ANÁLISIS MUNDIALISTA

Alemania,
Gabriel González.

La lista presentada por Joachim Löw para el compromiso ruso de los próximos meses no hace más que ilusionar al universo futbolístico.

El catálogo de unidades al servicio de “Die Mannschaft” abre la posibilidad de ingresar a una interesante exhibición: la muestra excelsa de un modelo lúdico y audaz en un contexto harto competitivo. Al postre germano se le añade el “topping” que marca la distinción: la presencia de futbolistas ávidos en el escenario posicional.

Desde Mats Hummels a Joshua Kimmich, paseando por Toni Kroos o Sami Khedira, llegando a latitudes de Leroy Sané, Thomas Müller o Timo Werner, la extensión de futbolistas alemanes es tan variada que permite dibujar un equipo a la medida de cualquier propuesta o situación. Gran prolijidad para manipular el artefacto de juego y diversidad en características para la gestión; Löw se tomó la tarea de confeccionar una lista priorizando estas dos consignas y los veintitrés apellidos publicados son prueba fehaciente de ello.

En el bosquejo de un equipo con detalladas señas conceptuales, ahora aparecen herramientas útiles para dinamizar el proceso de llegada al arco. El mismo Julian Draxler en un estado óptimo, un Leroy Sané con un diplomado futbolístico a cuestas para este verano o hasta la novedosa y positiva presencia de Julian Brandt pueden ser piezas interesantes en la generación de esa ocasión que por momentos no aparece en el horizonte alemán sobre el último tercio del campo. Sumado a esto, una gama extraordinaria de brújulas pasadoras, esas que darán vida y soporte al juego de una desarrollada cuadrilla blanquinegra que buscará la gloria por segunda vez consecutiva en la competencia balompédica más importante del mundo.

Posicionales o dinámicos; sigilosos o borrascosos. Nuevos protagonistas heterogéneos para un proceso de juego donde la técnica y el esférico serán el pegamento para llegar homogéneos al marco contrario. Posibilidades tan amplias para desarrollar una idea tan atrevida hacen de Alemania uno de los rivales más temibles de cruzarse en Rusia.


Argentina,
Martín Lafita.

Argentina llega sin tela de candidato, pero con la presión de uno. El equipo lleva una carga emocional y psicológica con la que deberá hacer todo lo posible para contrarrestar, y así alcanzar un nivel óptimo. España, Brasil y Alemania parecerían ser los que pisan fuerte por llevarse la copa; gracias a su nivel individual y colectivo.

En el once titular argentino, quien más resalta y hace la real diferencia es Lionel Messi. Allí reside toda la esperanza del pueblo argentino. Si hay alguna ilusión en el corazón de la gente es por la magia que puede salir de la zurda del astro de Barcelona.

Como se viene pidiendo hace ya un tiempo, la tarea del entrenador de la selección es crear el mejor ecosistema posible para que Messi haga lo que sabe hacer. Y aunque sabe hacer todo (quizás le falta demostrar que puede atajar también) no se debe esperar que se cargue el equipo al hombro. Lionel sabe crear y definir; ha evolucionado para ser el futbolista total. Ambas cosas las sabe hacer a la perfección, pero no se le puede pedir todo. Sampaoli tiene esta disyuntiva para decidir cómo exprimir a Messi. Si lo quiere como asistidor para que sus delanteros sepan aprovechar las situaciones que les regale el “diez” o como definidor para las ocasiones que reciba de los mediocampistas. Para cualquiera de éstas, el técnico deberá encontrar los socios más afines con el enano para que no se llegue a la famosa y casi temida “messidependencia”.

Sampaoli llegó en medio de un desbarajuste dirigencial, siendo el tercer seleccionador argentino que dirigió en el mismo torneo clasificatorio. El poco tiempo de trabajo capitaliza aún más el valor de la correcta selección de jugadores para el desarrollo de una idea. Como la crisis sobrepasó cualquier tipo de parsimonia en el proceso de Eliminatorias, la clarividencia sobre qué jugador es el adecuado para la idea del entrenador se limitó casi hasta el extremo. Un ejemplo es que a Lanzini y a Meza les bastó una buena actuación en la última convocatoria para meterse entre los veintitrés.

