RIVER, DOPING Y EL DEPORTISTA FREELANCE

GERMÁN LAGGER

En estos días vivimos un nuevo caso de doping que, en este caso, repercutió dentro del fútbol. Se identifico que 2 jugadores de River (Martínez Quarta y Camilo Mayada) les dio doping positivo al consumir Diurético. Al conocerse el acontecimiento, la instantaneidad que hoy rige en la opinión pública consumió cualquier análisis serio y prudente con respecto a la situación que implica el doping en el deporte. Información mal dada para cumplir con el impacto de la demanda del rating, memes, gastadas, etc. encapucharon un análisis profundo del tema que no solo viene repercutiendo en el futbol, sino que también en el deporte en su totalidad, desde que se convirtió en un producto mercantil.

Los casos de doping más significativos se dieron en el acontecimiento donde las condiciones humanas se ven a flor de piel: los Juegos Olímpicos. Momento singular donde el deportista se relaciona en un contexto donde el alto rendimiento maravilla a todo el mundo pero que en silencio va desfigurando cada vez más al deporte. Ver a Usain Bolt correr por la pista de carrera es una atracción donde se paraliza todo. El público queda impresionado por sus proezas. Cuándo la rusa Yelena Isinbayeba realizaba su salto con garrocha, asombraba. Las veces que Michael Phelps maravillo con su desplazamiento en la pileta olímpica con su sorprendente estilo mariposa. Ya no le caben elogios. Nos conectamos a Youtube, y nos asombramos por la flexibilidad, la fuerza, el balance, la técnica de Nadia Comaneci en Montreal 1976. Los Juegos Olímpicos guardan, entre tantos otros, maravillosos sucesos que valen la pena recordar. Sin embargo, hay algo que es mejor guardarlo que mostrarlo para los que manejan este negocio. El humano es un micro mundo dentro de un macro mundo. Cada sujeto es lo que es dentro de un proceso socializador que va construyendo su realidad. Una realidad que se va moldeando a partir de oportunidades, inquietudes, pensamientos, sentimientos, virtudes, defectos, decisiones, etc. Sin embargo, este molde ha congeniado con un espíritu deportivo que a lo largo de los años ha ido desnaturalizándose. Siempre entendí que realizar un deporte es un don que debe potenciar la integridad personal y como consecuencia superar al rival de forma digna y noble. Los inicios de los Juegos Olímpicos modernos, impulsados por Pierre de Coubertain, poseían esa idiosincrasia. Aquella doctrina donde el deporte era un motivo para alcanzar el esfuerzo y la sana competencia, a través de la madurez, la nobleza, la capacidad de trabajo y el bienestar físico.

En la actualidad, los Juegos Olímpicos que siguen teniendo esos principios tan sanos como la integridad, la solidaridad, la ilusión, la pasión, la superación personal, han sido acusados por lo establecido, que busca la superación de los límites sin importar la entereza del individuo. Se va perdiendo lo más hermoso que tenían los juegos que es la vocación hacía la competencia en relación con lo lúdico. El contexto deportivo fue alienando al deportista y fue aguardándole un futuro donde sus metas y sus plusmarcas no tengan mucho que ver con la búsqueda del ser humano que compite para mejorarse así mismo, sino el hombre excepción, el que debe alcanzar todos los records posibles sin reparar en los medios. Donde la intensidad y el desprecio por la salud humana, recurren a diversas técnicas de doping.

Un día sos leyenda, al otro día sos villano. Si ganas, existís. Del segundo nadie se acuerda. No vendes. Todo se amolda a un deportista freelance. Su porvenir depende de su desempeño. Al mínimo traspié pasas del recuerdo al olvido o el éxito te hace un ser único. Se transforman en habitantes silvestres de la red del éxito por el éxito mismo, de las grandes marcas, de la sed de triunfalismo sin importar su condición de ser. Cada vez hay menos lugar para ser protagonistas de su propia historia, para desarrollarse humanamente. El accionar del deportista es de confiar en los medicamentos que le otorga el especialista. Y está bien que así sea, porque al fin y al cabo son los que saben del asunto. Sería una falta de ética y de honestidad por parte del especialista de otorgarle algo a escondidas. También hubo aquellos deportistas que supieron lo que estaban digiriendo y aun formaron parte del consumo y encubrimiento de drogas ilegales. Sin embargo, los casos de doping siempre son en un marco donde el sistema poco se hace cargo de su circo y el primer batallón de fusilamiento es el deportista.

Este batallón es puesto en hake por el determinismo exitista que frustra al que favorece. Es parte de la factura que entrega las lujurias del tener. Nadie le dijo a Lance Armstrong que estaba equivocado por trasfundir sangre, usar EPO y testosterona. Formo parte de esa equivocación, ocultando esa red de consumo, hasta desprestigiando a todo aquel que dudaba de su accionar. Era un héroe estadounidense para la opinión pública. Toda su carrera se lo relaciono con que era la cura de todos los males. Recién se le soltó la mano cuando se dio a conocer su doping positivo. Marion Jones era la reina de los juegos de Sídney 2000, al ganar el evento central de los 100 metros llanos, hasta que la empezaron a mirar de reojo todos aquellos que le prometieron medallas por la renuncia de su humanidad, cuando se descubrió que había adquirido sustancias ilegales y evadido impuestos.

Esta problemática que se imprime dentro del deporte es un caso que abarca todo el porvenir del negocio. No hay grises. Si mucho blanco y mucho negro. Sos o no sos. Me parece que es esencial empezar a preguntarse si estamos favoreciendo el control o formamos parte de la deshumanización deportiva.

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