DESPERTAR EL ALMA COMO LA ÚLTIMA VEZ

Queda lejos en la memoria las lágrimas post triunfo con Bélgica en el Mundial de Brasil pero fue la última vez que la selección argentina triunfó en tierras cariocas y la primera que que esta generación de futbolistas lloró de felicidad por la angustia acumulada de tantas frustraciones con la celeste y blanca. Bauza piensa un equipo similar a aquel de Sabella, similitudes y diferencias de aquel momento con este.

“Yo al arco de enfrente también lo veo pero un equipo si no tiene equilibrio y no se defiende bien a la larga se le complica”, Edgardo Bauza dijo, dice y dirá muchas veces esta frase, es su principal lema futbolístico. Pero este textual exacto pertenece a una de las tantas entrevistas que le brindó a Mariano Closs en su tira deportiva de Radio América allá por 2014 post mundial de Brasil.

Por ese entonces el debate futbolero dividía las aguas entre si había hecho bien el técnico del seleccionado argentino Alejandro Sabella en cambiar las formas de cuartos de final en adelante, haciendo hincapié en la firmeza del bloque defensivo y alejando a los delanteros Lionel Messi y Gonzalo Higuaín del resto del equipo.

Encima, en nuestro fútbol criollo, surgían algunos entrenadores a las antípodas de esta visión del juego, con los ojos puestos directamente en el arco de enfrente, con Matías Almeyda y Darío Franco como los más fundamentalistas, y Jorge Almirón o Marcelo Gallardo con lapsos de mutaciones circunstanciales en el medio.

Antes de que nazca el estigma de las finales perdidas, la selección argentina tenía otro “Rubicón” por saltar: los cuartos de final de un mundial. Debió quedar eliminada tres veces en esa instancia (Francia ´98, Alemania ´06 y Sudáfrica ´10) para que, contra Bélgica en Brasilia, pueda descargar las lágrimas contenidas en unos de los festejos más emotivos, sino el más, de esta camada de futbolistas encabezada por Javier Mascherano y Lionel Messi. Tres finales, justamente, también perdió esta camada. Tres veces estuvo acariciando la gloria tan de cerca, que verla luego en manos de otros le destrozó el corazón, pero no pudo con su alma competitiva que lo sigue intentando.

Antes de visitar al renovado Brasil de Neymar y Tité, la selección dirigida hoy por Bauza perdió la brújula de tanto cambiar, de tanto retroceder y de tanto creer que sólo con el espíritu competitivo podía autogestionarse. El ex técnico de San Lorenzo no mantuvo el equilibrio mostrado por la Argentina en los últimos dos años, acumuló delanteros cual partido amateur de un barrio contra otro.

La acumulación, además de falta de sincronización, expuso los flojos niveles de Sergio Agüero y Ángel Di María, de tobogán de arrastre en el seleccionado y actores secundarios en gran parte de los caminos que depositaron al equipo en tres finales.

“Que Bauza vuelva a ser Bauza” parece ser la receta repetida en los medios para reencausar el rumbo, y obviamente, la vuelta del imprescindible Lionel Messi. Sin amistosos para probar y con seis partidos de unas bravísimas Eliminatorias sudamericanas como bienvenida al cargo, Patón volvió a sus creencias futbolísticas: hombres de experiencia por sobre los jóvenes y equilibrio por sobre ataque alocado.

En Belo Horizonte contra Brasil arranca verdaderamente el ciclo con el sello Bauza, con una Argentina más cerca de la que le ganó a Bélgica en Brasil que la que venció a Uruguay en Mendoza en el debut del rosarino como técnico albiceleste. Por eso las vueltas de Enzo Pérez y Ezequiel Lavezzi y la confirmación de parte del DT de que va jugar 4-4-2.

Bauza ve en Brasil lo que Sabella veía en aquella Bélgica, un potencial gran equipo, en crecimiento pero sin tanta experiencia en el manejo de los partidos y con una cuota considerada de juventud en sus atacantes. El contexto caótico de este lado y la primavera brasilera fueron el menú ideal para que Bauza cocine su plato favorito y piense en ganar en Brasil con el mismo esquema, formas y hasta nombres que ganaron por última vez en Brasil.

Esa tarde en Brasilia contra Bélgica, antes que Romero se convierta en héroe y Palacio tire por arriba el gol que soñamos todos, esta camada de futbolistas partió en llanto, mucha emoción contenida explotó mientras revoleaban las camisetas por encima de sus cabezas.

Bauza busca recuperar el alma del equipo en el país donde nació, respeta nombres, prioriza pasado a futuro, respalda a los futbolistas criticados buscando que le retribuyan en la cancha. En su ciclo en San Lorenzo los juveniles casi no tuvieron lugar, Bauza es ese tipo de técnicos que prefieren encontrarte en mitad de la ruta para llevarte con éxito al final del destino, por eso planificaba mejor partidos que campeonatos largos y se siente más cómodo en la inferioridad que en la comodidad.

La última vez que la selección jugó “a lo Bauza” y ganó, fue contra Bélgica en Brasilia. Di María le sacó el nudo a la rigidez táctica, un rebote le quedó a Higuaín que la puso junto a un palo; luego vino la lesión de Fideo, el buen ingreso de Enzo Pérez para equilibrar y dos centrales comiéndose a los atacantes belgas con el apoyo de un doble cinco netamente de marca….Todo lo que piensa Bauza para que pase en Belo Horizonte contra Brasil, con idénticos nombres y formas, pero con una salvedad: pasaron más de dos años de aquel partido y los niveles de algunos jugadores no son los mismos.

Pero el positivismo de Bauza no apunta a los niveles sino a que el equipo reviva y vuelva a soñar donde lloró de felicidad por primera vez antes que nazca de la pesadilla de las finales perdidas.


Colaboración de Lucas Jiménez ( )

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