estaba arropado por un funcionamiento que le otorgaba libertades y le permitía explotar toda su calidad, ya que usualmente recibía el balón de cara a portería. Messi era el conductor de un equipo partido e imparable. Di María, Agüero e Higuaín estaban en un nivel superlativo, el diez se cansó de repartir pases de gol y crear jugadas de peligro porque Argentina era un equipo divertido, pero desde el Mundial las cosas cambiaron. De ser el equipo de Messi pasó a ser el equipo de Mascherano, y allí se notó que el verdadero anhelo del entrenador era resguardar el arco en cero dejando a la deriva a los delanteros. En ese torneo Agüero estaba con notorios problemas físicos, ese factor sumado a la escasa generación de juego que tuvo la Selección se tradujo en un mal torneo personal. Después llegó la Copa América 2015 y la frase previamente mencionada muestra que los hechos se repitieron, porque Agüero estaba solo, recibía de espaldas y de esa manera debía pelear contra los centrales del rival. Con sólo ver su cuerpo nos damos cuenta que no está en condiciones de luchar físicamente ante un rival de la talla de Godín o Murillo, pero igualmente el Kun hizo un gol clave ante Uruguay, anticipándose a la defensa para cabecear entre los gigantes. También ante Chile tuvo una de las situaciones más claras ganando un balón por lo alto en un tiro libre ejecutado por Messi.

Luego llegó la Copa América Centenario 2016, y aunque su barba se incrementó, su contextura física no lo hizo. Jugó pocos minutos pero cuando le tocó entrar en la final, otra vez tuvo una de las chances más claras cabeceando un balón por los aires, aunque de nuevo Bravo le negó el grito de gol. Hoy, ya con Bauza, la Selección carece de juego y Agüero parece ser la razón de todos los males. Personalmente me niego a creer que esto sea así. A mí entender es una víctima del nulo funcionamiento que tuvo el equipo durante estos años donde se dependía de la imaginación de Messi, Pastore o Banega para generar una situación de gol. El delantero del Manchester City fue desprovisto sistemáticamente de herramientas que potencien su talento, y su mayor error fue no caer en la demagogia: no tirarse al piso, no hacer declaraciones populistas y no correr balones innecesarios es un motivo de condena popular, porque cuando no hay milanesas, los hinchas piden y se conforman con pan duro.

Yo sostengo que estamos hablando de un excelente jugador que cuando recibe el balón de cara a portería y cuenta con libertades dentro de un orden, puede ser imparable. Además, mi teoría se fundamenta en que él no es la única víctima: Messi nunca puede potenciar su brillo por el juego colectivo, Otamendi es un central que tiene nula participación con balón, mientras que en el Manchester City tiene el derecho a la aventura; e Higuaín se debe proveer por su cuenta de ocasiones de gol, ya que los jugadores que pueden facilitar la labor de los delanteros no son tenidos en cuenta o son cuestionados constantemente. Estamos hablando de Franco Vázquez, Javier Pastore o Ever Banega, todos jugadores que pueden aportarle algo de ciudad a la selva que es la Selección Nacional.

3 comentarios en “SERGIO AGUERO: EL JUGADOR DE CIUDAD

  1. Muy bueno. La clave es esa: Argentina se convirtió en el equipos e Mascherano. Los jugadores cracks, los que marcan la diferencia fueron abandonados del juego colectivo, se los dejó vulnerables. Se olvidaron de jugar al fútbol, de divertirse.

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  2. El problema es que se tenía a Aguero por supercrack. Y en ese caso se exige rendir en cualquier contexto. Messi lo hizo, Aguero no. Y aunque obviamente que el problema de Argentina no es ni mucho menos Aguero, aun poniendolo al nivel de jugadores como Higuain o Di Maria sigue perdiendo la comparacion.

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