BALÓN DE ORO, FÚTBOL DE CARTÓN

GONZALO GARCÍA

“El fútbol es un juego social. Es imposible jugar desde la soledad. Necesitas más al compañero que a vos mismo.” Cesar Luis Menotti.

Como expone la frase que inaugura el presente artículo, el fútbol es un deporte en donde lo colectivo es vital para la concepción de buenos resultados; por ende, desde las primeras líneas quiero dejar evidenciado que me parece una total estupidez que se realicen entregas de premios individuales. Como ejemplo se encuentra la Bota de Oro, con la que se galardona al delantero que haya marcado la mayor cantidad de goles en un año calendario. Ahora bien ¿Qué llevó a éste futbolista a convertir tamaña cantidad de tantos? Damos por sentado que su buena capacidad goleadora, no obstante lo cual es imposible soslayar un factor mucho más relevante, que es el contexto en el que desarrolla su juego; es decir, un delantero llega a ser goleador principalmente por sus compañeros. El nueve, último eslabón en la cadena, debe finiquitar las posibilidades que su entorno le brinda mediante un juego asociado. Esto, claro, en los niveles de élite que propician las mayores probabilidades para recibir el oro.

Lo que me impulsa a escribir este artículo es particularmente el circo que se ha construido alrededor de algo tan fútil como el Ballon d´Or. Ha cobrado una importancia capital, y tal parece que muchos juegan para obtener ese galardón; incluso año tras año se celebran ceremonias cada vez más ampulosas, intentando imponer una verdad que no es: ese maldito premio no es más que un objeto para poner en la repisa. No representa la esencia del fútbol, tampoco los verdaderos logros de un equipo ni la calidad de un jugador específico. Pero se ha instalado, y no para de crecer. Dejar de lado el trasfondo económico que representa este premio sería de inocentes, pues las pujas de las marcas que auspician a los diferentes protagonistas es clara: si gana Messi, Adidas tendrá mejores ventas y un mayor realce en las publicidades, pero si lo levanta Cristiano Ronaldo, es Nike quien saboreará las mieles del triunfo, lo cual se traduce en mucho dinero. Otros que saldrán ganando dependiendo del elegido son las instituciones, la pelea es clara: Barcelona o Real Madrid, no hay más oponentes. Sus jugadores se realzan en el mercado (mejores contratos con las decenas de empresas) y el dinero no tarda en entrar.

Desde 2008 en adelante se han repartido el premio entre Messi y Cristiano Ronaldo. Todos sabemos que son los dos jugadores más explosivos de la década, pero uno de esos dos nombres nunca será el mejor. Debe haber una diferenciación entre goles y juego. Entiendo que un tanto enamora y sea más espectacular, al ojo de un aficionado, un gol que un pase, pero creo que el adjetivo es mucho más abarcativo que sólo marcar goles o ganar títulos: un jugador para ser el mejor, o rondar ese lote, debe tener incorporado una serie de conceptos que el resto no. Ya va siendo hora de que nombre a dos hombres…Xavi e Iniesta. El primero más que el segundo: son futbolistas que merecen un reconocimiento en este pequeño mundo del fútbol que reparte objetos bañados de oro para simbolizar que alguien es más o menos. Por eso las mentiras tienen patas cortas, y estos premios que nos quieren imponer se derriten como mantequilla al sol.

“El mejor jugador” es un concepto demasiado abstracto y subjetivo como para tomarlo en serio, aunque sea una votación. Coincido con el jugador alemán Philipp Lahm, quien expreso que “El Balón de Oro se ha convertido en una votación para el ´mejor delantero del mundo´”, y agregó “Para no hacer largo el cuento: solo los jugadores que anotan goles pueden ser coronados como mejor futbolista del año.(…)El fútbol es trabajo en equipo, unidad, defensa, sacrificio y asistencias”. Para finalizar con las agudas reflexiones de Lahm, vuelvo a suscribir con sus ideas y, en este caso, propuesta: él propone un premio para cada posición; uno para el portero, otro para el defensa, otro para mediocampistas y, por último, delantero. En realidad, mi opinión es que carece de significado el premio ya sea uno o cuatro, pero debemos sincerarnos y decir que el show va a continuar, y de hacerlo, al menos puede ser un ápice más equitativo.

Ser el mejor, según los parámetros de la FIFA y la gran mayoría de los medios de comunicación que incorporaron la lógica del Balón de Oro al debate, es un algoritmo entre goles y campeonatos. No se evalúa el juego porque no interesa. Para la historia quedará que Michael Owen o Fabio Cannavaro levantaron un balón dorado, y algunos desprevenidos en el futuro podrán pensar que fueron mejores que un tal Xavi Hernández.

Recuerden que el mejor balón no es de oro, sino de papel, goma, tela, cuero, plástico o lo que tengan a mano para comenzar un desafío con sus amigos: el fútbol no precisa de oro, sino de amor por el juego.

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