ANÁLISIS MUNDIALISTA, PARTE II.

Bélgica, 
Julián Giacobbe

En 1999, Bélgica decidió que era necesario dejar atrás el paradigma defensivo y apostar por una escuela de formación ofensiva, donde el protagonismo a través del juego vertical y veloz sea moneda corriente. Lo lograron. Y, básicamente, los wines poblaron el país con la esperanza de formar un equipo imparable de cara al futuro. Sin embargo, Roberto Martínez no lo encuentra. No por falta de calidad individual, que les sobra, sino más bien por no conjugar el ideal cénit de edad y rendimiento en clubes de sus componentes con una idea de juego aceitada y adecuada para dar el salto en la Copa del Mundo.

Las críticas se dispararon hacia los lugares más contundentes, como cuando sorprendió menos el empate 3-3 con México que la declaración de De Bruyne de que los americanos “fueron tácticamente superiores” y agregando: “Es una pena jugar con un sistema tan defensivo sabiendo que tenemos jugadores de perfil ofensivo que quieren el balón”. El rendimiento de ese día, el triplete que recibió de Bosnia, la falta de estabilidad que sólo con Japón y Arabia Saudita (rivales con cambios de técnico e incógnitas de todo tipo) se encontró y la no convocatoria del querido Nainggolan (foco de los silbidos al DT en la presentación con Portugal) no hacen más que mostrar que el descontento con la solvencia defensiva y la transición en el repliegue está justificado. Los 43 goles convertidos en 10 partidos de eliminatorias se ven opacados por la idea de que cuando Kompany, Vertonghen o Alderweireld no estuvieron o no tuvieron su jornada ideal, Bélgica sufrió y mucho. Y eso, en una Copa del Mundo, se paga caro.

La lista nos da la pauta de que Bélgica formará con el cada vez más utilizado 4-2-3-1, variando entre propuestas ofensivas y defensivas según los componentes elegidos. Puede haber un doble pivote de recuperación o bien, la presencia de Axel Witsel acompañando a De Bruyne en modo Manchester City. Meunier y Carrasco, al menos en las últimas presentaciones, se perfilan como titulares, más allá de los espacios que otorgan atrás. La idea es lograr una transición ofensiva lo suficientemente rápida para ganar en contundencia entre las facetas de marca, recuperación y salida rápida del balón hacia Hazard. Cuando llegue, el futbolista del Chelsea deberá estar en posición de desequilibrio, con Mertens y Lukaku acompañando en su misma sintonía si quieren capitalizar las oportunidades. Batshuayi, quien se lesionó en la cresta de su rendimiento en Borussia Dortmund, no deja de ser una opción.

Bélgica tiene poder de fuego suficiente para no temer ni a Túnez ni a Panamá. Inglaterra, aún con su mayor solvencia, tampoco está exento. Llegar a cuartos parece el objetivo, donde los candidatos podrían asomar con toda cautela. ¿Qué diablos rojos encontraremos? Las variables son muchas, lo que sí sabemos es que incluirse en el lote de candidatos ya es un logro. En base a apellidos y a ilusión, los belgas sueñan con dar con su afamada posición. Justificarla es el objetivo.



Inglaterra,

Joaquín Solís

El fútbol es un deporte sencillo, pero no fácil. Los buenos equipos se destacan, entre otras cosas, por tomar decisiones correctas. No simplistas. Y en este último rango entra la selección inglesa. Resulta casi un desafío observar un partido suyo y que no se nos escape un largo y tedioso bostezo.

Contratado en octubre de 2016, Southgate propinó orden a un equipo perplejo, consolidó una idea -conservadora, pero idea al fin- y otorgó protagonismo a los más jóvenes. El desafío sigue estando en la evolución de su fútbol. Inglaterra es un equipo atado, que no encuentra soltura y lucidez en largos lapsos del encuentro. Y lo más preocupante: tiene poco gol. La estadística lo marca. Durante las Eliminatorias, solo marcó 18 tantos. Alemania, por ejemplo, hizo 43.

Obviamente, un equipo no hace goles abasteciéndose de delanteros -discurso insensato que varios adoptan-. Con Kane, Vardy, Rashford, Sterling y Alli en sus filas, la ineficiencia se explica por otro lado. Los británicos sufren la falta de creatividad y las dificultades para lograr profundidad-dinámica en diversos sectores del campo. Sobre todo, en el frente del área.

Por otro lado, Inglaterra no es espejo de la Premier, tal vez la liga más atractiva por intensidad y empeño. Pero… si los 23 (sí, los 23) convocados pertenecen a la liga doméstica, ¿dónde radica el problema? Simple. “Los tres leones” no gozan de un “10”. Basta con repasar los principales competidores: Fábregas y Hazard (Chelsea), De Bruyne y David Silva (City), Ozil (Arsenal) y Coutinho (Liverpool) antes de partir al Barcelona. Todos extranjeros.

Con Wilshere y Lallana –futbolistas de toque y asociación- fuera de la convocatoria, Southgate tiene clarísima su idea de juego. Y la elección de sus jugadores resulta coherente para su desarrollo. Su fútbol sacrificará la pausa y el control, y se centrará en las transiciones verticales. Sin embargo, Inglaterra sigue dejando dudas a nivel colectivo. Sin futbolistas de ajuste y nexo, se asemeja a un equipo de atletismo.

Mucho puede depender de Harry Kane. Si el ariete del Tottenham marca, las posibilidades de Inglaterra se duplicarán con creces.

Los fracasos en la Euro 2016 y el Mundial 2014 todavía escuecen. Y 1966, única conquista mundialista, ya es un recuerdo antiguo. Rusia resulta idóneo para acabar con semejante maleficio.



