EL JUEGO EN LOS PROCESOS DE FORMACIÓN

GASPAR VALLECILLO

Antes de pensar en el juego, los que jugaban, ya eran parte del juego, ya tenían interacciones con quienes mejor se relacionaban, ya formaban micro sociedades que repercutían en el juego mismo. Antes de saber que el juego era tal, ya lo entendían como una actividad lúdica, que los liberaba y los hacía felices. Pero todo el proceso de formación se fue deformando, la idea del juego, se fue corrompiendo, atendiendo al resultado y los jóvenes ya no llegan a disfrutar el juego como tal.

Seguramente algunos, en sus calles, seguirán jugando el juego y lo llegarán a conocer, porque el cuerpo con los años va reconociendo estímulos físicos y se convierte en parte fundamental para tomar una decisión.

Pero el juego se ha ido convirtiendo cada vez menos en juego y se ha apostado por otra cosa, varios métodos que hablan sobre la fuerza, cursos que estimulan al entrenador a provocar al jugador por medio de trabajos físicos y el balón (aquello que convierte al juego en juego) toma escenarios secundarios en la formación del futbolista.

Los jugadores en algunos casos de formación han dejado de jugar el juego, porque el juego precisa del balón para poder interactuar con los demás intérpretes, tanto los compañeros como los rivales y los espacios que generan y/o ocupan éstos. En la urgencia del resultado, a los jugadores se les deforma y el juego pierde su esencia, no se disfruta, deja de ser una actividad lúdica.

La formación en el juego, es la educación que recibió el futbolista profesional, es por esto la importancia que se le deje jugar al niño, para que con la pelota conozca el juego, luego vaya interpretando los espacios y las otras situaciones posicionales que se dan en el juego.

Pero el juego para ser juego, necesita de la técnica, tanto así que, sin ella, no existe el juego como tal. Por eso los jugadores desde muy jóvenes se deben motivar con el balón, dejarlos que se equivoquen, que conozcan el juego mediante los errores y corregir en los momentos puntuales. La única forma en la cual el jugador depura su técnica, es con el balón, tomando decisiones en un juego, que conoce jugando. Los entrenamientos deberían ser más enfocados en el balón y tratar al jugador en formación como alumno. Entendiendo que él llega a jugar y a aprender, que su satisfacción más grande es estar cerca del balón.

El juego debe ser volver a ser juego, por ellos, por los que se forman.

 

 

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