RUSIA 2018, UNA NUEVA EXCUSA PARA NO ACEPTAR A MESSI.

JUAN IGNACIO QUIÑONES

La clasificación a Rusia 2018, con la estupenda actuación de Lionel Messi en la última jornada, despertó un clima de alivio alrededor de la selección. Los tres goles del mejor jugador del mundo revalidaron el romance con el público argentino, que siempre necesita una demostración más para aprobar al genio. El “Que de la mano de Lionel Messi”, que bajó de las tribunas del Atahualpa, sonó espontáneo, por el contexto. Pero, atrás del agradecimiento, se lee entrelíneas: Sacanos campeón.

La relación entre el astro del Barcelona con la selección argentina es un amor no correspondido. Messi ha demostrado como pocos su compromiso con la albiceleste. La eligió, por sobre la española; estuvo presente en casi todos los amistosos ignotos, armados sólo para facturar y la “salvó” de papelones. Como, por ejemplo, en la última Copa del Mundo, cuando el empate con Irán parecía consumado. Ha llegado a finales de Copa América, lloró, renunció y volvió, porque su arraigo con la selección es más fuerte que cualquier crítica que pueda recibir. El fútbol argentino, en los últimos 15 años, se sostiene sólo por Messi. Pero, el murmullo, siempre está. “No es como Diego”.

Gran parte del futbolero argentino, que no ve más allá de nuestro campeonato (de ahí los pedidos cuando hay una convocatoria), no puede aceptar a Messi pese a sus reiterados gestos. Porque, el crack, poco tiene que ver con esta sociedad. Es un producto de Barcelona, mal que les pese a muchos y no lo sienten cercano, “nuestro”. Lo único que sirve y el mensaje que han instalado, es salir campeón del Mundo. No interesan los goles, no interesan las eliminatorias, sólo traer el año que viene el título.

Messi le “cayó” al fútbol argentino. Un día nos enteramos que un pibe que pintaba para ser el mejor era argentino y lo descubrimos jugando un amistoso en la cancha de Argentinos Juniors. ¿Y qué hacemos? ¿Lo tomamos? ¿Sacamos chapa? A ver, no canta el himno, no putea. Buscamos algún gesto desafiando a algún contrario.

Pero, no. Messi es Messi. Nada más y nada menos. El mejor del mundo y uno de los mejores de la historia. Pero, es un producto de Barcelona, que muere por regalarle a su país el campeonato que se le niega desde hace 31 años.

Dentro de ocho meses, volveremos a depositar las esperanzas de alcanzar un nuevo campeonato mundial en sus espaldas. Pero, si no lo consigue, no lo aceptaremos como argentino y no querremos colgarnos esa medalla de haber tenido al mejor del Mundo. Porque no nos sacó campeón. Y porque no es Maradona…Es Messi, pero nunca entendimos el orgullo que debería generarnos.

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