Lo que intentará Sampaoli en Rusia es toda una incógnita; y como una Selección cambia tanto entre la fase de grupos y el tramo final, no se sabe qué esperar de este equipo. Desde las declaraciones se puede imaginar un equipo ofensivo, que busque presionar constantemente para tener la pelota el mayor tiempo posible, buscando un caos ofensivo que no permita dar referencias al rival. Pero no se puede tener certeza de esto, ya que frente a un equipo de igual o mayor talla y bajo la falta de una fluidez en el circuito ofensivo, el conservadurismo puede atacar los instintos de Sampaoli y llevarlo en busca del famoso “equilibrio”. Ambos procedimientos son válidos e irán en pos de encontrar el mejor resultado. Pero no parece ser buena señal que a pocos días del Mundial no sepamos qué será lo que busque Argentina.

Necesitará encontrar respuestas, y tendrá que hacerlo a contrarreloj. Esperemos que, como dijo Pep Guardiola, los técnicos se decidan a ser valientes y que el espectador pueda disfrutar de este evento que mueve a millones hacia la pantalla.


España,
Pedro Servin.

Ya pasó más de una década desde que España cambió su mentalidad de juego inclinándose hacia el buen trato del balón, y dejando atrás la “furia española”. Cuenta desde entonces con dos Copas de Europa y una Copa del Mundo. El último Mundial fue una etapa transitiva que les trajo por consecuencia la tempranísima eliminación en fase de grupos.

A pesar del cambio de entrenador y ver varios rostros nuevos, este seleccionado se caracteriza por mantener un estilo, una idea de juego a través de los años y los protagonistas.

Por lo tanto, a pesar de variar algunas piezas, la intención sigue intacta: conservar el balón el mayor tiempo posible y atacar. No es casual que sea una firme candidata a levantar la Copa del Mundo.

En cuanto a su juego, empezar por los interpretes: una gran cantidad de volantes, todos ellos de buen pie y técnica, lo que lleva a no necesitar poblar el área rival de delanteros, o que no se identifiquen con ese concepto de “nueve de área”, puesto que a través del pase avanzan todas las líneas, lo que genera un equipo compacto y corto. Así se le da lugar a sus internos para llegar y generar ocasiones de gol con bastante facilidad.

Tal vez lo más destacable y esperanzador para este equipo sea la figura de Isco Alarcón. Jugador que no cuenta con una posición fija, pero posee mucha más libertad que —por ejemplo— Iniesta y Silva. El volante creativo del Real Madrid se despliega por todo el ancho y largo del campo, ya sea para ser un apoyo en la salida y descomprimir la presión del rival a través de las triangulaciones, trasladando el balón hacia el tercio final o entrando y saliendo de su ubicación (“desmarque de ruptura”) para desmarcarse y ser una sorpresa más para el oponente. En resumen, se podría decir que su polivalencia lo distingue del resto.

Otro aspecto para resaltar de este conjunto es la gran labor que realiza su línea defensiva cuando el equipo está ubicado en campo rival. A pesar de que Ramos o Piqué no posean el balón, son los que se encargan de sacar a todo el equipo hacia adelante, reduciendo los espacios lo máximo posible para que una futura recuperación tras perdida sea mucho más efectiva que con el equipo parado en 50 metros. Este patrón de juego se vio reiteradas veces frente a la selección Argentina en aquel amistoso jugado en Wembley.


Brasil,
Rodrigo Sobarzo.

La selección comandada por Neymar es sin duda una de las favoritas a quedarse con el Mundial. Esto se debe al nivel de juego mostrado en las clasificatorias más exigentes del mundo, donde sacaron boleto con cuatro fechas de anticipación, dando exhibiciones de fútbol en cada uno de sus partidos.

En cuanto al juego de los dirigidos por Tite, podemos decir que es un seleccionado que no cree en la pausa, sino que ve en la frontalidad el arma más eficaz para dañar a sus rivales. La velocidad de las transiciones es brutal. En cuestión de segundos, Brasil convierte una situación netamente defensiva a una de ataque, en donde generan la superioridad numérica con una facilidad impresionante. Para esto es necesario realizar de forma correcta una presión alta, que obligue al rival a tomar una decisión rápida.

