CARTA BREVE PARA EL FÚTBOL ARGENTINO

ÁLEX ABILLEIRA

Nos robaron la música, los parques, las plazas y hasta el fútbol.

César Luis Menotti.

Quiero pedirles disculpas, amigos. Siempre me he sentido un poco argentino sin basarme en circunstancia alguna de hecho o de derecho. No siempre sé exactamente la razón de esta particularidad, ¡quién puede dominar ese desesperado sueño de ser! Algo tiene Argentina que me emociona en sus relatos, que me hundió una vez en su fútbol. Así como Los cuatro momentos del día de Hogarth no pueden entenderse por separado, así en algunos días mi mañana es Bielsa o Diego, el mediodía Cappa o Román, la tarde Menotti y en la noche imagino el día que llegará acompañado de Troilo y Piazzolla.

Qué están ustedes haciendo mientras –como apuntó Gramsci– lo viejo se resiste a morir y lo nuevo no termina de nacer. En qué momento se han permitido desaprovechar ese acuerdo tácito entre la generación pasada y la presente que significan algunas de esas personas como las citadas. Se han planteado que un día alguno de ellos no estará y, mi admirado pueblo, a ustedes que les han cortado el proceso de su fútbol como hecho cultural y cuando se pierde una etapa del proceso, se desvirtúa, se pierde la línea de orientación… Se cuestionan en tal caso a quién van a dirigirse para reconstruir el puente, algo necesario para el fluir identitario, a quién van a escuchar para saber a dónde se dirigen o, mejor, hacia dónde quieren dirigirse.

No por extranjero soy atrevido, y de así ser tenido en cuenta, no por ingenuo he dejado de ver. Ustedes tienen una tarea pendiente, el gran ejercicio de ubicación, redefinir y repensar los límites de lo que se puede y no se puede en su fútbol, en su cultura. No se trata de regresar a donde todo tiempo pasado fue mejor, sino de hacer uso de él para encontrarse en el presente y proyectarse por las vías con criterio correcto.

Entre victorias urgentes y derrotas descalificadoras yace débil y excluida esa fuerza de conocimiento que ustedes necesitan atrapada por la ausencia de un lugar y un tiempo para posibilitar su re-inclusión. Me viene a la mente esa maravillosa escena de El secreto de sus ojos, cuando Pablo Sandoval, siempre alumbrado en su camino hacia la frase precisa dice que “el tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios… pero hay una cosa que no puede cambiar… no puede cambiar de pasión.”, oración imprecisa sin el no tan citado planteamiento que le precede al preguntarle Sandoval al Escribano Andretta qué significa el Racing de Avellaneda para él. Pasión, contesta. Un ácido y punzante Sandoval interrumpe manifestando “aunque hace nueve años que [el Racing] no sale campeón”. ¿A quién le han vendido su alma, su pasión? ¿Quién se la ha robado? Le han quitado la esencia a su pasión, pues ese significado con el que identifican la palabra ha sido adulterado, es una pasión soez, bárbara y malentendida, rota en su proceso de transmisión generacional… rota por el capital y su tiempo urgente.

Un cuento de Fontanarrosa no tiene utilidad material, es un adorno para el negocio pero es un enriquecedor para ese mientras tanto que en otro contexto manifestaba Cappa, un alimento para la comprensión de un ser social. Qué les dice, queridos hermanos, Viejo con árbol…

¿Cómo quieren vivir su vida? ¿Qué quieren que sea el fútbol para ustedes? Qué tiene el cuento mencionado de ajeno a ustedes. Dice Bielsa que el fútbol, un acto creativo, necesita un grado de relajación que permita que los gestos propios del juego sucedan con naturalidad. Paralelamente, como la victoria ya no es una opción sino una obligación, exige una tensión cercana al imperativo. La composición equilibrada de esas dos fuerzas, relajación y tensión. Eso han sido siempre ustedes para mí, algo bello y algo pasional en búsqueda de un equilibrio en el que el niño que se hace grande jugando no pierda su identidad ni sus ganas de sentir orgullo de donde es alguien.

No se trata de ofrecer canchas y técnicos, sino de que Argentina permita ser a los niños y a los jóvenes, tanto como a los viejos. Porque en la edad intermedia está el presente sintiéndose parte de ningún sitio, víctima del enlace roto. Hace días, de un encuentro con el pedagogo italiano Francesco Tonucci, cuidadosamente envuelta me traje al hogar una anécdota que me contó de su paso por Rosario. Un niño había dicho en su presencia, “cuiden lo público, algunos es lo único que tenemos”. Quiero decirles desde acá que mientras unos y otros se culpan de lo que está sucediendo no olviden que el fútbol es de la gente, deben reclamarlo. Qué será de ustedes sin la gambeta no mercantilizada nacida en un callejón, en un potrero, en una plaza.

Pónganle nombre a eso que destruye su honesta pasión, identifíquenlo porque eso le está impidiendo a su fútbol continuar el camino por el que llevaba tiempo transitando solo sin intervencionismos manipuladores que tantísimo lo han dañado.

Salud para su fútbol, amigos. El viejo del cuento de Fontanarrosa diría eso son ustedes.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s