EL PERFECTO CULPABLE

GONZALO GARCÍA

“He fallado más de 9.000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 partidos. 26 veces han confiado en mí para tomar el tiro que ganaba el partido y lo he fallado. He fracasado una y otra vez en mi vida y es por eso que tengo éxito.” La frase precedente es de Michael Jordan, el mejor basquetbolista de la historia. La traje a colación para extrapolarla al caso Gonzalo Higuaín, quien tal vez ha fallado más o menos a lo largo de su carrera, pero hubo tres oportunidades que lo han dejado marcado de por vida. Las finales consecutivas con Argentina y sus tres goles errados le han puesto un mote que a nadie dejaría cómodo.

Debatir al delantero no sería ningún problema, puesto que las disidencias a la hora de ver y analizar un partido pueden enriquecer el pensamientos del conjunto. El escollo aquí es otro: las descalificaciones perpetradas hacia su persona. Los chistes, cada vez menos graciosos cuando se comenzó a notar la vehemencia, aluden a su físico o sus equivocaciones. Se ha transformado en parte del vocabulario argentino de una manera que nadie quisiera. Es objeto y símbolo de la burla por la burla misma.

Una sociedad como la argentina, que tiende a la polarización y a la teoría del amigo-enemigo, suele buscar en cada ocasión un culpable para así poder apuntar el dedo acusador. Y cuando se trata de fútbol, el resultado se eleva a la enésima potencia. Ir al estadio, ser hincha en la actualidad, es magnificar cada situación y sobreactuar en nombre de la pasión o el amor incondicional.  Todo esto hace un cóctel explosivo cuando añadimos las plataformas que nos permiten tener millones de jueces y expertos al instante: las redes sociales.

Higuain es un culpable perfecto: los errores puntuales que tuvo en la trilogía de finales (aunque también grandes virtudes que ya nadie reconoce), hacen la alquimia perfecta con su poco carisma tanto fuera como dentro del campo. Para que se entienda, no es grandilocuente. Nunca lo veremos realizando notas por doquier o teniendo amigos periodistas, tampoco gesticular incansablemente dentro del campo. Tal parece que no se lleva con ese estilo. Esto lo aleja del cariño de los apasionados, que necesitan un mártir que pueda asemejarse, al menos en morir por su país, como lo hizo en el pasado Diego Maradona.

Con respecto a lo futbolistico, las estadísticas son abrumadoras. En Napoli estuvo tres temporadas, marcó 91 goles en 147 partidos. Allí fue dos veces Supercannoniere, la última rompiendo un récord de decena de años. Con dos títulos en el bolso se fue a Juventus, en este primer año ya marcó más de 30 goles en alrededor de 45 partidos. Ayer fueron dos para darle medio pasaje a su equipo para la final de Champions League.

Con respecto a Argentina, tiene un promedio de 0.47% por partido. Marcó, hasta fines del 2016, 32 goles en 68 partidos: está a tres de Hernán Crespo, el tercer máximo anotador.

Seguramente dirán que las estadísticas no dicen la verdad o que no metió las más importantes. Siempre se podrá poner una excusa o un punto en el análisis, y no está mal, son las opiniones de cada uno. Yo prefiero opinar que es un delantero de primer nivel, que sabe jugar dentro y fuera del área, que tiene buena definición, gran pegada y olfato de nueve. No cualquiera se mantiene en los primeros lugares, jugando en Real Madrid, Napoli y Juventus.

Es incomparable el ambiente de sus equipos con los de la Selección. La desconexión entre las líneas es nociva incluso para el mismísimo Messi, que sólo se sobrepone por ser el mejor del mundo. Un nueve necesita un contexto. Se pueden realizar buenas actuaciones de forma ocasional, pero a lo largo de un lapso determinado se necesita del equipo.

Precisamente el equipo le funciona en Juventus. Dani Alves hace lo que siempre fue una deuda pendiente en Argentina: los laterales en función de ataque, asistiendo y generando superioridad. Su socio más cercano es Dybala, la joya cordobesa con la cual conecta a la perfección. Juventus es un equipo que le da confort a Higuain desde atrás hacia adelante y le permite, haciendo su esfuerzo, tener recompensa. Lo mismo ocurrió en Napoli, donde Sarri le dio todo lo necesario para que explote sus dotes de definidor.

En Argentina falló las tres ocasiones que más habrá querido meter en su vida, pero salvaguardando la de aquella Copa América 2015, las restantes fueron fruto de su insistencia. Aún hoy me extraña lo poco que se ha analizado el rol del delantero en la final ante Alemania, haciendo a la perfección el denominado “trabajo sucio”, siempre molestando la salida de Hummels y Boateng. Fue el primer defensor de un equipo que se volvió hiper conservador. En las restantes finales estuvo a tono con sus compañeros, puesto que la tercera fue mejor que la segunda. Pero claro, no voy a pecar de inocente: el nueve sin gol, queda vacío.

Para finalizar, me gustaría dejar dicho de forma explícita que no busco excusas para defender al futbolista, sino que intento comprender el curioso caso de la gran mayoría de argentinos contra Gonzalo Higuain.

3 comentarios sobre “EL PERFECTO CULPABLE

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