SOBRE LA UTILIDAD DEL JUEGO

KEVIN VIDAÑA

Decía Alan Watts que “la música no tiene propósito. Cuando bailas, ¿esperas llegar a algún lugar en la pista? No, el propósito de bailar es bailar”. Pero el ser humano segmenta la realidad para comprenderla en una división que resta, que desmorona la acción íntegra que considera el medio como fin en sí mismo.

Cuando jugar no es el reclamo o medio para obtener algo. Vivir no es huir ni buscar, ni querer distintas la naturaleza, las cosas, el mundo, el presente. Jugar no es estar al margen de nosotros mismos, no es adquirir la condición de valor útil para satisfacer las necesidades humanas.

Eso es una visión quijotesca que auxilia las inventivas de búsqueda, propósito, idea, tiempo, voluntad, yo, elementos asintóticos que se acercan de continuo a la vida sin llegar nunca a encontrarla. Porque jugar es vivir en el ahora, y solo es perfecto cuando se juega y se olvida al mismo tiempo.

De vivir sabía el maestro Eduardo Galeano, que se resistía a creer en fórmulas misteriosas como la sagrada concepción de Jesús y en esquemas tácticos más indescifrables que la Santísima Trinidad, advirtiendo que el director técnico es tan desechable como cualquier otro producto de la sociedad de consumo.

Porque las personas no somos útiles, que hayamos sustituido espacio y tiempo por geometría y cronómetros no resuelve las miserias latentes de lo que es mejor para nosotros.

De tal modo que cooperar de manera incondicional con lo inevitable me parece sinónimo de sabiduría, que es libre y transigente, descubridora. Y no hacerlo es construir y exigir, perder inocencia e ingenuidad –juego- en nombre de una seguridad parcial, donde toda certeza quiebra.

El filósofo chino Lao-Tsé evidenciaba lo incompleto de las partes ante la integración del todo diciendo que “tal como nos aprovechamos de lo que es, deberíamos reconocer la utilidad de lo que no es. Treinta rayos convergen hacia el centro de la rueda, pero es el vacío del centro el que hace la rueda útil. Con arcilla se moldea un recipiente, pero es precisamente el espacio que no contiene arcilla el que lo hace un recipiente. Abrimos puertas y ventanas en una casa, pero es por sus espacios vacíos que podemos utilizarla”.

De lo que no es está constituida la intuición, que es la inteligencia del organismo, contendiente del conocimiento limitado. Las interacciones naturales que se adjetivan no son relaciones ni son naturales, la perfección del juego es relacionarnos en la vacancia de imágenes y supresión de etiquetas – ¿de qué hablamos cuando hablamos de estructuras y de jugadores complementarios?-.

Entendamos que el juego, como el amor, no es la relación con sus interpretaciones, abstracciones y faltas, lo de verdad no pide nada a cambio.

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