MESSI Y JULIETA

MARTÍN ALBIÑANA

Dice Darío Sztajnszrajber que el amor, el verdadero, es aneconómico. Cuando uno ama la prioridad la tiene el otro, por ende hay entrega, hay pérdida. El resto es mercantil.  La mercantilización del amor proyectó un terreno panegírico de ilusiones e ideales, omitiendo que amar es abrirse a la posibilidad de decepcionarse.

El amor es dictadura, no hay elección alguna. Queriendo evitar la extinción, la naturaleza se viste de Gadafi engañando al ser humano, disfrazando la reproducción con una máscara llamada amor. Ni tiene buzón de quejas, ni permite selección.

La disyuntiva fue irrisoria. Ser parte de un todo (por entonces en proceso) o el todo de una parte  que seducía con la epopeya Maradoneana, la fiereza de Simeone, la elegancia de Redondo, la eficacia de Caniggia y Batistuta. No había activo foráneo que equipare el balance.

Pero mientras estas sirenas edulcoraban los oídos, algunos piratas saqueaban las riquezas que alguna vez presumimos. Estas riquezas medulares que pesaban en la balanza de cualquier decisor, se esfumaron, durante su ascenso, generando la construcción idealizada de un amor imposible.

Alcanzarlo era posible, sostenerlo era poco realista. Ninguna conquista se ha logrado sin ejército. Por ello se quitó la corona en Brasil, para bajar al campo de batalla, y ser uno más y no el que más, aún a pesar de su beneficio propio que resulta ser el de todos también, en un equipo rocoso que dificultó el camino de algunos equipos fuertes, pero que batalló de más para superar a los más débiles.

En el medio del desfile de técnicos, jamás pudo imponer el despotismo jovial que lo elevó al trono, ya que, lo anárquico destella en la armonía, condición sine qua non se produce el roce complementario que hace a las estrellas chispear. Lo anárquico deja de serlo si convive en la anarquía, apagándose en un caos distorsionante.

Messi eligió (aunque no exista tal posibilidad) enfermarse siendo el todo de una parte que se fue desvaneciendo hasta no ser nada. Messi fue muy Romeo, y nosotros muy poca Julieta. Quizá sea tiempo de amar sin poseer, y soltarlo de una vez, de retirarse y dejarlo ser como menciona Darío Sztajnszrajber. Al fin y al cabo, amar es elegir a quien te va a enfermar, y fuimos nosotros quienes lo enfermamos.

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