Otro valor agregado de esta selección, es la cantidad de variantes por puesto. En el arco, Alisson y Ederson, dos de los mejores arqueros del mundo, que tienen un juego con los pies extraordinario. En defensa, los titulares son Thiago Silva y Miranda, pero ante cualquier emergencia está Marquinhos en el banco esperando su opción. En ataque si no bastaba con tener a Neymar, Coutinho y Gabriel Jesús, cuentan como opciones en la banca a Douglas Costa, William y Firmino. Estas variantes son fundamentales, debido a que le permiten a Tite adaptarse de mejor forma a sus rivales, en especial en un Mundial, donde en pocos días, se juega ante selecciones que son radicalmente distintas unas con otras.

Otra característica fundamental es la proyección de los laterales. Hablaré solo de Marcelo, dado que la lesión de Dani Alves deja una incógnita en cuanto a quién será su reemplazante. Marcelo es un defensa poco convencional: defiende atacando. Y cuando por la banda se junta con Neymar, el espectáculo está asegurado. En cuanto al mediocampo brasileño, no juegan los mejores del mundo, pero probablemente sean los que mejor se interrelacionan entre sí. Tanto Paulinho como Renato Augusto son increíblemente versátiles y tienen un físico que les permite adaptarse sin mayores problemas al intenso ritmo de juego que propone Tite.

Podemos decir que ha vuelto el joga bonito a la selección brasileña. Brasil cuenta con el ataque más talentoso y efectivo de todos. Cuando Neymar, Gabriel Jesús o Coutinho tienen la pelota en sus pies, nos da la sensación de que cualquier cosa puede pasar. Si al talento de estos tres le sumamos los ataques constantes de Marcelo, la versatilidad de Paulinho y la presencia aérea de sus centrales, no hay sistema que los pueda parar. Brasil es el equipo que todos queremos ver, pero que ninguna selección quiere enfrentar.


Francia,
Gonzalo Garcia.

No se puede comenzar este pequeño análisis sin recordar aquellas figuras que quedaron fuera. Porque en una lista no sólo habla aquello que se convoca sino también lo que se discrimina, lo que queda fuera de cuadro. Y más si hablamos de futbolistas de la talla de Rabiot, Martial, K. Coman, o Laporte. Podría seguir sumando apellidos pero no me parecen tan imprescindibles (Digne o Lacazette, entre otros). Solo recordar a Karim Benzema y Ribery, que no estarán por casos extra futbolísticos.

Deconstruyendo línea por línea, infiero que hay una cierta jerarquía que puede darle al seleccionador diversas oportunidades de crear un equipo competitivo y que tenga alto vuelto futbolístico. Pero mucho cuidado en sobrevalorar lo que hay. Francia está bastantes escalafones por debajo de los candidatos, por calidad individual y, sobre todo, densidad de juego.

Empecemos a hablar de apellidos concretos. Tal vez su dupla central sea de las mejores de los treinta y dos participantes, sólo superado por España (Piqué – Sergio Ramos) y Alemania (Hummels – Boateng). Varane y Umtiti pueden dar aportes importantes tanto en defensa como en ofensiva; son fuertes en la marca y, sobre todo Umtiti, tiene la capacidad de realizar salidas limpias desde el fondo.

En el medio del campo Francia tiene lo justo y necesario. El que más ilusión me hace es Kanté, un ferviente recuperador y aceptable pasador, soporte vital para que sus compañeros ataquen con mayor soltura. Nzonzi, ya hablando de gustos personales, tiene una calidad destacada. Es el mediocampista que más me gusta de la lista, y el que mejor entiende el juego. Pogba, una incógnita. Arrestos de jugador de élite que ya no le sirven para congraciarse con el mundo del fútbol.

Me interesa demasiado ver qué será de Griezmann en este equipo; sin dudas el líder, la pieza diferencial, el que puede ganar un partido en una acción. Muchos ojos puestos en él, por el presente y el futuro inmediato.

Con respecto al resto del ataque, Mbappé podrá ser un buen socio. Nadie duda de sus capacidades a pesar de un bajón reciente. También O. Dembelé. Este tridente es el que me hace pensar en una palabra cuando veo a Francia: rapidez. En algunos buenos tramos diría equipo dinámico, aunque no logra sostenerlo en el tiempo.

Si bien Francia no llega a la cita mundialista como firme candidato, está implícita la idea de que tiene una potencialidad importante que puede explotar en cualquier momento.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s