EL ALAVÉS DE EUROPA

GONZALO GARCÍA

“Yo sé (todos lo saben) que la derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece.” Jorge Luis Borges

La historia del Alavés en Europa no comienza precisamente en la Copa del 2001. Es sustantivo retrotraernos al menos un lustro para enlazar hitos deportivos realizados en un tiempo meteórico y que dota de mayor heroísmo su año continental.

En 1995 logró el ascenso a Segunda División, y tres años más tarde, luego de cuarenta y dos años, volvió a Primera División. Lo hizo rompiendo el récord de puntos en esa categoría, con ochenta y dos. Ese mismo año, 1998, aún siendo de segunda, llegó a la semifinal de la Copa del Rey: logró vencer a RCD Coruña y al Real Madrid. Así igualó sus mejores registros en copa que datan de 1939. En su segunda temporada en primera terminó en la sexta posición, la mejor de su historia, de esa manera se clasifica para la UEFA. Así comienza su inolvidable viaje por Europa: saquen pasaje y acompañenme a recordar en las siguientes líneas al histórico Alavés de 2001.

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El once que haría historia

En primera ronda, recibió al Gaziantepspor y ningún aficionado pudo gritar un gol, pues terminó en empate a cero. Ahora sí, era el momento de sacar pasajes para ver al modesto Alavés triunfar en Europa; contra todo pronóstico se impuso por 4:3, llegando así a la segunda ronda y enfrentar a los noruegos de Lillestrøm SK que no presentaron demasiadas dificultades. Así terminaría la primer etapa de esta copa, con Alavés clasificado a dieciseisavos: el rival, otra vez noruego, Rosenborg BK. Éste equipo venía de quedar tercero en la fase de grupos de Champions League: Alavés empató en casa y ganó en Noruega: fue el primer golpe en la mesa del club español.

Llegaron los octavos, todo parecía indicar que el final se acercaba, pues el rival era Inter de Milan. Más aún cuando en el partido de ida, en su casa, perdía 3:1 a los veinte minutos del segundo tiempo con un mágico Álvaro Recoba. El Alavés de los milagros no sólo lo empató 3:3, sino que en Italia ganó 2:0, clasificando a los cuartos de final y dando vuelta el tablero. Marcó un antes y un después en la competición.

Los cuartos fueron ante otro español humilde, el Rayo Vallecano, que luchó desde las rondas previas para llegar allí (marcó un hito ganando 16:0 aquella fase). Con un 5:1 global, ganando en ambas canchas, llegó hasta semifinales, donde enfrentaría a Kaiserslautern; fue una goleada de escándalo, 5:1 y 1:4 de local y visitante, naturalmente 9:2 fue el resultado final. Los alemanes no eran improvisados, tenían en sus filas a un joven Klose y un experimentado Djorkaeff.

¡Finalistas, enhorabuena!

Ya era una sensación para todo el mundo del fútbol en Europa: su juego, su historia, incluso su camiseta rosa que marcó tendencia. Ahora tendrían la cita más importante de su historia, en Dortmund y ante uno de las instituciones más ganadoras, Liverpool. Ese año el conjunto inglés ganó cinco títulos, tenía en su once a jugadores de la talla de Owen, Heskey, Gerrard, Fowler, entre otros consagrados. Del otro bando, los españoles contaban con su equipo, el que estaba acostumbrado a ver esos grandes juegos por televisión. Era la burocracia de la profesionalidad contra la pasión del amateurismo, pero bien entendido: no es lo mismo la primera final contra una de las tantas.

El Signal Iduna Park repleto. Salían los equipos y con ellos globos rojos de un lado, blanco y azul, del otro. A pesar de que Alavés jugó con una camiseta azul con franja amarilla, muy recordada luego. Javi Moreno, el goleador del equipo, recuerda sus lágrimas al entrar al campo de juego: el sueño era real.

Pero el sueño se volvió pesadilla a los cuatro minutos, pues Babbel adelantó al Liverpool con un gol de pelota parada. Doce minutos más tarde, un jovencito llamado Steven Gerrard marcaba el segundo. Todo estaba perdido. Pero Mané, el técnico español mueve rápido el banco y pone a Iván Alonso, un uruguayo que cumple rápidamente (entra en el minuto 23 y en el 27 marca).

Antes de finalizar el primer tiempo, a los 41, Mc Allister de penal vuelve a poner dos de diferencia tras un error del arquero argentino Herrera que salió demasiado lejos innecesariamente y barrió a un escurridizo Michael Owen.

A los tres del segundo tiempo, Javi Moreno marca el gol que vuelve a ponerlos en partido. Unos minutos más tarde, otro gol del delantero que quería entrar en la historia grande. En cinco minutos lograron empatar, ponerse en igualdad de condiciones y gracias a dos grandes goles. Poco entendible fue que el jugador que anotó ambos goles y revivió al conjunto español sea el cambio unos instantes más tarde.

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El último gol, así terminaría todo

Dos movimientos le bastaron a Fowler, jugador de gran calidad, para volver a aventajar al equipo rojo. Ahora sin el nueve salvador, todo parecía milagroso. Con ochenta y nueve minutos en el reloj, las pocas esperanzas de Alavés estaban en un tiro de esquina: la cabeza de Cruyff apareció para el alivio de todos los españoles. Sí, Cruyff, Jordi. Al igual que su padre, él quería entrar en la historia grande de las competiciones europeas. 4:4 final y a prórroga.

Con el desgaste realizado, los jugadores buscaban con más esperanzas los penales que la victoria. No hubo grandes ocasiones hasta el minuto 117 cuando el experimentado capitán Carmona tumba al delantero inglés y se va expulsado, dejando un tiro libre de sumo peligro. El centro enviado no fue gran cosa y ya estaban los puños de Herrera para despejar el balón, pero delante de él se encontraba la cabeza de su compañero para impulsarla al fondo del arco. Si uno toma una instantánea de la jugada, cinco eran los jugadores de Alavés y ninguno de su contrincante. No había ingleses en la imagen.

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Una imagen que dice todo: no pudo ser

Triste la realidad de los jugadores de Alavés tumbados en el césped luego de la derrota. Desde los más jóvenes hasta los de más experiencia, pues sabían que era su oportunidad para entrar en la historia grande.

Jordi Cruyff en una búsqueda de consuelo se decía “el año que viene volveremos”. Luego entendió que pasan los días y el tiempo deja entender que aquella empresa se logra una vez en la historia, que repetir es imposible.

Los años siguientes no serían ya igual de buenos, y el declive culminaría con un descenso. Los aficionados deberían refugiarse en los videos para recordar los años dorados de su equipo, a pesar de no terminar siendo campeón.

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