MANU GINOBILI: LA CONQUISTA DEL TALENTO

GERMÁN LAGGER

El humano, dentro del abanico de decisiones que toma, se inclina a veces por el éxito que esta decisión le va a proveer en un futuro. Sin embargo, reconocer el futuro desde esa visión a la larga lo puede llevar a sospechar de ese camino que decidió elegir porque simplemente no esperaba, no tenía en cuenta dentro del catálogo, que el éxito es una excepción y no una norma o regla. Y cuando solo el rumbo era el éxito, no posee otro escape de salida o alternativa para poder reconocerse ante la frustración. Esa alternativa es la de darse cuenta que el mundo no se divide entre ganadores o perdedores sino de como cultivamos nuestra vida, de deseo. Porque el ser humano es sujeto del deseo. Cuando uno deja de desear pierde la instancia de conformar proyectos, ideas, objetivos. El personaje que elegí para este artículo es el de un deportista que nos recuerda que la edad es solo un accesorio si se tiene deseo y capacidad. Un deportista que tiene el atributo de optimizar sus recursos porque en su cabeza primero es ser y después como consecuencia tener.

                Emanuel Ginobili en sus inicios no otorgaba ningún indicio de que podía llegar lejos en el Basquet. No era alguien prodigio. No era un Lebrón James o Messi. A sus quince años era chiquito y flaquito, y nada hacía aparentar de que iba hacer lo que fue realmente. Sin embargo, tiene ese motor que estimula a los más grandes deportistas: lo feliz que es haciendo lo que hace. Manu ama el Basquet. Sus objetivos están llenos de pasión y obsesión. Este atributo es lo que hizo que este jugador rompa barreras, atraviese dificultades, no se corrompa ante el éxito. Me da la sensación que es una persona que se cuestiona a sí mismo: ¿Qué puedo hacer para ser mejor? ¿Qué puedo aportar a mi equipo? ¿Cuáles son mis límites y cómo puedo renovarme? Ese espíritu de superación va mas allá de una volcada al aro, un triple o un Euro Step. El talento no solo es la jugada lujosa. El talento es comprender tus limitaciones y saber que a veces no se puede hacer todo y hay que darles espacio a otras soluciones. El talento es interpretar que es lo que necesita el equipo de vos. El talento es el ejemplo que das con tus valores y actitudes. El talento es transformar tu juego con él tiempo. Manu Ginobili corresponde a estos tipos de talento. Por eso es uno de los competidores más constantes de la historia del Basquet.

                Las virtudes de Manu se pueden visualizar desde diferentes puntos. Pero hay un partido que denota lo que es como competidor. Ese partido es el sexto juego de la final de conferencias entre Miami Heat y San Antonio Spurs del año 2013. San Antonio ganaba por cinco puntos en el cuarto tiempo a falta de veinticinco segundos de terminar el partido. Miami empato terminando el partido con un triple de Ray Allen, fueron a tiempo extra y ganaron los Heat. Luego San Antonio no pudo ganar el séptimo juego y Miami se llevó el anillo de la NBA. Así es el deporte. Es imposible dividirlo entre ganadores y perdedores. Porque controlar un libreto preestablecido es difícil ante lo imprevisto. No siempre que se quiere se puede. Y la toma de decisiones están sujetas a condiciones externas, al rival. Y al haber un contrario es porque existe una dificultad. Y perder no es lo anormal. Sino lo normal. Y esta realidad, jugadores como Manu Ginobili, la llevan dentro de sus aptitudes. No hay teorías arbitrales, ni que hubo suerte de por medio. Nada de excusas. Se perdió y punto. A descansar. A refrescar sensaciones. A empezar de cero. E intentar de nuevo para hacerlo mejor que antes. ¿El resultado? Cuarto anillo de la NBA al año siguiente frente al mismo equipo jugando un Basquet donde el pase era el medio de comunicación. Uno de los mejores equipos que vi en la NBA.

                A veces me cuestiono si se tiene conciencia del legado que ha sembrado Manu. Y va más allá de los títulos obtenidos. Es mucho más que ser ganador de cuatro anillos de la NBA o de la medalla dorada en los juegos olímpicos de Atenas 2004. Ya trascendió esa frontera. Su conquista es más sustancial. Una conquista del talento, de la ética, de la honestidad, de la valentía, de la credibilidad, de la generosidad hacía el espectáculo. Un personaje que con su incursión al mundo de la NBA cambio los parámetros del jugador FIBA. Cambio la visión del jugador internacional en una NBA que no estaba preparada para recibir un jugador como Manu. Llego para mostrar una renovada visión del juego, del basquetbolista. El mismo Popovich reconoció que Ginobili le permitió adquirir conocimientos y sensibilidad como entrenador. Aprendió a ser más paciente, a dejar que la intuición del jugador tenga libertad, a no tratar de controlar todo. El legado de Manu es rotundamente inmenso.

                Hoy por hoy la pregunta es si Manu Ginobili dejara de jugar al básquet o si seguirá una temporada más en el equipo texano. Eso quedara en el entusiasmo que todavía tenga en sus reservas o las ganas de realizar nuevos proyectos. Uno lo vio jugar contra los Houston Rockets y los Golden Warriors esta temporada y hay una complicidad latente que dice: “Manu sos inoxidable. Todavía no te podes retirar. Por lo menos un año más”. Pero si llega a dejar el Basquet. Simplemente gracias por todo. La memoria no será selectiva.

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