CHILE VS URSS: CUANDO EL RIVAL ERA IDEOLÓGICO

GONZALO GARCÍA

Jorge Luis Borges, uno de los escritores más importantes de habla hispana, sostenía que el fútbol era un deporte absurdo, incluso condenaba a los ingleses por ser los inventores del juego. Argumentaba que interesaba menos como deporte que como generador de fanatismo. Algunos pueden estar de acuerdo con sus enfáticas aseveraciones, otros encontrarse en las antípodas de sus pensamientos, pero en su análisis hay un punto no menor que olvida: el fútbol es un hecho cultural. Y como tal comprende más que veintidós personas corriendo detrás de un balón; los contextos llevan a que un mero juego se convierta en una importante herramienta, entre otras, comercial o política.

Siguiendo con el escritor argentino, este veía que el fútbol despertaba en la sociedad ínfulas de nacionalismo, lo cual carga con una gran verosimilitud. El fútbol y el nacionalismo es una mezcla tentadora para los políticos. Allí es donde detentan una poderosa posibilidad de llegar al pueblo. En 1973, el sagrado balón tendría un cruce inolvidable con los hombres de la política.

Antes del 2001, el 11 de septiembre tenía mundialmente otra connotación. Ese día, pero de 1973, fue derrocado el gobierno democrático de Salvador Allende en Chile, y quienes  realizaron el atentado tomaron el poder, liderados por Augusto Pinochet. Meses más tarde, la Selección Chilena de fútbol jugaría el repechaje para ingresar al Mundial de Alemania 1974. La palabra rival nunca encajó tan perfecto, pues enfrente estaba la Unión Soviética.

El primero de los encuentros tuvo lugar en el estadio -nada más y nada menos- Lenin. Los futbolistas chilenos siempre han declarado que ellos fueron simplemente a jugar un partido de fútbol, pero es imposible obviar el contexto. Y lo que se había generado en tierras soviéticas era un clima de batalla política, como aquellas que solemos encontrar en las películas estadounidenses. Comunismo contra capitalismo. Gigantes de metro ochenta contra pequeños trasandinos. La temperatura en la ciudad era de -5 grados, pero la térmica sociopolítica dictaba un calor infernal.

El encuentro en cuestión finalizó igualado en cero, teniendo que jugarse una revancha en Chile. El diario chileno La Tercera, al día siguiente, titulaba en su portada “Ni en fútbol se la puso URSS con Chile”.

El estadio Santiago de Chile sería el lugar de la definición por la plaza al próximo mundial, no obstante había un detalle muy difícil de pasar. El gobierno reinante en Chile no sólo era antidemocrático, sino que para mantenerse en el poder utilizaba distintas prácticas alejadas de los Derechos Humanos, una de ellas era la detención arbitraria y posterior tortura; el estadio Santiago de Chile era epicentro de estas acciones. Fue natural, pues, que la Federación Soviética de Fútbol se negara rotundamente a jugar en un campo manchado de sangre inocente, pero lejos de tener algún apoyo por parte de FIFA, los soviéticos quedaron entre la espada y la pared: o se juega en Santiago o se quedan sin mundial.

De este modo, el 21 de noviembre de 1973 tuvo lugar el encuentro revancha por el repechaje rumbo a Alemania 1974. Un trámite demasiado accesible para los locales que, antes 18.000 espectadores, se encontraron con una oportunidad única: jugar sin rivales. El resultado fue dos por cero, y el archivo fílmico puede dar fe de cómo un cúmulo de jugadores se pasaban el balón sin oposición. Francisco Valdés fue el encargado de marcar el gol que se encuentra documentado, era el capitán que lucía la cinta blanca que resaltaba en su camiseta rojo pasión o, tal vez, rojo sangre.

Tantas veces los aficionados hemos soñado con estar en la piel de los protagonistas, vivir sus heroicas historias, gritar un gol. En este caso, una gran minoría gustaría de estar en las botas de los chilenos, quienes también se encontraron en una disyuntiva.

Borges, aunque no amigo del fútbol ni de la política, supo resumir todo respecto a este acontecimiento en una simple pero bella frase…“Yo sé (todos lo saben) que la derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece.”

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