CUANDO EL FÚTBOL PIERDE LA INGENUIDAD

GERMÁN LAGGER

El sábado pasado se disputo el clásico cordobés luego de 15 años de no hacerlo en primera división. He vivido 6 años en Córdoba capital como estudiante de comunicación social y es una provincia donde se presenta un gran reconocimiento y orgullo por el buen juego. Tanto Belgrano como Talleres han sido la cuna de grandes futbolistas que se han presentado en una cancha a realizar lo más primitivo de este deporte: jugar sin ninguna burocracia lindante. Kempes, Luis Artime, Galván, Willington, Valencia, Mudo Vázquez, Pastore, Dybala son algunos de los nombres que han curtido a la provincia de Córdoba de un gran respeto por el jugador virtuoso, creativo, imaginativo, que hace de la pelota un deleite.

Sin embargo, el hermoso clásico con aroma a ingenuidad de barrio perdió su inocencia con la muerte de Emanuel Balbo. Recordemos que el fútbol en la Argentina tiene sus orígenes en la clase obrera que utilizaba este deporte como medio de libertad, felicidad, expresión, sociabilización, formación. A partir de él, encontraban la belleza que no podían conseguir en otro lugar, en una sociedad en su mayoría de inmigrantes ingleses. De a poco, esto fue resquebrajándose cuando el fútbol pasó a ser un negocio. Cuando pasó a los escritorios, lo anormal paso a ser normalizado y el circo debía seguir su rumbo sin ningún rastro de imputabilidad o atenuantes. Pasó a ser normal que el fútbol sea un estadío entre la vida o la muerte a costa de mantener un sistema que requiere de individuos que no tengan esperanzas y recurran a recursos que no tengan en cuenta a la persona de al lado como promesa de empatía, de crecimiento colectivo. Porque como sabemos: la posteridad en el capitalismo debe ser para unos pocos y no de forma colectiva.

La barra brava, causante del fallecimiento de Balbo, se nutre a partir de la desesperanza del individuo. Lo que paso en uno de los clásicos más populares de la argentina va más allá de una cuestión superficial. El sujeto no es una partícula aislada. Es condicionado por estructuras históricas, culturales, sociales que construyen su ser. Las personas que no pueden encontrar refugio en nuevas expectativas de vida son consumidas por organizaciones que requieren de individuos pasivos, sin capacidad crítica de su realidad, para sostener este sistema materialista donde el consumo está ligado a la delincuencia.

Como periodista, me resulta imprescindible mencionar el rol de los medios de comunicación como ente que ha favorecido al mantenimiento de la delincuencia y del Estado policial. No sólo han hecho de un resultado futbolístico una exageración excesiva y aberrante, sino que también han presentado una imagen del delincuente que ha llevado a prejuicios y a instalar la cultura del miedo. El miedo tara a las personas y hace que la figura del delincuente sea pensada como mera casualidad y no por causalidades. El miedo individualiza al sujeto y lo aparta de la verdadera realidad. Lo encapsula, lo hace tener un pensamiento clasista. Esto hace que el Estado policial funcione, vigile y castigue al delincuente que no ha tenido la distribución de capitales simbólicos, culturales, educativos de forma justa y no ha tenido el colchón necesario para ser resignificados y adaptados dentro del espacio social para luego poder transformarlo.

Cabe aclarar que no justifico tal accionar, sino que trato de entenderlo. Es un hecho donde es comprendido desde el concepto de “cultura del aguante”. Sin embargo, su uso es mal utilizado. Hay que repensarlo. Este concepto debe ser utilizado como elemento de interpretación, de percepción hacía el estado de la cultura y no como dedo acusador o como medio de indignación donde se coloca la foto en las redes sociales de las barras bravas arrojando desde la popular Willington a Emanuel Balbo. Estos mismos no actúan así de forma irracional. A estos tipos que se los llama inadaptados, en realidad están adaptados a un entorno donde se los ha llevado a la trampa a través de discursos y mandatos como “matar o morir”, “lo único que importa es ganar a cualquier precio”. A partir de esto, el fútbol ha perdido la importancia que puede tener dentro de una cancha a través del juego y ha pasado a tener un protagonismo excesivamente fuerte el hincha, donde hay hinchas que actúan de hinchas y hacen del fútbol un lugar cada vez más crispado y obsesivo.

De esta manera, el fútbol está cada día más tóxico como para que entrenadores, jugadores, Estado, hinchas o comunicadores tiren más leña al fuego. Este deporte es patrimonio de todos. Es nuestro rol cuidarlo, regarlo y que crezca para reivindicar la verdadera esencial del fútbol: el juego.

#JusticiaporEmanuelBalbo

3 comentarios sobre “CUANDO EL FÚTBOL PIERDE LA INGENUIDAD

  1. No cuestiono nada de la idea que se busca transmitir ni tomo posición alguna, pero la muerte de Balbo nada tuvo que ver con la barra brava. Como toda persona que va a la cancha sueño con el día en que no existan más, pero en este caso la barra de Belgrano estaba en la tribuna Ardiles, no en la Willington, por lo que nada tienen que ver con esta muerte en particular

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s