Perú, 

Ángel Sánchez

Tras una eliminatoria de película y el calvario vivido por todos los peruanos debido al caso Guerrero, el equipo de Ricardo Gareca llega en óptimas condiciones al mundial, sin ninguna baja en la lista de 23 jugadores.

‘El Tigre’, siempre coherente con su accionar desde que llegó a la blanquirroja, conformó la lista con los jugadores que han sido parte del proceso desde el punto de inflexión que se dio en la Copa América Centenario. Lamentablemente los dos más jóvenes, Luis Abram y Sergio Peña, tuvieron que quedarse fuera.

Los 11 titulares están en el imaginario colectivo de los 31 millones de peruanos: Gallese; Advíncula, Ramos, Rodríguez, Trauco; Tapia, Yotún; Carrillo, Cueva, Flores; Guerrero. Además de un primer cambio de lujo, Jefferson Farfán. Resaltar a uno de ellos sería injusto, todos se sienten y son igual de importantes para el éxito del equipo.

Gareca ha apelado a la historia del fútbol peruano para así instaurar un estilo de juego posicional y de toque que incluso ya está en libros de tiraje internacional por este motivo (“La metamorfosis” de Martí Perarnau). La mejor herramienta de Perú es el balón y los jugadores elegidos por Ricardo encajan a la perfección con esta idea.

Sin embargo, no todo es posesión, circulación y triangulaciones. Perú tiene más variantes ofensivas de las que se cree. Una de ellas, aunque parezca contradictorio, es el contraataque, el 46% de goles en las eliminatorias vino de este modo. Otra variante, tal vez la más conocida, es el pase largo a Guerrero, que tan bien funcionó contra dos selecciones campeonas del mundo como lo son Argentina y Uruguay. Además, el estar el capitán suspendido tantos partidos ha hecho que el equipo se adapte a jugar sin él, tocando la pelota aún más por abajo, haciendo el juego peruano más fluido teniendo como resultado la reducción de los tramos de posesión estéril que al principio aquejaban a la selección peruana. Por esto es que Gareca acierta en poner al 90% del 11 titular en los últimos partidos de preparación. El objetivo es volver a acostumbrarse a jugar con Paolo sin perder el aprendizaje de cuando no se pudo contar con él.

Perú afronta este mundial con ilusión, con un grupo unido y seguro de que respetando su estilo pueden alcanzar grandes logros. Afirman que el objetivo es ir partido a partido, superar la fase de grupos y de luego recién permitirse soñar. Pero cuidado, Gareca ha instaurado en el equipo la convicción de que todo es posible. Por dentro, a todos se les pasa por la cabeza la misma pregunta que hizo Raúl Ruidíaz “¿Por qué no pensar en la Copa?”.


Japón,
Nicolás Pedrucci

Cuando se habla de fútbol Japonés, se habla de una promesa, de algo que se sospecha va funcionar tarde o temprano. Pero los años pasan y con ellos llegan los Mundiales y el árbol que suponíamos, aún sigue siendo un verde retoño, hermoso, pero frágil.

Japón llega a Rusia 2018 con muchas más dudas que certezas, tras una eliminatoria deslucida desde lo futbolístico, pero intachable desde lo estrictamente numérico (clasifico primera en su grupo) la Federación Japonesa de Fútbol decide despedir al técnico serbio Vahid Halilhodzic a dos meses del mundial, luego de empatar con Mali y perder con Ucrania en amistosos de preparación.

La situación no ha mejorado desde entonces. Akira Nishino, su sucesor, sigue desde lo estilístico y desde la idea un camino similar al del serbio. Este mundial se encontrará un Japón mucho más pragmático, más cómodo (si es que se puede estarlo) sin la tenencia de la pelota, en detrimento de lo que otrora fuese la seña de identidad japonesa: la tenencia, las asociaciones, la técnica, el desparpajo, el defenderse con la pelota y no acumulando efectivos en campo propio, y también por qué no, las desatenciones y el error.

Es difícil intuir como será el parado táctico de Nishino, pero por lo visto en los últimos amistosos, la idea es una línea de cinco en el fondo, con laterales de largo recorrido como Hiroki Sakai y Yuto Nagatomo, dos mediocentros, muy probablemente Makoto Hasebe y Hotaru Yamaguchi, dos jugadores por dentro, que podrían ser Keisuke Honda y Shinji Kagawa y un delantero, que no debería salir de Shinji Okazaki o Yuya Osako.

Como se puede apreciar a simple vista, los nombres siguen siendo básicamente los mismos desde hace tiempo, bastante tiempo, y esto no responde a una sola causa, sino que viene derivado de varios problemas: El primero, la generaciones que le siguieron a los Honda´s, Kagawa´s, no lograron brillar de tal manera de imponerse. Hay otra variable igual de determinante: la falta de apuesta y el miedo a dejar atrás a esa generación, que sin duda fue la mejor de su historia, no solamente por calidad, sino también por la cantidad de jugadores que se desempeñaron y desempañan aun hoy en las mejores ligas del mundo.

Porque sí hay algunas ausencias que hacen ruido, como Nakajima que tuvo una gran temporada en Portugal y que muy seguramente parta hacia otro equipo equipo europeo de mayor renombre en estos días según los rumores que circulan. Ritsu Doan, el joven de 19 años que es figura en Holanda, Kobayashi del Hereenven, Morioka, y algunos jugadores del fútbol local fueron escrupulosamente ignorados.

El grupo le presenta a Japón un escollo complejo y parten a Rusia lleno de dudas, sí, pero aferrado a un grupo de jugadores talentosos y con la esperanza de que, por fin, el árbol del fútbol Japonés de sus tan esperados frutos.

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