«NENE, NO SABES NADA.»

MARTÍN LAFITA

“Escuchame nene, hace 46 años que veo fútbol. No hay manera de que este pibito le llegue a los talones a lo que fueron Pelé o Maradona… y vos no tenés idea de cómo se movía el Flaco este del Ajax… ¿Cómo se llamaba? Ah sí Cruyff. Nene, vos no sabés nada de lo que es este deporte, mirás fútbol hace cuatro meses y conocés los equipos por jugar al jueguito este… el FIFA o algo así. Dejanos a tu viejo y a mí hablar de esto que vos no sabés nada nene.”

A Matías la respuesta del tío lo inmutó. La impotencia sentida luego de esa chicana le dejó una huella en sus ojos, con los lagrimales encendidos pero camuflados gracias a un hábil movimiento con la manga del suéter.
En la pequeña cafetería se mostraba, casi imperturbable, un televisor de no más de veinticuatro pulgadas emitiendo el canal deportivo del mediodía. A pesar del bajo volumen –no más de veinte-, los gritos provenientes de la pantalla llamaron la atención de los familiares, desatando la folklórica charla futbolera argentina. Una pregunta se disparaba, encuesta en redes de por medio, ¿Quién es el mejor jugador de la historia?
Siguiendo la mística de las charlas de bar, el joven escuchaba tanto al padre como al tío, y después de terminar su Coca – Cola, con cierto aire de curiosidad y timidez, se animó a comentar: “Messi logró emocionarme como ningún otro; me hizo amar el fútbol.”

La indignación interior que le produjo la contestación del tío Marcos lo hizo musitar un par de malas palabras, acumulando pensamientos y una necesidad de expresarse como nunca. La canción en la radio de fondo con la voz de Freddie Mercury diciendo “Don’t stop me now” le hacían emerger una oleada de argumentos en su interior que querían explotar como una bomba de tiempo. Con el pulso acelerado, percibía que no podía contenerse.

Pensaba que decir que un jugador es el mejor jugador de la historia contenía tantas matices y variables que es casi imposible poner a uno por sobre otro. Que, en un deporte colectivo, coronar al individuo es tan absurdo como injusto.

Sentía la necesidad de expresar que el futbolista que se recuerda por el resto de nuestras vidas con mayor afinidad es probablemente el primero en añadir a las emociones emergentes en la adolescencia ese componente de nostalgia, el primer amor; y que salir de esa subjetividad siempre será de una dificultad demasiado elevada.

También le parecía inadmisible el pensar cualitativamente, a través de toda la historia de todos los jugadores que se animaron a patear una pelota, saber quién era el que más se había destacado. Se preguntaba a sí mismo cómo un enganche y un arquero siendo tan distintos, pueden compararse desde la influencia en el juego. También se cuestionaba a sí mismo cómo se puede fragmentar el juego siendo una síntesis, y cómo podía ser que un concepto tan abstracto y subjetivo como “el mejor jugador” lograra concluirse con tanta facilidad y nulo análisis.
Casi que se oía el rechinar de dientes de Matías mientras se explayaba en su mente pensando que si de alguna manera se podía comparar dos jugadores podría ser desde lo cuantitativo y no desde lo cualitativo. Pero aún así, las estadísticas llevan tan poco contexto dentro de sí; y tan poco de lo que significa el juego y el conglomerado que se estaría llegando una vez más a fragmentar una síntesis. Comenzaban a saltarle frases que había escuchado y memorizado como “Necesitás más a tu compañero que a vos mismo” de Menotti o a Guardiola mencionando que él simplemente considera al fútbol como un ente indivisible.

Casi que parecía que la vena yugular interna no soportaría la presión que le causaba al joven de 17 años el pensar en lo complejo que es el fútbol. Que por más que aparezcan supuestos “científicos” del deporte, encontrarle explicaciones a todo a veces no podía ocurrir. Que el fútbol no es matemáticas, que 2+2 no es 4 y que por más que se busque un algoritmo para encontrar al mejor, no es descifrable esa ecuación. Los gustos son gustos sí, pero la objetividad no se lleva bien con este deporte.

Su papá pareció darse cuenta entre risas el estado de su hijo y, con intriga, preguntó sutilmente: “¿Pasó algo muñeco?”

Era su oportunidad. Poder descargarse y sacarse la bronca, como el goleador que anota después de ser cuestionado. Clavó su vista en los ojos del tío Marcos y se animó a decir: “¿Me puedo pedir otra Coca-Cola por favor?”

Mientras los hermanos aceptaban al unísono el pedido con cierto desinterés, en la cabeza de Matías había una frase que no paraba de resonar: “vos no sabés nada nene”.

6 comentarios sobre “«NENE, NO SABES NADA.»

    1. Muy bueno, la verdad que me puso la piel de gallina y me sentí muy identificado con esa situación, ya que siempre discuto lo mismo, Leo es el mas grande de todos los tiempos.

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