PARA DON MARCELO…

GONZALO GARCÍA

En la actualidad puede que sus frases se hayan reproducido hasta el hartazgo. Que, en pos de reconocimiento, no pocos usufructúen las ventajas de espetarlas para ganar adeptos. Incluso, han sido objeto de burla por una porción importante de los aficionados. Con Marcelo Bielsa no hay término medio: o le amas o no lo quieres ni un poco.

Yo le tengo una admiración enorme. Y no en proporción a su rol de entrenador, sino al de formador de personas.

Recuerdo la primera vez que escuché con atención una de sus declaraciones. Aún no entendía  demasiado lo que significaba el fútbol, pero sus palabras me dejaron zumbando los oídos. Me ardía el cerebro, me hacía pensar. No es demasiado común en este mundillo del fútbol donde el listón se encuentra cada vez más cerca del suelo. Tal vez por ello se lo acuse de charlatán, o porque sus dichos se enfrentan a sectores poderosos que no quieren perder privilegios (ejem, periodistas).

Marcelo Bielsa, sin saberlo, ayuda a una gran cantidad de jóvenes que comienzan a transitar el sendero del fútbol y de la vida. Sus palabras persuaden. Es, sin dudas, de los protagonistas del fútbol que dignifican la profesión y dejan al espectador pensando.  Un hombre demasiado necesario para los tiempos que vivimos; imagínense este escenario: un joven, por un momento, deja de consumir los medios fast-food para escuchar o leer esto: “La obligación que tiene todo ser humano es rentabilizar sus opciones para ser feliz. Nosotros deberíamos aclararle a la mayoría que el éxito es una excepción. Los seres humanos de vez en cuando triunfan. Pero habitualmente se desarrollan, combaten, se esfuerzan, y ganan de vez en cuando. Muy de vez en cuando.” Es un gran cambio, ¿no lo considera así?

Y los seguidores han hecho de eso un refugio. Honestidad, nobleza, valores. No pervertir el fútbol, que en extensión es una enseñanza de vida. No querer ser a cualquier precio. La dignidad es más importante que una victoria ocasional, la victoria no vale tanto como nos quieren hacer creer. La formas, el cómo, eso sí.

El sacrificio es otro aspecto innegociable. Pero bien entendido, no la pantomima del sudor porque sí. Tener una línea de conducta y trabajar para lograr los objetivos. Sin disciplina no llegaremos lejos, pero más importante que eso es que siempre el fondo sea leal y con argumentos serios.

Son miles alrededor del globo los que se identifican con estos conceptos, que se han difundido y hoy se engloban en lo que se llama paganamente la “escuela bielsista”. Acúsenme de poco avispado, pero para quien suscribe esto vale más que un campeonato.

Como en cada escuela, hay alumnos reticentes. A este subtipo les llamaré “bielsistas de bolsillo”, en analogía a los religiosos que sólo creen en su salvador cuando un suceso inesperado los atrapa. Son aquellos que se rasgan las vestiduras por las injusticias e impurezas en el mundo, pero que sus acciones no guardan consonancia con los dichos representados y sí con inmoralidades propias del bando criticado. Sumo también a los que reducen a Bielsa a sus frases de cabecera y se pierden de la hondura de sus verdaderos pensamientos.

El bielsismo, en definitiva, es un ideal a perseguir. Una respuesta filosófica al detrimento de los valores del fútbol. Un refugio para muchos, un comienzo para otros. Es contestatario y rebelde aunque sea pacífico. Porque desde esa tensa calma proveniente del ostracismo viene el poder: no hace falta gritar para dejar al descubierto los pésimos manejos del resto, simplemente es necesario actuar como un Loco.

 

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