MESSI EN TIEMPOS DE SER DISTINTO

GERMÁN LAGGER

Nunca en nuestra historia tuvimos tantos recursos, tantas herramientas que nos permitan impulsar emprendimientos, innovaciones, nuevas expectativas, proyectos de riesgo para trascender. Sin embargo, en este proceso globalizador, vivimos en tiempos donde se busca medir la inmediatez, las respuestas rápidas sin contenido, el resultado por encima del trayecto. En ese páramo, el ser humano tiene poco de ser y su entorno no es el propicio para su aprendizaje y su creatividad. El que viene a proponer algo que no está dentro de lo establecido no es visto con beneficios sino con defectos. El hombre debe corresponder a acciones temerarias más que al hombre audaz, valiente e imaginativo para que el circo siga funcionando.

El fútbol no está ajeno a este escenario. La sustancia lúdica es la verdadera riqueza de este deporte. Ahí el jugador imagina, crea, recrea, efectiviza la relaciones personales y colectivas, siente placer en lo que realiza. Pero el montaje armado por el negocio ha quitado como rentable todo lo que tenga que ver con el juego y ha lucrado a costa de los verdaderos representantes, que son los jugadores. Es comprensible. Para comprender el juego, se necesita conocimiento, sapiencia, inquietud. Y los que manejan esto, necesitan del hombre ignorante, pasivo, sin pensamiento crítico, que no se cuestione muchas cosas para poder coexistir. En ese ámbito, el que presenta ciertos indicios de rebeldía creativa es mirado de reojo, con miedo, con intimidación, con recelo. Ese sujeto que presenta en la mesa algo diferente debe sobrevivir en el tarate conmigo¹, debe tener bien claras sus convicciones, su pasión, sus sueños para motorizar su vida.

El mejor ejemplo de ese sujeto que rompe con las normas establecidas es el de Lionel Messi. Un pibe de Rosario que no necesita alzar la voz para lograr influencia planetaria. Un pibe de Rosario que inicio su talento en tiempos donde los potreros van perdiendo su lugar de escolaridad y construyó su personalidad en un club de España donde el jugador es un modelo de crecimiento técnico y conceptual del juego. Hoy es un futbolista contracultural para el sistema. Intimida y genera incomodidad lo distinto que es. Como todo distinto, es un incomprendido por aquellos que buscan lo tangible (como la intensidad) para explicar cosas que poseen oro en lo intangible (inteligencia mental). Como todo talento no es solo técnica sino también capacidad para seguir aprendiendo aun siendo bueno. Messi es de esos jugadores que ya no requieren de alguien que piense por él. Posee el carácter y el conocimiento para pensar por sí mismo. Lo denotan sus decisiones y acciones. Interpretó que su explosividad no era la misma con el pasar del tiempo, entonces empezó a desenvolverse de otra manera. Saco a relucir un repertorio donde el desequilibrio tiene que ver con el manejo de su cuerpo, de las velocidades, del amago. Donde la posición en el campo corresponde a armonizar el juego y activar a sus compañeros a partir del pase. Efectivizó su producción de tiros libres, hasta el punto de generar en el ambiente una sensación parecida a la de un penal. Lograr reinventarse en estos tiempos donde el rival tiene más elementos a su disposición para encontrar soluciones y contrarrestarte, y donde los jugadores cada vez son más sofisticados, se consigue a partir de la intuición. De comprender porque hago esto en este momento y porque hago otra cosa en otro. El genio logra asimilar cognitivamente cada conversación, cada sueño, cada situación de barrio, cada entrenamiento. Messi no solo tiene la capacidad de almacenar e interpretar cada problema que le va surgiendo sino también tiene la pasión para hacer consistente esa aptitud. Eso lo convierte en un competidor inalcanzable. Cada día empieza de cero, renueva ilusiones, se crea motivos para mejorar.

En el ámbito del éxito, lograr competir al tope es difícil de llevar acabo. Y más aun en un tiempo prolongado, como lo ha logrado Messi. El ambiente y las tentaciones desvían al jugador de sus derechos y obligaciones. Se distorsionan los sueños que tenía niño y se convierte en una pesadilla manipulada por los oportunistas. Es difícil manejar el éxito cuando hay un exceso de expectativas. Y en el exceso hay efectos secundarios, donde el jugador pierde la chance de pensar por sí mismo y empiezan a pensar por él. En ese ámbito el futbolista juega con miedo al riesgo, pensando las consecuencias que podrían ocurrir, sin ese grado de inconsciencia que le permita competir sin ataduras.

Messi día a día les patea el tablero a los que alienan al fútbol, transformándolo en un medio que no sirve para ser feliz. El rosarino entra a una cancha y tal vez sin quererlo, trata de recordar cual es el sentido de este deporte: el disfrute. Cada decisión que toma de manera precisa, creativa y sorpresiva busca un fútbol más ingenuo y menos tóxico. Un fútbol que no le importan las especulaciones sobre contratos sino su carácter identitario y artístico. Un fútbol que no traiciona su esencia y reconmemora el por qué empezamos a jugar al fútbol: para expresarnos.


1- Tarate conmigo: expresión. Harás lo que el sistema quiere que hagas.

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