SAMPAOLI POR SAMPAOLI

GONZALO GARCÍA Y LUCIO STORTONI RUIZ

“Un equipo no debe viajar en el tren, sino en un vagón.”

Jorge Sampaoli

¿Qué sería de un hombre sin una idea, sin un ideal por el que dar pelea? Un motor del ser humano es la pasión, donde se vuelca el trabajo más fiel y transparente. Jorge Sampaoli tuvo que tener mucha pasión para lograr su actualidad. Un hombre ignoto para el fútbol, que vivió sus años jóvenes en la liga casildense, ha conquistado América y ahora se empeña en hacer lo propio con Europa.

Él ha esbozado algún tipo de balance personal, arguyendo que «Me defino como una persona apasionado por el deporte, el amateurismo. Me ilusiona mucho dirigir al Sevilla por la pasión que tiene. Indudablemente también  soy una persona extremadamente apasionada por el ataque, van a ver en mí a un entrenador que va a intentar no ceder nunca el protagonismo, y para eso necesitamos contagiar mucha rebeldía al grupo de jugadores que vamos a conducir para llevar a este equipo a ser aún más respetado de lo que ya lo es por toda Europa». Rebeldía, pasión, amateurismo y ataque, son palabras que tienen reservado un lugar especial en el diccionario Sampaoli.

Un hombre que iba a entrenar en la mañana, corriendo arduos kilómetros, al son de las conferencias de prensa de Marcelo Bielsa. Y se nota. Cuando declara sobre el éxito podemos ver atisbos del rosarino: «El éxito es incontinuo. No existe. Es una noche de festejo. El fracaso me genera dolor. Porque hoy el fracasado no existe, aunque tenga las mejores intenciones. No por mi, sino porque mi entorno lo sufre más. Sé lo que es un premio. Me gusta que me valoren no lo que gané, sino cómo gané».

Si agudizaron la lectura, en el final de la frase precedente, nos deja un sello de personalidad: quiere que lo valoren por el camino, no por el final. Si hay una felicitación, que esté sustentada con argumentos sólidos, no con un marcador. «Lo único que le puede intentar prometer a la gente es que la forma o la transmisión de la idea que a nosotros nos vincula y nos trajo hasta acá no se va a modificar. Después los resultados deportivos van a ser los que nos van a juzgar, pero no me perdonaría renunciar a las formas. Intentaremos ser un equipo extremadamente ofensivo que nos permita proponer y buscar el objetivo y no esperarlo y que te encuentre».

Ver a Sampaoli a unos pasos de la línea de cal, pero del lado de afuera, o ver a su equipo dentro del campo de juego, parece una analogía. La inquietud se suma a la vehemencia y pasión a la hora de sentir el partido, incluso vemos siempre a un Juan Manuel Lillo siendo la voz de la calma. Según sus palabras, en Sevilla encontró su lugar: «En el Sevilla encontré ambición, búsqueda y grandeza, eso ilusiona como para seguir buscando grandes cosas, intentar que el equipo protagonice donde le toque jugar e intentar competir con los mejores».

Casi como en una misión quijotesca, donde se buscan triunfos impensados partiendo de la base de dignidad y locura, Sampaoli no renuncia a quebrar ese trípode español que hacen Real, Atlético y Barcelona. Según él «No es imposible que el Sevilla gane La Liga, nosotros estamos convencidos de que podemos hacer un gran torneo y podemos lograr hacer historia en un torneo donde hay equipos que a lo largo del tiempo han marcado diferencias enormes, pero nadie nos quita la ilusión. Seguramente a final de año se volverá a repetir la historia, pero nosotros estamos ilusionados».

Una de las influencias de Sampaoli es la música rock. Puede que de allí —o tal vez de su pasado en la liga casildense— haya tomado con tantas fuerzas esto del amateurismo. Según su visión «La única forma de ser exitoso es unificando a los jugadores desde el amateurismo. Hay que tratar de encasillarles en el amor a la camiseta desde el goce, no desde la obligación».

A pesar de su bohemia rockera, o sus ideales inquebrantables, Sampaoli sabe bien que en el fútbol hay que ganar: «La tranquilidad me la da ganar y creo que estoy más cerca de eso protagonizando más que esperando. Lo que nos sostendrá en el tiempo es ganar, y por eso digo que estar cerca del arquero me acerca más a la victoria». No obstante, cuando le preguntan si le interesa ganar un título sin su idea fútbolistica, él responde «No me sentiría capaz de ganar sin la idea que tengo. No me imagino teniéndole adhesión a algo que no sienta, yo puedo transmitir lo que siento, y siento el fútbol de esta manera».

En cuanto a la faceta estrictamente futbolistica, como se ha dicho anteriormente, tiene arraigados conceptos de Marcelo Bielsa, pero también toma nota de Guardiola: «Entendí que éramos tan directos que al atacar muy rápido ellos volvían igual de rápido. No teníamos grandes especialistas defensivos, así que tratamos de defendernos desde la pelota, como hace Pep Guardiola, y mezclamos bielsismo y guardiolismo». Con estas influencias, es claro que la pelota siempre la quiere para él; cuando dirigía a su exitosa selección chilena, el entrenador comentaba que «El argumento defensivo de nuestra Chile era saber que no podía perder la pelota», incluso en la final que le dio su primer título internacional, expresó que «Entendimos que la mejor manera de defender a Messi es con la pelota».

El viaje de Sampaoli no terminará acá, pues tiene un largo camino. Lo que es seguro, es que no irá en tren, sino en un vagón.

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