CARTA AL FÚTBOL (UNAS PALABRAS NOSTÁLGICAS)

GASPAR VALLECILLO

Yo te conocí cuando iba a la casa de mi abuelo y me hablaba de los campeones mundiales, de jugadores que hacían cosas fantásticas, de cómo escuchaba por la radio a grandes narradores, leía columnas de geniales escritores y luego vino la televisión. Pero yo me enamoré de vos cuando te tuve cerca, cuando estuve en un campo, cuando empecé a jugar con mis amigos, en esos tiempos que soñaba —como muchos— en ser feliz jugando a la pelota. Recuerdo todo. Los momentos más felices de mi vida los pasé en el centro del área anotando muchos goles en mi conteo personal; le pegaba con la derecha, la picaba como Raúl González, y me seguía la pelota como a Palermo. Jugaba para la grada, porque siempre entendí que ellos querían espectáculo, me especialicé en tiros de esquinas y luego en goles olímpicos.

Pero está historia no es sobre mí, esta carta te pertenece a ti. No sé si me estoy despidiendo de esta forma, no sé si estoy callando contigo o escribiendo para morir, pero querido amigo, te están aniquilando; los que te quieren, te quieren cada vez más y los que te engañan día a día ensucian tu historia con sus manos frotadas en dinero, les brilla la codicia, tu eres su negocio perfecto. Déjate querer por los que te quieren, esos que te sienten y lloran, los que con el paso del tiempo te extrañan. Sabes me dueles, te veo a la distancia como lo que alguna vez fuiste: una perfecta excusa para ser felices de nuevo.

Tu eres la esperanza de la gente que no sueña, los sueños de los que sienten, las lágrimas de los que se enamoran, un complot de sentimientos. Tu, fútbol, has sido para mí y para muchos el pulmón, el oxígeno, el corazón, la sangre; la misma vida, por eso nos dueles. Te tratan como objeto mercantil, como el perfecto pretexto para invertir, pero no invierten en ti, más bien ellos te tocan sin sentir, te hablan sin tener voz, te exigen sin nunca antes haber pisado una cancha o tocado el balón. Sí tú hablaras se que no callarías nada, lo dirías todo. Yo se que los sacarías de tus campos, que no los dejarías tocar tus balones, que les sacarías roja directa.

Yo te escribo para enaltecerte, porque te siento lejos, tan remotamente escondido de lo que alguna vez fuiste, la alegría del pueblo, la justicia de los desafortunados, la enfermedad de los bienaventurados, todo lo que tu puedas ser para los que les hace falta amor; está bien. Pero no todo está obscuro, hay muchos que te hacen abrigar para vivir, los futbolistas que son fieles toda su vida a un club, los entrenadores que tienen como premisa el balón sobre cualquier cosa, los dirigentes que te promueven para que abraces espacios que antes no podrías llegar.

Me despido, con un hasta luego, con un gracias eterno y con un abrazo futbolero.

“Yo tengo un profundo amor por el fútbol, por el juego, por la esquina, por el baldío, por el picado, por la pelota. Y desprecio todo lo añadido, todo lo que le fueron agregando para convertirlo extrañamente en deseado”

Marcelo Bielsa

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