LA SELECCIÓN Y EL CONTEXTO

GERMÁN LAGGER

Es muy difícil hablar de fútbol sin tener en cuenta que es un todo. Lo emocional repercute en cada decisión que se toma. El sentido colectivo de un equipo, la cultura de la precisión se ve influenciada por la nula o total identidad. Poseer convicción forja el carácter de un equipo, lo solidifica, sus acciones tienen capacidad de riesgo, se juega sin complejos y con libertad. Para que esto funcione los eslabones de un modelo deben funcionar. Esto en el fútbol argentino se ha ido desmoronando y repercute en un seleccionado argentino que se encuentra en la deriva.

Si bien este seleccionado con estos jugadores han recibido la sentencia y el mote excesivo de la generación que no consiguió salir campeón en la Copa del Mundo en Brasil y las dos copas Américas perdidas contra Chile, también hay que decirle a la gente que estos mismos otorgaron más de lo que recibieron de su entorno. Un contexto donde es muy difícil sacar algo productivo, cuando todo es un caos. Las responsabilidades se dividen, donde el entorno dirigencial es el primer escalón para que nuestro fútbol tenga un sólido proyecto. Sin embargo, las personas que manejan el fútbol argentino no han realizado ningún proceso innovador, emprendedor en pos del mejoramiento no solo económico y logístico, sino también futbolistico. Es muy complejo procesar algo cuando el cuadro actúa como si el tiempo fuera un apremio y no un premio. Nos han mentido de que lo único que importa es el resultado y esto nos ha apartado de lo esencial: la identidad. Entonces vemos a un seleccionado que deambula con talentos que carecen de conceptos de juego para aflorar sus condiciones, revoleamos entrenadores sin mantener una linea de juego.

Somos un país donde hay grandes recursos, pero nos creemos mas de lo que somos por un derecho divino de haber ganado dos finales del mundo, tener al mejor del mundo como Messi o haber tenido a Maradona. Sin embargo y la verdad, es que el fútbol se gana circunstancialmente por el virtuosismo personalizado pero se necesita de la disciplina para perdurar en el tiempo. Y la disciplina se consigue a partir de construcciones colectivas que nos permitan jugar bien. Y hay que decirlo: hace mucho nos estamos preguntando qué es jugar bien cuando otros equipos ya lo están transitando. Me da la sensación que mientras otros países han sembrado, regado y cultivado su juego, nosotros todavía no sabemos si tirar la semilla.

La desculturización de nuestro fútbol, por ejemplo, se ve reflejado claramente en el actual proceso juvenil. Todo país es reconocido por sus pautas de juego a partir de sus bases, como por ejemplo Alemania, España (máximos exponentes a nivel mundial) donde se forman formadores y como consecuencia a jugadores. Si bien hay futbolistas que todavía nos hacen reconciliar con el fútbol argentino, en el análisis macro el proceso es muy dañino para el desarrollo del jugador. En Argentina importa poco el trayecto y la representatividad en los valores y fundamentos del juego. El jugador esta inmerso en cuestiones que le rodean que lo apartan de su crecimiento: representantes, mandatos mercantiles, problemas familiares, etc. A partir de ahí, el proceso es mas silvestre que formativo. Llegan desarmados para administrar el éxito, su relación con la opinión publica, desenvolverse dentro de una cancha. Esto es consecuencia de años donde construir es pensar que lo importante esta en lo inmediato, en los fácil, en lo superficial.

También el deterioro se ve reflejado en que lo que antes era parte de nosotros ahora no lo es. Si bien hay entrenadores que han refrescado algunas buenas intenciones que propone el juego, en general lo que antes teníamos adquirido, como defensores con salida limpia para avanzar juntos, laterales que abrían y cerraban, jugadores creativos que no eran sospechados y se le daba libertad a su intuición, ahora lo hemos cambiado por palabras como “equilibrio” que esta más relacionada a aspectos “fiables” como el doble cinco de marca, laterales que son centrales, saltar lineas para no arriesgar, hablar de esquemas sin tener en cuenta que el fútbol es mas complejo, donde hay jugadores con sus capacidades y características y que es fundamental primero el estilo, luego los interpretes y sus roles, y por ultimo el sistema.

Si bien hoy por hoy el entrenador del seleccionado es una incógnita, el rol que debe tener es la de poseer una idea y un plan de juego. Después es convencer y seducir al jugador que con esa idea se llegara a buen puerto y tercero es la firmeza de la idea del entrenador para seguir por el mismo camino aun ante la adversidad. Esto es primordial para no subestimar al jugador. El jugador rasca la pintura y percibe si es aglomerado o madera de la buena. Si es aglomerado no perdonan. Entonces es muy importante que el entrenador tenga la sensibilidad para encausar a jugadores en un ambiente donde hay inseguridad para jugar, para formar afinidades, para volver a reconciliarse con el juego en el seleccionado argentino. Porque la esperanza de un equipo radica ahí, en el juego. Y como todo, es mas difícil construir que destruir. Por lo tanto, el rol del tiempo es fundamental para sentirnos parte de un lugar.

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